LA OTRA MEDIA VIDA [Mi poema]
Enrique Gil Carrasco [Mi poeta sugerido]

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MI POEMA… de medio pelo

 

La media vida asida bajo el brazo
atenta siempre hurgando en la cartera,
la duda echando al mundo por montera
en busca va perdido de un abrazo,
de alguno que le quiera.

Consciente que el amor no se prodiga,
mendiga, se resguarda bajo un puente,
atenta no le arrastre la corriente,
del pan alguien le expropie ya la miga
de golpe e insistente.

Mas sabe ha de llegar un primer día
que habrá de despertar de aquel letargo
que un tiempo le vistió de traje largo
y quiso descubrir la ergonomía
del trago tan amargo.

Y encuentra hoy ya, después de la batalla
en medio del fragor desnudo y muerto,
buscando florecillas en su huerto
a un eco que le dice, come y calla
¿no ves que está desierto?
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO:  Enrique Gil Carrasco

EN EL ÁLBUM DE UNA SEÑORA

Dulce Madre y Señora,
Vuelve a la paz de tus tranquilos lares,
Como la blanca aurora
Que endulza los pesares
y luz derrama y esperanza a mares.

Ven, que llagada el alma,
Harto tu amiga voz echó de menos:
Torne a brotar la palma
Que en días más serenos
Nos vio a su sombra de pesar ajenos.

¡Oh! cuánto apetecía
El corazón rendido que te amaba
Ver tan alegre día;
¡Oh, cuánto el alma esclava
Por sus dulces cadenas suspiraba!

Al murmullo del río,
Al son, entre los árboles, del viento
En tierno desvarío
Pedíamos tu acento
Y a ti volaba el triste pensamiento.

El astro de esperanza,
Blanco fanal de nuestro oscuro cielo,
Reposo y bienandanza
Y júbilo y consuelo
Prometía tal vez a tanto anhelo.

¡Bendito su albor santo
Que tan hermosas horas nos brindaba,
Que en halagüeño canto
Las lágrimas trocaba
Y al amor de tus hijos te guiaba!

¡Bendito, sí, mil veces
Y siempre nuestros ojos ilumine
Y escuche nuestras preces
Sin que su luz decline,
Ni del ocaso al término se incline!

Y goza tú en buen hora
De tus dulces amados las caricias:
Tu estrella bienhechora
Al alma pida albricias
De un siglo de contento y de delicias.

Que si es amar la vida,
Si en el amar la dicha está cifrada,
¿Quién como tú querida?
¿Quién como tú esperada?
¿Quién como tú de todos deseada?

La Violeta

Flor deliciosa en la memoria mía,
Ven mi triste laúd a coronar,
Y volverán las trovas de alegría
En sus ecos tal vez a resonar.

Mezcla tu aroma a sus cansadas cuerdas;
Yo sobre ti no inclinaré mi sien,
De miedo, pura flor, que entonces pierdas
Tu tesoro de olores y tu bien.

Yo, sin embargo, coroné mi frente
Con tu gala en las tardes del Abril,
Yo te buscaba a orillas de la fuente,
Yo te adoraba tímida y gentil.

Porque eras melancólica y perdida,
Y era perdido y lúgubre mi amor,
Y en ti miré el emblema de mi vida
Y mi destino, solitaria flor.

Tú allí crecías olorosa y pura
Con tus moradas hojas de pesar;
Pasaba entre la yerba tu frescura
De la fuente al confuso murmurar.

Y pasaba mi amor desconocido,
De un arpa oscura al apagado son,
Con frívolos cantares confundido
El himno de mi amante corazón.

Yo busqué la hermandad de la desdicha
En tu cáliz de aroma y soledad,
Y a tu ventura asemejé mi dicha,
Y a tu prisión mi antigua libertad.

¡Cuántas meditaciones han pasado
Por mi frente mirando tu arrebol!
¡Cuántas veces mis ojos te han dejado
Para volverse al moribundo sol!

¡Qué de consuelos a mi pena diste
Con tu calma y tu dulce lobreguez,
Cuando la mente imaginaba triste
El negro porvenir de la vejez!

Yo me decía: «Buscaré en las flores
Seres que escuchen mi infeliz cantar,
Que mitiguen con bálsamos de olores
Las ocultas heridas del pesar.»

Y me apartaba, al alumbrar la luna,
De ti, bañada en moribunda luz,
Adormecida en tu vistosa cuna,
Velada en tu aromático capuz.

Y una esperanza el corazón llevaba
Pensando en tu sereno amanecer,
Y otra vez en tu cáliz divisaba
Perdidas ilusiones de placer.

Héme hoy aquí: ¡cuán otros mis cantares!
¡Cuán otro mi pensar, mi porvenir!
Ya no hay flores que escuchen mis pesares,
Ni soledad donde poder gemir.

Lo secó todo el soplo de mi aliento,
Y naufragué con mi doliente amor;
Lejos ya de la paz y del contento,
Mírame aquí en el valle del dolor.

