UN JUGADOR EMPEDERNIDO

»Mi Poeta sugerido: Alberto Rivas Bonilla

MI POEMA…de medio pelo

Ha jugado al solitario y ha ganado y ha perdido
y en un beso se ha escondido, y en las cuentas de un rosario
y en el show de un calendario y en el soplo de un olvido
que retándole al mal fario a sus flemas se ha comido
y alguna vez él ha sido un farsante solidario.

Que sólo soy lo que soy mas no soy lo que he querido,
inventor incomprendido de algún sueño delirante,
más que obtuso rocinante que en el trance se ha perdido,
unas veces reprochado y otras muchas reprendido
por el sino del destino, con un tinte acidulante.

Poco más que un peregrino, que un iluso caminante,
tildado de incontinencia como un barco a la deriva,
como un cedazo, una criba que cierne y recoge el guante
y va soltando su lastre para hacer que su talante
siga firme y expectante y a su obsesión sobreviva.
.
Que un día se puso al sol, a el que luce, al que más quema,
como el que se hunde en su flema agarrándose a su sombra,
jugando con las palabras, escribiendo este poema
con, escaso, su talento resolviendo algún teorema
clamándole a un dios, al cielo, velando bajo su alfombra.
©donaciano bueno 

MI POETA SUGERIDO: Alberto Rivas Bonilla

Alberto Rivas Bonilla

LAS GOLONDRINAS

Os veo levantar en raudo giro
En dorados crepúsculos el vuelo,
Rasgando el manto diáfano del cielo
Con el eco lejano de un suspiro.

Os persiguen mis ojos y deliro
En el acariciar de un vago anhelo,
Cuando vais a buscar en otro cielo
Dorada espiga y temporal retiro,

¡¡Cruzando espacios y salvando montes,
Cómo os asemejáis al alma mía!
Yo cruzo, cual vosotras, horizontes,

Cual vosotras, puedo ir de estrella a estrella;
Yo tengo alas también: mi fantasía,
Y un cielo: ¡El cielo de mi amor por ella!

Ya somos el olvido – Jorge Luís Borges
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el fin, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá quien fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

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