MALDITO CORONAVIRUS

Poeta sugerido: Demetrio Korsi

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Sibilina, silenciosa, lentamente,
nadie sabe ni conoce, nunca ha visto,
si te dice lo contrario es que te miente,
mas seguro es que penetra en el ambiente,
hay quien dice que la ha visto junto a un Cristo.

Evidente no es harina de un buen trigo
que a los viejos va perdiendo su respeto,
nadie puede presumir de ser su amigo
nadie puede aquí decir que él es testigo
pues se esconde tras las sombras de un mal reto.

Lleva el odio inoculado en sus entrañas
impidiendo darse besos, darse abrazos,
uso haciendo de sutiles artimañas
secuestrando como a viles alimañas
y dejando al corazón hecho pedazos.

Tiene nombre de un villano, con corona,
se presenta sin pedir ningún permiso,
al que pilla que anda débil no perdona
ni se apiada pues resulta respondona
ni se presta a hacer, piadosa, algún inciso.

Mas del tiempo ya se sabe cuando nieva,
poco a poco si es que llueve se derrite,
o es posible sea Dios que salga al quite
o es la plebe que impasible se subleva
pero siempre habrá el que gane en ese envite.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Demetrio Korsi

Demetrio Korsi

José El Tamborero

Como José el tamborero
no lo habrá en el Interior.
Cuando tocaba tambor
se alegraba el pueblo entero.

En el pueblo o en los llanos,
desde lejos, se sabía
cuando José le ponía
al tosco tambor las manos,

Y la caja, musical,
en medio del socavón,
reía y lloraba, cual
si tuviera corazón.

José amaba la bebida
con furor, desde muchacho,
y perdió toda su vida
cantando. . . y siendo un borracho.

¡Eso era saber beber!
Y así cuando se jumaba
José en su toque lloraba
por una ingrata mujer;
mas nadie llegó a saber
a qué mujer él amaba,
porque su, amor fue discreto,
callado, triste y sufrido
amor que nació escondido
y que se murió en secreto. . .

José, al pegar sobre el cuero,
casi loco se volvía,
y con su melancolía
se alegraba el pueblo entero.
Como José el tamborero
no lo habrá en el Interior.
¡Eso era tocar tambor!
Del libro: Los gringos llegan y la cumbia se va

A la Bandera,

Bandera que tremolas, como ligera
ala que se despliega; !bandera mía!,
al cielo de mi patria yo te añadiera,
para que tú le dieras más alegría. . .

Bandera panameña, que en raudos giros
como en un triunfo flotas, y altiva subes,
pues pareces movida por los suspiros,
por los tenues suspiros de los querubes.

Como en la hirviente cumbre de un oleaje,
pareces en las astas ir ondulando,
y es nacional la ofrenda del homenaje
¡porque tú eres la patria que va pasando. . .!

Yo quisiera en mis ansias llevarte arriba,
arriba de los techos para lucirte,
y aunque estuvieses hecha toda una criba,
la bandera serías de más estirpe.

Y si alguna potencia quiere humillarte,
y si muchos cañones te obligarían,
no hubiera panameño para bajarte
¡porque sin manos antes se quedaría!

Bandera que tremolas, como ligera
ala que se despliega, bandera mía,
al cielo de la patria yo te añadiera,
¡para que así le dieras más alegría. . . !

Ibero-América

La América Latina al fin se ha unido
a España en una conjunción que abraza
todas las glorias del león vencido
y las grandezas de la nueva Raza.

Es un tumulto espléndido y temido
que toda bárbara invasión rechaza;
¡y ya el pendón hispánico en olvido
al pabellón de América se enlaza!

España tiene la gloriosa palma,
y el mundo de Colón, fuerte y jocundo,
junto al alma española ha puesto su alma…

¡Dios, desde arriba del azul profundo,
las mira y piensa con suprema calma
que ambas serán el porvenir del mundo!

