TÚ Y YO Y AQUEL

Hugo Mujica(Poeta sugerido)

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Tú y yo y aquel, el otro
y el que asó la manteca,
todos,
frutos somos del azar,
de un accidente en este macrocosmos
cuya inmensidad desconocemos.

Nacemos de padres pobres, ricos,
electricistas, funambulistas o toxicómanos,
en un punto del planeta Tierra
que nos tocó en la Loto celestial.

Crecemos intentando ganar tiempo al tiempo,
y a cada paso que damos menos nos queda.

Creemos en un dios heredado
al que buscamos a sabiendas que nunca encontraremos,
hasta el día en que pensamos, y dudamos,
y nos hacemos agnósticos
o lo que es peor, ateos.

Aprendemos de lo que nos inculcan
los obsesos adoctrinadores de turno,
vampiros, sacamantecas,
para beneficio propio.

Pomposamente proclamamos nuestros principios,
si no les gustan tenemos otros (Groucho Marx).

Vivimos, sin saber por qué vivimos,
intentando acumular riquezas materiales
que pronto se irán por el inodoro
sirviendo de carnaza para los herederos,
que, como aves de rapiña,
nos lo agradecerán con sus disputas.

Gozamos y elevamos un altar al placer,
al amor, a la amistad
y a la vida
y en todo nos ciscamos.

Fingimos ser buenos de solemnidad
-a dios rogando y con el mazo dando-,
como los falsos predicadores.

Sufrimos porque Ronaldo no mete un gol
a sabiendas de que nosotros a Ronaldo
le importamos un carajo.

Jugando a ser trascendentes,
nosotros, si, nosotros,
fantasmas auto-sobre-valorados, de mierda.

Y en esta tesitura
aparece en escena una caja de madera
y se acaba la función. Baja el telón.
Y fin de la representación.
Aquí haya paz y después gloria.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Hugo Mujica

Hugo Mujica

Desnudez

ni la ruina de un muro
sobre el que apoyar las palmas, sobre el
que descansar la gente

nada, salvo polvo que el viento alza,

viento
borrando ruinas
una sábana blanca
ondea en el viento

ceremonia de nada,
gesto de nadie,

nadie, nada o las huellas más tenues
o tal vez un llamado

el viento
la desnudez en la que viene y huye:

la huella, que borrando traza.

En plena noche

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca

y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.

Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,

la que nos expande
las pupilas.

Lo que busca con su bastón
el ciego es la luz, no el camino.

Entre la noche y el alba

Entre el tejado y el cielo

hay un vacío de
pájaros,

una nostalgia de lluvias.

Entre la noche y
el alba

la cita imposible de cada vida:
la ausencia que el alma abraza.

Entre latidos

En las dunas
todo es silencio,

salvo el soplo
del viento
que lentamente las forma
y lentamente las deshace.

En su cama de hospital
un moribundo escucha como
uno a uno van callando
sus latidos.

Todo es silencio y entre latido
y latido

se cumple el azar o la esperanza:
lo que al final vence,
sin dejar vencidos.

Formas blancas

En un baldío,
sobre el polvo y la
hojarasca

un pájaro moribundo
aquieta sus alas.

Una nube, impasible,
juega
sus formas blancas.

Al final también mi boca se llenará
de tierra,

al final siempre se besa
aquello que desertamos.

Hay un alma

apenas la sed
descubre sin cubrir, apenas el agua
acaricia el borde
sin extender la herida,

es lo ausente lo que más
se muestra,
lo olvidado lo que más se espera.
hay un alma

lo dice la sed y
el agua

lo calle el olvido, la herida
abierta entre el sueño
y la vigilia

el naufragio de todo reflejo
en la transparencia olvidada.

Horizonte

Es la hora más lenta,

es crepúsculo
y un par de relámpagos
destellan un horizonte.

Descalzo, sobre la arena
tibia,
un niño corre tratando
de atrapar gaviotas.

En la noche,
la lluvia borrará las huellas,
iniciará un desierto,
regalará el olvido.

La espera

Como un mantel
a la espera de la fiesta

las manos
ya están desnudas.

Falta la brisa
que las desborde y el afuera
que las cobije,

falta el hueco de ellas mismas,
falta olvidar la limosna.

Lluvia sobre la lluvia

Al fondo,
sobre una mesa, debajo de
un árbol desnudo,

una taza
desborda la lluvia.

Desborda, cae, y dibuja un charco,
un espejo, una vida.

Lo abierto

Cae quieta la lluvia,
lo abierto mana.

Cae la lluvia, cae sobre
la espera,

en la caída la lluvia es su camino
y el camino su llegada.

Hay que osar lo abierto y la caída:
el desierto de la sed
no la sed del desierto.

Lo imposible

Llueve sobre
el silencio de un plato vacío,

llueve
y se desborda lluvia.

Hay que derramarse hasta
lo imposible de uno mismo:

la herida sin decirse sangre,
el alma sin saberse alma.

Lo humano

Un viento límpido
recorre la noche.

En las calles,

un hombre
apura sus pasos, cumple su rito:
inclina su nada;

deja el temblor que a veces queda
donde hubo vida y ahora hay olvido.

Orillas

afuera ladra un perro
a una sombra, o a su eco
o a la luna
para hacer menos cruel la distancia
siempre es para huir
que cerramos una puerta,
es desierto la desnudez que no es promesa
la lejanía
de estar cerca sin tocarse

como bordes de la misma herida
adentro no cabe adentro,
no son mis ojos
los que pueden mirarme a los ojos,
son siempre los labios de otro
los que me anuncian mi nombre.

Primavera

Es el mismo
árbol
de tantos otros años,
de algún que otro poema;

el mismo que otra vez
reverdece en mi ventana.

Es la misma savia que, año tras año,
se dice más callada en mis latidos.

Página tras página

Serena, sin despertar
los sueños

la noche va dando
a luz su alba.

Inclinado sobre un libro,
leo,

página tras página
se encienden la vida y
algunas palabras.

Atrás queda
lo que el alba no despierta:
lo que ya ha muerto
sin pronunciar su nombre.

Resplandor

Ya noche,
caminando,

vi el instante de un relámpago
sobre el charco de una calle,

cerré los ojos
y, blanca e inmensa, y a la vez serena,
se encendía un alba.

Temblor

Una hoja, rojiza,
tiembla,

es otoño
y el sol va entristeciendo su paso
por mi ventana.

Algo,
cada instante se detiene,
algo es ya siempre nunca;

el final es siempre un combate:
el de no aferrarse a las armas.

Transparencia

Noche sin cielo
y lo más alto
es el nacer de la lluvia.

Sin un antes
ni un después,
en su puro ahora

cae la lluvia;

cae sobre el mundo
y algo,
algo otro que la duda o la certeza,
se transparenta sobre sus aguas.

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