¡QUE TE RESPONDA QUEVEDO!/

Mariano José de Larra (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Desde que somos pequeños
todos los mismo deseamos
si es que de ello carecemos
y aun teniendo veneramos,
no me vengas con engaños
que yo no me chupo el dedo,
pues que a mi me importa un bledo,
¡que te responda Quevedo!

No es más rico el que más tiene
sino el que menos desea
pues aunque nadie lo crea
como va el dinero viene,
y aunque nunca se detiene
si yo puedo me lo quedo,
mas que a mi me importa un bledo,
¡que te responda Quevedo!

Antes eran los indianos
que ocupaban nuestros sueños
ahora son bancos los dueños
de todos nuestros rebaños,
maestros de los amaños
de su usura tengo miedo,
mas a mi me importa un bledo,
¡que te responda Quevedo!

Hoy el periodismo ha muerto
en manos de las ideas,
pues que creas o no creas
vivirán del mismo huerto.
No me digas que no acierto
ni caigo en algún enredo,
y es que a mi me importa un bledo,
¡que te responda Quevedo!

Y hay quien dice que el amor
es amargo y traicionero
que antes de prestar dinero
has de mirar el color
de ese amor. Tengo pavor
y yo sin querer me quedo.
pero a mi me importa un bledo,
¡que te responda Quevedo!

Y aunque te duela en el alma
desde aquí a Sebastopol
si tiendes la ropa al sol
verás como vuela el alma,
yo para estar en calma
aquí te adjunto mi credo:
y es que a mi me importa un bledo,
¡y te responda Quevedo!
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Mariano José de Larra

Mariano José de Larra

Las miserias del hombre

Las miserias del hombre
canta Talidio;
y yo al oírle, todas
ya las olvido.

Porque es entre ellas
el escuchar su canto
mayor miseria.

A una hermosa que dio en hacer buenos versos

¿No te bastan los rayos de tus ojos,
de tu mejilla la purpúrea rosa,
la planta breve, la cintura airosa,
ni el suave encanto de tus labios rojos?

¿Ni el seno que a Ciprina diera enojos,
ni esa tu esquiva condición de esposa,
que también nuestras armas, Nise hermosa,
coges para rendir nuevos despojos?

¿A celebrar de tantos amadores
ingrata el fin acerbo te previenes
que a manos morirán de tus rigores?

Ya que en tus redes nuestras almas tienes,
la lira déjanos, ya que no amores,
para cantar al menos tus desdenes.

A un mal artista

Tente, mentido Fidias que, profano,
dando al mármol inerte alma fingida
tornar imaginabas a la vida
a Cintia bella con esfuerzo vano.

La grosera facción tu inhábil mano
deja en la piedra a trechos esparcida,
que con torpe cincel hiere atrevida,
remedo informe del cincel de Cano.

No, si Apolo contigo fue severo,
te vengues crudo en la indefensa hermosa
del arte, con que lucha tu flaqueza.

Si la muerte, de hollarla temerosa,
sus rosas respetó, no tú más fiero
borrar pretendas su inmortal belleza.

Por qué, mariposilla

¿Por qué, mariposilla,
volando de hoja en hoja,
haciendo vas alarde
ya de inconstante y loca?

¿Por qué, me di, no imitas
la abeja que industriosa
el jugo de las flores
constante en una goza?

Advierte que no vaga
del alelí a la rosa,
que una entre miles busca
y una fragante sola.

Y cuando ya la elige
hasta exprimirla toda,
jamás voluble pasa
sin disfrutarla a otra.

¿No ves también que el pecho
de ella liciones toma?
que así jamás libada
deje de amor la copa.

Si en tus cambiantes raros
el sol que te colora
deslumbra nuestros ojos
con tintas mil vistosas;

¿Por qué, avecilla leve,
rehúsas voladora
sola, una flor y un cáliz
cubrir de orgullo y gloria?

Para el batir tus alas,
para en las blancas pomas,
y en el turgente seno
de la que el pecho adora.

Allí una florecilla
dulce fragancia hermosa
al seno de mi Fili
con ambición le roba.

Vuela, mariposilla,
que si una vez tan sola
en sus matices quieta
de sus delicias gozas.

No ya más inconstante
has de querer traidora
volver a la floresta
a revolar entre otras.

Vuela, avecilla, vuela,
recoge sus aromas,
y tórnate a mí luego
y dame cuanto cojas.

Repentino a un clavel improvisado

…Esta, que ves, florecilla,
esparcida en el papel,
por más que a tus ojos pese,
vive Dios que es un clavel.

Con motivo de hallarse encinta nuestra muy amada reina Doña Cristina de Borbón

Bastante tiempo, oh Rey, la refulgente
Antorcha de Himeneo ardiste en vano,
Y un sucesor al Trono inútilmente
Esperó de tres Reinas el Hispano.
Sí: salud a Cristina que esplendente
Vino a partir tu solio soberano;
Que ella es, Fernando, la que al Trono Ibero
Dos veces le asegura un heredero.

Siempre ha gemido la prensa

Siempre ha gemido la prensa;
pero hoy que le das, Talidio,
a imprimir tus obras todas,
gime al menos con motivo.

Llamas, Fabio, a tu papel

Llamas, Fabio, a tu papel
con petulancia ”sagrado”,
por eso se alberga en él,
Fabio mío, tanto malo.

Si has de poner por justicia
a cuantos te llaman necio,
no nos pongas uno a uno,
pon, Fabio, al público entero.

Al esposo de doña Mariquita Zavala

No más llorar, Miguel; que la esperanza
torna el busto del dueño malogrado.
Si bien la semejanza,
por no afligirte el alma conmovida,
del artista el cincel disimulado
dentro en la piedra la dejó escondida.

QUIERO CANTAR LAS LIDES…

ANACREÓNTICA
Quiero cantar las lides
en cítara entonada
sonando el eco horrendo
de fúnebres batallas.
Mas rebelde mi lira
cuando mi mano airada
la pulsa, a Fili bella,
sólo a mi Fili canta.
En balde, en balde quiero
las épocas pasadas
renovar en mi lira
y antiguas las hazañas.
Amor las cuerdas todas
sacude con sus alas
y obstinado celebra
la bella que le encanta.
En balde yo las cuerdas
ardiendo en ira y rabia
una y otra y mil veces
despechado mudara.
Sólo a la linda Fili
cuando yo la pulsaba,
sólo sus quince hermosos
amor con ella alaba.
Suena, pues, lira mía,
tus voces acordadas
hoy el natal de Fili
den a los ecos blandas.
Y al vibrarlas Favonio
vuele y con dulce calma
en su cabello de oro
deposite sus auras.
Vuele el amor a Fili
y entréguele su aljaba
y bullicioso juegue
en sus pomas de nácar.
Del tardo Manzanares
las ninfas y zagalas
cojan vistosas flores
y hagan de ellas guirnaldas.
Suenen, lira, tus cuerdas
en la fresca mañana
la rosa del capullo
arrojando sus gracias.
Volad, versos, a Fili,
y en premio suplicadla
que torne sus ojuelos
a mirarme apiadada,
y en tantos besos deje
que en su labio de grana
mi labio robe el fuego
que en su coral se guarda;
cual ve corderos blancos
pacer en la comarca,
y como tiene el prado
fragantes flores gayas;
como hebras blondas rizas
sobre su frente vagan
y deja el mar menudas
arenas en la playa;
como suspiros tiernos
por ella el pecho lanza,
como zagales bellos
se abrasan en su llama.

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