PRESTIGIO

Mi Poeta sugerido: »Alberto Beceiro

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Aún sigue ocupando un cargo de prestigio,
tiene su silla, su escudo, su estandarte,
la recompensa y honor a su servicio,
de Consejos, más de mil, formando parte.

Ha logrado acumular muchas riquezas,
tiene un buen coche, una casa, tiene un yate,
se ha codeado con todas las bellezas,
donde él acude la salsa es del tomate.

Y tuvo en su mano hasta la paz del mundo
aunque la misma nunca anudó en su mano,
mas impregnado de angustia, Segismundo,
nunca pasaste de ser de oro un gusano.

Y ahora que llegas a tu último destino
a contrapié, no estás aún preparado,
aunque repleto aún andas de pan y vino
de nada sirve, ya el tiempo se ha acabado.

Tu pedestal fue de barro, sin cimientos,
acaso, de éxitos tu vida, un dislate,
de nada han de servirte hoy los lamentos,
sin darte aun cuenta te han dado el jaque mate.
©donaciano bueno.

Comentario del autor sobre el poema: VIP (Very Important Person) es una expresión que se emplea en diversos ámbitos para designar a personajes -políticos destacados, famosos, empresarios…- asistentes a un evento que requieren una atención o protección especial; la persona con consideración.Cuando el evento es la vida, al final, no sirve de nada.

POETA SUGERIDO: Alberto Beceiro

Alberto Beceiro

EL REGALO

La última vez que me dijiste
que me odiabas
fue el día de tu cumpleaños.
Coincidió con una tarde azul,
o una mañana azul,
o azul era; tal vez, el color de tu jersey
o la goma con que te sujetabas el pelo
haciéndote una coleta
mientras me decías eso,
que me odiabas.

Pero el azul estaba allí mismo, lo recuerdo,
instalado en el salón mientras el regalo
que te había comprado
permanecía a medio abrir sobre la mesa.
Estático, casi atónito.
Como si pensara en su regreso
a la tienda de regalos,
a cambio de otro artículo inútil
que se le parezca.

UN POEMA DE AMOR

Esta mañana no preparé un zumo de naranjas
que llevarte a la cama al despertarte.
Ayer se terminaron y no salí a por más.
Se me olvidó.

Tampoco he bajado esta mañana
a la tienda veinticuatro horas cuando recordé
que ayer me había quedado sin naranjas.
Ni al salir paré en el bar de la esquina,
como te prometí, para traerte
un zumo de naranjas en un vaso de cartón.

En cambio,
te dije que el del bar
también se había quedado sin naranjas.

AZUL

Fija la RAE
que es el color del cielo sin nubes
o del mar en un día soleado.
Pero azul sería también la foto
que me enviaste de Copenhague.
Y en ella, las grúas
en aparente movimiento
seccionando una niebla
que entorpece el amanecer,
pero no impide la incipiente claridad
granulada y azul,
como si un papel de lija azul
o una tormenta de arena azul
se sostuvieran en el cielo.

Y azul sería el color del puente
sobre el canal azuloso,
donde un autobús casi vacío
circula a punto de salirse de la foto
que te imagino tomando de repente, detenida,
porque la marabunta de edificios azules
cimentada frente a ti
te haya recordado el amanecer
que nos sorprendió en la calle
y me preguntaste:
si lo que ocurre con los pájaros
es que se acostumbran a huir
o dedican su vida a encontrar un hogar.

EL DIÁLOGO IMPRESCINDIBLE

Pienso en ti, mamá, y me viene a la cabeza
el color amarillo.
Un vasto amarillo estático
esparcido sobre ti como un manto,
que te penetra la piel y rellena tus uñas
endurecidas como estacas.
Un amarillo que te rebosa tantísimo
y apenas nos deja espacio.

