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Jaime Ferrán [Poeta sugerido]
DISCULPAS [Poema del Editor]

Textos aquí: 1. del Editor, 2. del Poeta sugerido y 3. del Invitado (opcional)
MI POEMA …de medio pelo
A algunos no les gusta lo que escribe.
Normal eso es. Recuerden que a Picasso
los doctos le tildaban de payaso.
Tener que compartir sin que cautive,
no es vino que se guste paso a paso.
Comprendo, para gustos los colores,
que muestre cada cual sus preferencias.
Ocurre en las comidas, los sabores
no siempre cual las obras son amores
ni deben confundirse con tendencias.
Que el campo está sembrado de poetas
dispuestos a subirse a los altares
allí en donde hay loas a millares.
Es lógico y normal que algunas setas
se encuentren si se escarba en los pinares.
El reto está en poderlos distinguir
y luego en buena mesa disfrutar
logrando que le agrade al paladar.
Exacto lo que él hizo al escribir,
discupen si es que pudo fracasar.
©donaciano bueno
MI POETA SUGERIDO: Jaime Ferrán
Una muestra de sus poemas:
Las focas
Salen,
lentas y oscuras,
vacilantes,
las focas.
En sus hocicos,
sendas,
variopintas pelotas.
Con torpe movimiento,
de la una a la otra,
se las pasan
y nunca,
y nunca se equivocan.
Suben por la escalera,
se saludan graciosas.
la descienden de espaldas,
¡hasta el agua, se arrojan!
Y las pelotas,
siempre,
siempre,
siempre en sus bocas…
Y nunca,
nunca,
nunca
se equivocan.
De: «Tarde de circo» Ed. Miñon – 1982
Vivir
«Vivir es la costumbre de ir muriendo,
de no saber morir. Es la costumbre.
Un pájaro de fuego cuya lumbre
abrasa el alma mientras va cayendo.
Vivir es atender desatendiendo
la llanura por ir hacia la cumbre.
Es inquirir entre la muchedumbre
la senda que se irá desvaneciendo.
Es búsqueda y hallazgo a cada paso
para seguir buscando y encontrando
la misma aurora, el sol, el mismo ocaso.
Es poder descansar sin saber cuándo.
Sin saber. Aquí. Siempre. En cada caso
para seguir muriendo y esperando.
Cantiga XV
En mi país,
alto como un castillo,
cercado por el viento y por el mar,
en su mole roquera y olvidada
Tú encontraste morada natural.
Desde la áspera piedra pirenaica
hasta el vendido Sur de Gibraltar
Tú elegiste mis campos cenicientos,
mi luz perdida,
el árbol sideral
de mi torreón batido por dos mares
como un barco que busca el más allá..
y allí te hallé,
en mis prados catalanes,
volando en el azul de Montserrat.
Y allí te hallé,
como una flor de fuego
sobre Aragón,
enhiesta en tu pilar
que han gastado los besos peregrinos,
el mío entre ellos,
hace tiempo ya.
Y en Navarra te hallé,
Virgen de Dicastillo
vecina mía,
que me diste paz,
que llamabas al alba a mi ventana
con tus dedos campanas de cristal.
Y te hallé en Covadonga,
rodeada de montañas tu casa secular
en la que un día amaneció mi patria
por los caminos que hacia el valle van.
Y en Téifaros te hallé
y te di mi música.
Y en Betanzos,
gallega y celestial,
y en el panal florido de Valencia
¿Nostra Senyora deis Desamparats?
y en la alta y seca estepa castellana
donde te fui a buscar
y te encontré en las naves navegantes
de las azules catedrales,
que han
surcado la llanura por los siglos,
llevándote consigo en su hogar.
Te hallé en Extremadura,
en Guadalupe
mirando,
más allá de Portugal
la ruta azul,
el camino infinito
que tus hijos supieron desbrozar.
y en Segovia te hallé,
junto al Eresma,
al románico pie de la ciudad
y junto al Duero te encontré en Zamora
y en Toro,
en la desierta Catedral
y en la morada amurallada,
donde
se ve el alma volar
como un castillo todo de diamante
o muy claro cristal.
Y en Toledo te hallé
y eran tus ojos
los de Doña Jerónima de las
Cuevas
y me mirabas soñadora
como desde un divino cigarral.
Te hallé en La Mancha
anclada en el palacio
de Álvaro de Bazán
y en Granada te hallé,
donde la Reina sueña
y el Rey Fernando vela su soñar.
Al andar los senderos de mi patria
por todos ellos te sentí pasar.
o fue difícil el cantarte.
Sólo
tuve que recordar.
De: Nuevas cantigas
El Contrabajo
Toca,
toca
con trabajo
el contrabajo
bajo y ronco,
ronco y bajo,
con su canción a destajo,
que el más alto
de los músicos
toca con gran desparpajo
grave y sordo
y hacia abajo,
bajo,
bajo,
el contrabajo.
Cuando el Tiempo Transcurre
Cuando el tiempo transcurra y la vejez arribe
quiero que nos encuentre delante de la puerta
esperando los años con mirada tranquila,
la sonrisa y el alma de paz llenas.
Estaremos sentados como esta misma tarde
bajo la brisa inquieta.
El viento hará que giren las aspas del molino,
la hogaza estará llena,
las mazorcas en flor y yo cansado,
con mi cara más vieja.
Sentiré, como ahora, tu perfume más hondo,
cercana tu presencia,
y hablaremos de toda nuestra vida pasada,
de aquella primavera
en que nos conocimos, cuando el aire
hacía florecer las ramas nuevas.
Recordaremos con melancolía
la jornada serena
en que el dolor y la alegría unimos
de nuestras existencias,
la risa y la mirada de los hijos
y las viejas cosechas.
Y veremos pasar al lado nuestro
el cierzo del invierno, sentados a la hoguera,
los plácidos crepúsculos de estío,
el otoño de brisa volandera.
Dejaremos entonces que la vejez arribe
y nos encuentre así, sentados a la puerta.
(De «Desde esta Orilla»)
De «Descubrimiento de América»
Viento
de
Tejas.
Amor
en el
aire.
Jamás
podré
olvidar
y
dejo
mi
corazón
en
prenda.
Alzo
mi
voz.
Protesta.
Nada.
Quizás
un
día.
Acaso
cuando
sea
ya
tarde.
Después
del
sueño.