Era dulce mi pena y mi tristeza;
Tal vez moraba una ilusión detrás:
Mas la ilusión voló con su pureza;
Mis ojos ¡ay! no la verán jamás.

Hoy vuelvo a ti, cual pobre viajero
Vuelve al hogar que niño le acogió;
Pero mis glorias recobrar no espero,
Sólo a buscar la huesa vengo yo.

Vengo a buscar mi huesa solitaria
Para dormir tranquilo junto a ti,
Ya que escuchaste un día mi plegaria,
Y un ser humano en tu corola vi.

Ven mi tumba a adornar, triste viola,
Y embalsama mi oscura soledad;
Sé de su pobre césped la aureola
Con tu vaga y poética beldad.

Quizá al pasar la virgen de los valles,
Enamorada y rica en juventud,
Por las umbrosas y desiertas calles
Do yacerá escondido mi ataúd,

Irá a cortar la humilde violeta
Y la pondrá en su seno con dolor,
Y llorando dirá: «¡Pobre poeta!
¡Ya está callada el arpa del amor

» Un recuerdo de los Templarios » (fragmento)

«Bien estáis en la tumba, los templarios,
porque si abrierais los oscuros ojos,
y otra vez por el mundo solitarios
de la vida arrastraseis los enojos,
tanto el baldón y mengua y desventura
vierais en él, y tanta hipocresía,
que la seca pupila en su amargura
otra vez a la luz se cerraría.
No parece sino que con vosotros
todo el honor y lealtad llevasteis;
no parece sino que con nosotros
todo el oprobio y vanidad dejasteis,
porque en el día irónicos y secos
y menguados arrástranse los hombres
para llenar sus corazones huecos
del oropel mentido de sus nombres.
Pasó la fe y con ella la inocencia,
y el candor que doraba vuestros años;
pasó la dulce flor de la existencia
cual pasa la niñez con sus engaños.
Hoy las ideas de entusiasmo y gloria
ceden el puesto a viles intereses
y crecen en el campo de la historia
sobre la tumba del honor cipreses.

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MI POETA INVITADO: Javier Casado

(2/12/22, 9:47:11)

Yo la trato de usted
y la llamo, educadamente,
señora.
A pesar de ser
un nombre propio,
siempre lo pronuncio
en minúscula.

Vino conmigo
cuando me mudé
a esta casa que soy.
Mi mujer y mis hijos toleran,
cada uno a su modo,
la forma peculiar
que destila.

No le gusta compartir
vida familiar con nosotros.
Se recluye en su cuarto
donde se ocupa
de la limpieza y el orden
de viejas ideas,
de cosas importantes que guardar.

Hay días que se hace notar
y altera el orden cotidiano.
No sabemos muy bien los motivos.
Después vuelve
como si nada hubiera ocurrido
a su mutismo
y a su habitación.

Quise darle de alta
en la Seguridad Social
y establecer algún tipo
de relación contractual,
pero se negó
a firmar los papeles
y a percibir un salario.

Esta semana
se ha dejado ver
más veces.
Ha salido furiosa del cuarto
como si la televisión
estuviera muy alta
y saliera a quejarse.

Hoy me ha pedido
que la nombre,
que haga pública
su presencia.
Su anonimato invisible
se convierte así
en la raíz de este poema.

(6/6/23, 14:08:31)

Yo, y mis 19 puntos suspensivos,
te conminamos
en este contrato inverosímil,
a que abandones este poema de inmediato.
Si sigues por este camino,
te vamos a engañar, defraudar y timar
o las siete cosas a la vez.

Te puedes encontrar:
será que
sigo siendo tu herida.
O darte de bruces con:
me he cepillado los ojos
con los ojos
de un cepillo de dientes roto.

Que no te embauquen.
Robo palabras a los muertos
y te las muestro como originales.
Soy un cleptómano semántico.
Tergiversaré tu sueño,
te impediré dormir.
Todo porque has seguido lee que lee.

Este poema
se apellida ripio
y se llama etcétera.
Solo puede escucharse
aunque tú lo leas ahora.

Mira que mira
que ni quiero que rime.

Haznos caso,
huye de aquí.
Busca un divertimento decente,
cásate, enviúdate, sé infiel,
alquila un divorcio o tres
o suicídate cada vez
que resucites al tercer día.

Haz algo de provecho, joder.
Mata al editor de poesía
que se atrevió a publicar
este óxido venenoso
en unos renglones cortos.
Acomódate en el libro de Planeta
que te regalaron y que está por empezar.

Te hemos avisado, lector, mon frère.
Luego no se admiten
ni quejas ni devoluciones.
Puede que, incluso, te lleves la contraria
y acabes leyendo enterito
un libro de poemas. Como este.
Comenzamos.
De 19 puntos suspensivos Averso poesía

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Donaciano Bueno Diez

Donaciano Bueno Diez

Editor: hombre de mente curiosa, inquieta, creativa, sagaz y soñadora, amante de la poesía.

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