EL LOCO PANERO/

Enrique de Mesa (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Cuentan del loco Panero
que un día fue al editor
y le espetó: vea señor,
aquí le traigo un florero
y en el mismo hay una flor.

El editor recelando
al ver que un papel sacaba
pensó que un tonto del haba
a él se la estaba dando
mientras un ojo guiñaba.

¡Vive dios, a ver que es eso!
dijo esforzando el gaznate
a ver, menudo dislate,
mas me gusta, que es avieso,
es distinto, un disparate,

que es digno del mejor vate,
es perfecto, original,
no he visto en tiempo otro igual.
Sin hacer ningún regate
le felicito, chaval.

Aquí tiene mil pesetas
y otros tantos de la lana
le daré cada semana.
Le prometo, que a poetas
no les pago con tal gana.

De este modo, de esta guisa
cada viernes puntualmente
el poeta aun incipiente
se dio a conocer. Premisa:
creer y ser insistente.
©donaciano bueno

¿Conoces a Enrique de Mesa? Lee/escucha algunos de sus poemas

Enrique de Mesa

«Voz del agua»

Era pura nieve,
y los soles me hicieron cristal.

bebe, niña, bebe
la clara pureza de mi manantial.

Canté entre los pinos
al bajar desde el blanco nevero:
crucé los caminos,
dí armonía y frescura al sendero.

No temas que, aleve,
finge engaños mi voz de cristal.

Bebe, niña, bebe
la clara pureza de mi manantial.

Allá, cuando el frío,
mi blancura las cumbres entoca:
luego, en el estío,
voy cantando a morir en la boca.

Tan solo soy nieve,
no me enturban ponzoña ni mal.

Bebe, niña, bebe
la clara pureza de mi manantial.

«De sol, silencio y soledad cercado,
huidera la pasión, la razón quieta,
lo más puro del alma se destila…»

«Erótica»

Cayó sobre tu espalda
la llama de tu pelo,
y quemó la blancura
su ondulación de fuego.

Entre los áureos rizos,
por el amor deshechos,
yo vi calientes, húmedos,
brillar tus ojos negros.

Sin desmayar, erguidos,
redondos, duros, tersos,
temblaron los montones
de nieve de tus pechos.

Y de amor encendida,
estremecido el cuerpo,
con amorosa savia
sus rosas florecieron.

El clavel de tus labios
brindaba miel de besos,
y fue mi boca ardiente
abeja de sus pétalos.

De la crujiente seda,
que resbalara al suelo,
emergió su blancura
tu contorno supremo.

Y al impulso movido
de ardoroso deseo,
se cimbró entre mis brazos
y quedó prisionero.

Me abrasaban tus ojos.
Me quemaba tu aliento.
Y apagó las palabras
el rumor de tus besos.

Tierra hidalga

Es la Mancha. La llanura
solitaria, sin un brote,
que entimbrara la locura
del hidalgo Don Quijote.

El solar rancio, manchego,
donde persiguen los ojos
un espíritu andariego
por los surcos de rastrojos.

Al noble loco de antaño,
muerto de melancolía,
pues la cordura al engaño
de la razón le volvía.

Nobles manchegos varones,
no ensoñéis un ideal;
adormid los corazones
quietos en el pegujal.

Dulce luz el campo baña.
Yérguese con señorío
de la iglesia, la espadaña,
sobre el blanco caserío.

Silencioso campanario
que, discreto, no importuna
el coloquio milenario
de la tierra con la luna.
[1905]

“Voz del agua”

Era pura nieve,
y los soles me hicieron cristal.

bebe, niña, bebe
la clara pureza de mi manantial.

Canté entre los pinos
al bajar desde el blanco nevero:
crucé los caminos,
dí armonía y frescura al sendero.

No temas que, aleve,
finge engaños mi voz de cristal.

Bebe, niña, bebe
la clara pureza de mi manantial.

Allá, cuando el frío,
mi blancura las cumbres entoca:
luego, en el estío,
voy cantando a morir en la boca.

Tan solo soy nieve,
no me enturban ponzoña ni mal.

Bebe, niña, bebe
la clara pureza de mi manantial

EL LOCO – Leopoldo María Panero

He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre».
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.

Comentario Leopoldo María Panero fue un poeta nacido en Madrid en el año 1948 y fallecido en el año 2014 en Las Palmas de Gran Canaria. En su familia no ha sido el único en interesarse por la poesía; su padre, quien falleció cuando Leopoldo tenía tan sólo catorce años, y su hermano también se dedicaron a la lírica. Sin embargo, el dato que resalta de su vida personal es que por más de tres décadas, decidió vivir en la reclusión de los hospitales mentales, luego de repetidos ingresos en centros psiquiátricos que había enfrentado desde su juventud. A pesar de llevar una vida que a simple vista puede resultar dura, Panero ha sabido capitalizar sus puntos fuertes y nunca ha dejado de escribir, produciendo obras de diversos géneros que le han valido premios y reconocimientos en más de una ocasión. De sus libros publicados destacan los poemarios “Por el camino de Swan” y “Last River Together”, con su famoso poema “La canción del croupier del Mississipi”, las obras en prosa “Dos relatos y una perversión” y “Papá, dame la mano que tengo miedo”, y los ensayos “Mi cerebro es una rosa” y “Prueba de vida. Autobiografía de la muerte”.

 

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