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1.EL ALMA DE LOS MUERTOS [Poema del Editor]
2.Andrés Mirón [Poeta sugerido]

Textos aquí: 1. del Editor, 2. del Poeta sugerido y 3. del Invitado (opcional)
MI POEMA …de medio pelo
El alma de los muertos ¿quién conoce?
¿quién sabe si quizás no tengan alma
o acaso si disfrutan de algún goce
debiendo de buscar lo que hace un roce
perdieron la razón y hasta la calma?
¿Quién sabe si al final cuando la muerte
se muestra tal cual es, y se presenta
diciendo le desea mejor suerte
dejándole ya en paz, o al verle inerte
cual Fausto le pusiera el alma en venta?
Pues todo aquí se basa en conjeturas
de alguno que pretende hacer negocio
curando con tiritas las suturas
del alma, se presume son impuras
o quiere aconsejarse y ser tu socio.
El alma de los muertos, si es que existe,
se irá junto a vagar con la conciencia
allí donde la vida se resiste,
a ver, quizás creer lo que no viste
dudando en las verdades de la ciencia.
©donaciano bueno
MI POETA SUGERIDO: Andrés Mirón
Una muestra de sus poemas:
POETA EN UN CAFÉ
Ensimismado y más, anochecido,
bajo la luna turbia de una lámpara,
el poeta, con aire circunspecto,
en una mesa del café anotaba
algo y luego de nuevo se perdía
por el vago oscuror de su mirada.
Entre aquella nutrida concurrencia
que, ajena y divertida, conversaba,
una auxiliar de clínica, atrevida,
se acercó sigilosa por la espalda
y halló que, con la ayuda de las musas,
estaba resolviendo un crucigrama.
COMO UNA LOBA HERIDA
El polvo del peregrino
COMO UNA LOBA HERIDA
por la umbría de un bosque atarquinado,
nos persigue
y acosa
y amilana
la melancolía.
Y no hay posible paredón que burle
su oscuro seguimiento,
ni corteza
que impida livideces en la carne.
Vaga herida,
ingrávida y silente
por todos los caminos
de la sangre.
Y cuando alza
su zarpa enfurecida
a la menor cadencia de un suspiro,
ahí se acaba
la amaritud de su apariencia
para hendirnos
su índole letal de loba herida.
DESPUÉS DE TODO
Cantoral de un tiempo marchito
HAS llegado a saber, después de todo,
que porque existe el torbellino
azul de esa mirada
ocupando lo extenso
de esa luz infinita que está arriba,
hoy puede el corazón verter su sangre
al mar de la esperanza.
Si aquel mucho
de ti que se te fue tras los otoños
volviera alguna vez,
si el diluvio
particular que ejerce la tristeza
se convirtiera en gotas de llovizna,
si el tiempo de repente derribara
su torre de exterminios,
qué distinta
sería la vigilia providente
que te llega, implacable, de lo alto.
Tan seguro
estás de que la luz vomitaría
fantásticas cenizas incoloras,
como que vas teniendo, desde siempre,
el corazón precipitado
a aquello que te salva.
No hay oficio
más duro que el de amar. ¡Cuánto te cuesta
estar amando todo lo perdido!
Pero te queda corazón; te queda
un torrente de sangre todavía
para regar secanos al recuerdo
y acrecentar el mar de la esperanza.
FINAL
Elegía de Sisip
A Julio Mariscal
ÉSTA que ves, Sisip, sobre tu cielo
es la niebla de mármol que respiro,
que nubla mis pupilas si la miro,
que ciega mi mirar si la desvelo.
¿Acaso tu dolor es lo que duelo,
es acaso tu sangre lo que estiro
en esta carne de sufrir? (Retiro
la pregunta: me quema tanto hielo).
Invisible, impalpable, transmutada,
cada siglo que pasa te convierte
en muda sinrazón de tu condena.
Espérame en la paz de tu morada,
que siento los sudores de tu muerte
y se me pone a pájaros la pena.
De: Cuando ya nada importa. Antología poética 1965-2005. Editorial: Cántico.







