YO ADORO A DIOS/

Lucía Estrada (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo adoro a Dios sobre todas las cosas,
a ese dios que no he visto, que no veo,
que me han dicho que existe y que yo creo
se esconde, sin por qué, tras de unas losas.

Y digo amar, en vez de decir quiero
pues imposible es querer sin conocer,
al igual que es improbable el florecer
una flor que no existe en el florero.

No quiero que te ofendas si te digo
-mil veces te he pedido que me ayudes
y otras tantas insisto y nunca acudes-
que nunca valoré fueras mi amigo.

Mas quisiera hoy postrarme frente a ti,
contarte mis problemas, que estoy ciego,
que en la ciénaga de dudas yo me anego
sin saber qué pinto yo y por qué nací.

No sé si tu sabrás lo que uno siente
cuando entiende que su alma está perdida
y no ubica a la vista una salida
porque todo resulta inconsistente.

Rendido ya ante tanta incertidumbre
de angustia, de pena y de desespero,
un hombre sólo soy y nada espero
que acabar abrasado ante la lumbre.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Lucía Estrada

Lucía Estrada

POESÍA

Nos envuelven lenguajes
como sombras,
como alfabetos muertos.

Pero sin advertencia
aparece el poema
sin más palabras que la vida
y sus pequeñas cosas.

En nosotros subyace,
agita sus alas la poesía
como bajo los sauces
la libélula.

Un estremecimiento
la revela.

REVELACIONES

Una a una
las visiones se apoderan del cuarto
y avanzan
para herirte los ojos.

La noche y sus jardines
han querido refugiarse
en la palabra
que troza tu lengua;
la belleza
en ese nuevo rostro
que no reflejarán nunca
los espejos.

Estas formas
han perdido tu antigua forma.

No te perteneces,
ni perteneces a nadie.

El poeta sólo existe
en el poema.

Remedios varo

Alguien desciende una escalera,
cruza un puente,
abre una ventana.

Laberinto vegetal que recorre mi sangre.

Viento,
sueño inclinado de las doncellas
que hilan el rostro de sus amantes.

Y el mío,
una sinfonía de seres abiertos,
de sustancias a punto de reventar.

Reina de copas,
mi reflejo en el escudo blanco
de la noche.

Quien busca en el libro

se sumerge en lo imposible
en la belleza de ir
tras un animal que ha muerto
del que sólo
permanece su sombra
el que encuentra
nada encuentra
salvo el fantasma de lo que fue
antes de que se iniciara la búsqueda.

Cosima wagner

Ofreceré mis ojos
al paso de la yegua nocturna,
ofreceré mi fiebre,
al arco de la medianoche;
porque tú estás al fondo,
porque es tu imagen
la que se oculta bajo el yelmo.

Una danza mortal
en el vientre blanco
de los sonidos que se cruzan.

Somos ángeles enraizados
allí donde nadie sueña.

La casa está vacía
y el oído.
Puedes entrar a galope
en el reino de los timbales
y las flautas.

Puedo morir
para que la música
siga en ascenso.

Es costumbre

voy a verla bajo el puente de Java
Su cuerpo
ya es como el cristal
y su rostro amargo como el color
de las ortigas
Largas horas de buscarla
-de buscarme en ella-
me han hecho paciente
Hay un reflejo de flores abatidas
en el agua que la cubre
Soy su memoria más cercana
por eso no la abandono
La ahogada es el filo
de mi propia muerte.

Voy por la ciudad desierta

En sus rincones,
no hay movimiento que recuerde
la dilatada respiración de otros días.
Ni siquiera el aire trae noticia de sus muertos.
Camino siguiendo la secreta orilla de las cosas
y en ellas me reconozco, en el polvo que las cubre como queriendo protegerlas de su propio destino.
Pienso en los hombres que a esta hora se sumergen tibiamente en el sueño. ¿A qué incierto mar se entregan?
¿Qué viento conduce sus barcos? ¿A qué puerto los empuja?
Oscuro es el instante en el que mi memoria intenta un diálogo fantasma reflejado en la piedra,
en la vigilia de los desheredados.
Larga y silenciosa,
como la muerte que no dicen estas calles.

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