Y amarillos son cada vez más tus ojos, mamá,
y el recuerdo inmenso que tengo ahora de tu voz
que se ha detenido y encogido tanto.
Porque tus sentidos lucen tan pálidos,
bajo ese tono tuyo cobrizo
que te cubre como una mancha
de sudor en el colchón,
que presagian sábanas, cuerpos
y mañanas heridas de muerte.

Qué puedo hacer si me resisto
—te lo prometo mamá—
pero el pecho se me da la vuelta
y despide un viento
que te reseca y amarillea tanto. Ya ves,
este niño tuyo mata despiadadamente
como un cazador;
primero te corta el paso
y, por último, te arrebata la coloración.

HASTA EN EL INFIERNO

Tienen razón quienes afirman
que un amigo es para toda la vida.
No se refieren al mengano
que hizo con nosotros la escuela
y al tropezárnoslo en la calle
paramos a por un café
para ponernos al día.
Hablan, por el contrario,
de un vínculo más recio
y un afecto más honesto
que el de las familias.

Un amigo es exigente.
Reclama sinceridad, perdón y lealtad.
Por eso es muy difícil
que una persona, extrovertida o no,
arisca o cordial da lo mismo,
alcance en su vida
más de uno o dos amigos
de verdad.
Pueden contarse
con los dedos de una mano.

Bien.

Solo espero
que alguien
me presente a los míos
alguna vez.

EL FRÍO PUDO CON LA FERIA

Nunca mencionamos el amor.
Resignados a dudar
de nuestra inocencia,
preferíamos otras palabras
para nombrarlo.
Tú utilizabas, por ejemplo,
compromiso
y decías a menudo
que las flores
no mueren de viejas,
más bien se pudren al encharcarlas.
No nombrábamos el amor
aunque nos refiriésemos a él
con insistencia.
La última vez este verano,
cuando dijiste
que en algún lugar del norte
cavan siete tumbas en agosto
que llenarán durante el invierno,
cuando el hielo haga imposible
abrir una sola zanja.
Y a continuación me abrazaste,
a espaldas de un cristal
que reflejaba un cielo a punto
de desaparecer, desmaquillándose
en borrones violetas
como tus lágrimas
de las que ya no pudimos escapar.

Eres tú

La espera se me atraganta.
Me atiborra la boca
y la noto ahí mismo
aferrada al paladar,
latiendo; hinchándose
y reduciéndose como el saco
de las ranas bajo la boca.
La espera reseca el aire
que pueda respirar,
agrietándome el paladar,
dejándolo como un vaso roto.

Pero en ocasiones, la espera
se hace aún más terrible
cuando se sumerge
bruscamente
en mi cuerpo, reptando
hacia el estómago
como una lombriz
que va incrustando a su paso
cristales como espinas.

Es la espera imaginando
tu voz al completo
como un aullido
diciendo que sí,
mezclándose con el aire
sin acoger cansancio
ni conjunciones
—aunques, peros o sin embargos—
que la prolonguen.

Es la espera dañina
a plazo fijo,
abundante,
exageradamente presente
y que jamás apaga la luz.
Es la espera
a que por fin
la hagas concluir,
con tu voz
al teléfono
que comienza
de la mejor manera:
desvergonzada.

El círculo de la crisis de la patata

Aunque primero fue el grito,
no tardó en aparecer la dureza
con que oscureces mis palabras
al dejarlas a tu suerte.
Cuando tras sostenerlas y arrastrarlas
me las devuelves en frío
y tan deformes
con ese tono tuyo tan gris.

Y aquí sigo a solas con ellas,
bajo tu mirada más corta
y tu silencio
que conduce a un abismo
que se extiende como una llaga
desde la mañana a la madrugada,
y apenas contiene más
que el cansancio
acumulado en mi pecho
que necesito sacudirme
como un pez con esa piel mía
tan gris.

Y desearé de nuevo
que reserves espacio suficiente
para tanto desencanto
amontonado en tus ojos,
que amenaza siempre
con desbordarse.

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