LOS NUEVOS TALIBANES

Mi Poeta sugerido: »David Eloy Rodriguez

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Están entre nosotros, tus vecinos,
aquel que cada día te saluda,
el mismo, el que te dice se la suda
la historia, que le importa tres cominos,
y esconde su rencor bajo la muda.

Están por todos sitios, todas partes,
pegando van sus tiros a la historia,
no pueden respetar ni a la memoria
de quienes construyeron sus baluartes,
tildando a los ancestros como escoria.

Derriban las estatuas, y al pasado
maldicen con los ojos del presente,
pretenden denigrar y es la simiente
del tiempo en que vivir les ha tocado
que hiriendo van a ver si se resiente.

Se erigen en togados, sus soflamas
son propias de ignorantes y gañanes,
que fingen ser de esencias los guardianes,
si observas verás se andan por las ramas,
no insistas, son los nuevos talibanes.
©donaciano bueno

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Se atribuyen el derecho a revisar la historia sin ponerse en el contexto de la época. Capaces de destruir la obras de arte y todo lo que se es ponga por delante. Rezuman rencor por sus poros. A raíz del derribo de la estatua de Colón en los EEUU.

POETA SUGERIDO: David Eloy Rodríguez

David Eloy Rodríguez

MARAT – SADE, 1998

El problema ahora
es que hay muchos vigilantes
y pocos locos.
El problema ahora
es que la jaula está
en el interior del pájaro.

***

El poema es la erección del ahorcado.
Demasiado tarde y para nadie. Pero ahí.

***

Esperan su oportunidad
como luces apagadas.
Su vida se tramita
como un expediente.
Tienen los ojos veloces,
las manos más tristes,
el tiempo contado.
Siguen el cable
hasta el enchufe,
que es el morir.

***

Cuando nacimos
ya habían traducido el mundo
en un lenguaje equivocado.
Las cifras estaban destinadas.
Las fórmulas tenían veneno.
Tuvimos que aprender
a respirar debajo del agua
y seguimos esperando
que la piel del tiempo
no nos vuelva locos.
No queremos ser tratantes.
No queremos ser esclavos.
Continuamos una senda de sangre.
No olvidamos de qué está hecho el camino,
no olvidamos.

MIEDO DE SER ESCARCHA

Miedo a la muerte.
Eso ya lo he dicho.
Raymond Carver
Miedo de ser escarcha.
Miedo de no poder mantener
la nieve bajo el sol,
la sangre bajo la piel.
Miedo de la soledad.
Miedo a estar encerrado.
Miedo de la muerte.

NACÍ en las ciudades.
Hui de la ciudad de mis padres.
Busqué personas con piel de arcilla,
tuve un sombrero,
ascendí por mujeres de yedra,
supe del milagro y la desolación.
La muerte que he visto
no ha ganado aún mis ojos.
Descubrí que la mejor forma de vivir
era no trabajar para el enemigo.

HABLAR como si sólo hubiera
unas pocas palabras
y fueran para siempre.
Todo poema debe ser la carta de un suicida.

ESTA ES nuestra materia:
palabras como espacios condenados
que debemos resucitar.
Nuestras manos no alcanzan a salvarse.
Nuestras palabras son pobres.
Caminamos entre ruinas.
Somos tramperos en un yermo.
Fabricamos cuchillos afilados,
sin embargo tan romos.
Lanzamos guijarros domésticos.

EL POEMA es la erección del ahorcado.
Demasiado tarde y para nadie. Pero ahí.

 NOSOTROS, TODOS NOSOTROS

y así somos quienes somos golpe a golpe
y muerto a muerto.
Gabriel Celaya

all I want is truth
just gimme some truth
John Lennon

Lo que piensa la ballena del arpón

Preguntarse por la libertad es preguntarse
por la longitud de la valla
y sus hendiduras,
por quiénes son los vigilantes,
por quiénes quieren pasar al otro lado.
Avanzan: sepulcros
a merced de la corriente.
Avanzan: como avanza el silencio.
Como se pudre un cadáver.

AMAN como escupen los enterradores,
flores carnívoras vigilantes,
cuchillos obligados a cortar.
Los que no saben del fuego
o de la llama,
los que enseñan a los niños
a decir que sí con la cabeza,
los peces que condenan a los peces
por nadar.

VIVEN en la fábrica de ecos.
Se codean para decir lo mismo.
Son esclavos complacientes.
Instrucciones de una mercancía
en diferentes idiomas.
Esclavos complacientes.
Son como la borra del café
que queda luego en el filtro.

ESPERAN su oportunidad
como luces apagadas.
Su vida se tramita
como un expediente.
Tienen los ojos veloces,
las manos más tristes,
el tiempo contado.
Siguen el cable
hasta el enchufe,
que es el morir.

COMO UN PAPEL de calco
que no calcara nada.
Como el motor de un avión
que no despega nunca.
Luces de ascensor,
cerillas mojadas.

No aman la vida: son
taxidermistas.
Un sordo cuenta la lluvia
que oyó llover esa mañana.
Palabras huecas: taxis de ceniza
que sólo pueden llevar olvido.
Claudicaciones. Formularios.
No hay dónde morder,
no hay música,
nada araña.
Lo inútil es injusto:
lo que no ayuda a vivir.
De veras que los siento:
las uñas del cadáver
siguen creciendo.

DE NADA les vale el maquillaje.
Luminosos y falsos como platillos volantes.
Son una enciclopedia de silencios.
Se disipan como la gaseosa.
Adivinan el periódico de ayer.
Tienen una tristeza de garaje.
Piedras en un río.
Flores eléctricas desenchufadas.
Viajan en un ataúd
que se está dando cuerda
a sí mismo.

PACTOS ROTOS, PROMESAS INCUMPLIDAS

Avanzaban los invasores borrachos
regando los campos con sal.
Nos quemaban los ojos,
nos dejaban ciegos.
No eran estos los bárbaros
que nosotros solicitábamos.

SI TIENES que detener
la mano que desciende
con un hacha,
hazlo.
Aunque tengas que pagar con
tus manos,
hazlo.
No hay que esperar candidez
de los acantilados.
La muerte es un desfiladero
por el que no pasan pájaros.

A RAS DE CIELO

Después de una larga plaga
que no acabó con todos.
Después de una noche oscura,
de un cielo abrupto,
de un aire feroz,
de una plaga voraz
que no acabó con todos,
los árboles que quedaban,
de raíces melancólicas,
levantaron los puños
henchidos de viento.

LOS CADÁVERES SON CONTAGIOSOS

El desierto da clases de espejismos.
Tiempo de oasis secos,
de animales domesticados.
Tiempo de crímenes elegantes,
de vasos de plástico,
de besos digitales.
Tiempo de salones interminables de espejos,
de manos enguantadas.
Los cadáveres son contagiosos.
Jardines vigilados y cementerios triviales.
Y, sin embargo,
paseamos entre estatuas,
podemos caminar entre los muertos.

Si le miras la boca al monstruo
verás que tiene los dientes cariados.
Hay termitas en las bases lunares.
Hay flores en los volcanes.
Hay pájaros en los vertederos.
El oso del cíngaro se ríe de su dueño.
El perro del tirano no tiene amo.
Están cruzando la frontera ahora
bandadas de pájaros sin dirección.

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