SOLO Y VACÍO/

Pablo Monforte (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Está sólo y vacío sin agarre,
sin nadie que le invite y tome asiento,
con barco a la deriva y sin amarre
dejando aquí la broza en lo que barre
vagando por el mundo como el viento.

Estoy sufriendo al sol del sufrimiento
que araña en su penar alguna herida
-maldito y tan bendito advenimiento-
antes pueda pensar que me arrepiento
a la espera el final de la partida.

Ni siquiera ya el verso es una excusa,
no sé qué pinto aquí, no es un lamento.
Si atraer a mis trovas a una musa
y mi mente se muestra tan obtusa
no consigo lograr, aunque lo intento.

No quiero sufrir más, que ya la puerta
cerrada está a los pájaros y sueños,
ni hay manzanas ni peras en la huerta
que volaron hacia otra mente abierta
en busca más lucida de otros dueños.
©donaciano bueno

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Pablo Monforte

EROSIÓN

El tiempo avisa,
y aun así
uno lo sabe traidor.

Lo hace
con la contundencia de un púgil
curtido en la lona,
lo hace
con el olor a hospital
que reconoces tuyo
(es que nunca lo fue)
con esta ciudad
en la que hace tiempo que no vives, pero
te mueres un poco
cada día -mientras andas resignado,
quizás con macilenta mueca-
y piensas, ahora sí
soy mucho menos yo
y más
el que voy a ser.

Avisa en voz baja, sibilino,
cuando te anestesian el llanto y
la felicidad es entonces
una película de Wilder
a las dos de la madrugada,
un claro entre las nubes. Todas esas risas que habitan
en los hijos de otros.

Antes me decía
que era muy joven
para estar triste. Cierto es.
Pero como suele ocurrir
el tiempo ofrece razones
cuando ya es demasiado tarde.
(inédito)

FECHA EN ROJO

Despertar un octubre
como montón
de palabras tachadas,
intacto y sin roce.

Despertar
con la taxidermia
de un nombre
en la boca,
con el podrido alimento
de eternas distancias.
Con el coraje
del que carga fantasmas
sobre la espalda.

Despertar
con puño cerrado,
con mirada arrasada.

Con la esperanza
de que
esta vez
la lluvia
también a ti te arrastre.
(de Cronología del óxido, Harpo Libros, 2015)

TRUEQUE

Vivir es también un poco
la búsqueda de un reemplazo
tras otro
la pérdida de un lugar
un desfile de sustitutos
mentiras nuevas
que hagan
olvidar las viejas.

Es dejarlo
así como a trozos
repartido entre los que amamos
y los que ya no nos quieren
-tantas veces los mismos-.
Es acabar despojados
livianos, incompletos
para entender la verdad que es

no reconocerse
ser adultos
estar solos.

La desesperación – José Espronceda
Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas
la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello…
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!

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