Nunca Mía

Soñé que en las instancias de mi ruego
tu amor me prometiste enamorada,
y al brillo de la luz de tu mirada
para siempre quedé tu esclavo ciego.

Al estrecharte entre mis brazos luego
hiciste alarde de la fe jurada,
y con tu boca ardiente y perfumada
me contagiaste tu pasión de fuego.

Mas todo era un engaño torturante,
vana ilusión que vio mi fantasía
en ese paraíso de un instante:

¡Porque lejos de mí, ceñuda y fría,
llenas de hiel mi corazón amante
siendo de todos, pero nunca mía….!

A Panamá

Este eslabón del Continente
es mi tierra natal,
es el Istmo por donde se filtran las razas
para ver los dioramas del Canal;
es el pigmeo
que con su abrazo ahoga al titán,
y es uno de los objetivos
de los que forjan servidumbres en nombre de la libertad!

Republiquita microscópica,
ombligo del mapamundi, brújula de la eternidad,
puente de la conquista,
faro de la inmensidad,
ya todo tu destino lo adivinó Bolívar
con su visión super-genial,
y en el porvenir te mira tu Poeta,
urbe continental!

La California en tu camino de Cruces
le abrió el Oeste a la humanidad
y las inmigraciones viajeras
hasta el final del mundo te bendicen, Panamá.

No veis al futuro humano
por esta ventanita universal?
“Pro Mundi Beneficio”.
(Qué barbaridad!).
Del libro: Cumbia

Héroe Antiguo

Me contaron de un indio, fiero y bravío,
que vivió en otros tiempos casi olvidados,
y creí desde entonces que era algo mío:
¡uno de mis maternos antepasados!

Las selvas primitivas eran estrechas
para él, con sus mujeres y sus guerreros;
tanta fue su pujanza que con sus flechas
hizo blanco en la frente de los luceros!

Quise ir hasta la luna. . . Con su piragua
salió al mar, tras el logro de otra fortuna,
y sorprendió el momento en que, al ras del agua,
del cóncavo horizonte se alza la luna.

Pero llegó muy tarde: como un tesoro
subió por el espacio la luna grata;
con los brazos abiertos, en busca de oro,
vió al boga. . . en la blancura de un mar de plata. . .

Para en urnas hieráticas poder tenerlas,
buceó, en las honduras del océano,
las más imponderables, fastuosas perlas,
¡las hurtó a sus conchas con brusca mano!

Su fuerte dentadura, firme, incisiva,
mordió corales, rojos como un desangre,
y vio que los corales, cual carne viva,
al trozarlos sus dientes… ¡manaban sangre!

¡Indio fiero, no tuvo jamás descanso!
Las noches tropicales, claras y bellas,
le hallaron junto al aro de azul remanso
con sus redes de oro, ¡pescando estrellas!

¡Olió, sin embriagarse, malignas flores,
porque lo resguardaban sus talismanes,
y fue a la caza heroica de los cóndores
que volaban más alto que los volcanes!

Las más enardecidas tribus viriles
probaron de sus armas el recio yugo;
cuando se sublevaron, vieron hostiles
que él era insuperable como verdugo.

Llegaba atropellando selvas y brumas
con sus predominantes conquistas bravas,
mientras, como en un cromo, ágiles pumas
seguían el cortejo de sus esclavas. . .

De noche, en las profundas selvas hurañas
o en lo más intrincado de los manglares,
escalofrió el silencio de las montañas
¡flechando las pupilas de los jaguares!

Cacique pensativo de tribu ambigua,
afirmaba sus plantas con entereza,
porque lo autorizaba su estirpe antigua,
¡porque era un convencido de su grandeza!

Catástrofes y triunfos llenan su historia,
risas y maldiciones, sangre y orgía…
Y pienso que he vivido su excelsa gloria
¡y su grandeza bárbara la siento mía!

Y es por eso que envidio la invicta palma
que del héroe circunda la altiva frente:
¡me parece que en mi alma palpita su alma,
y es que de su abolengo soy descendiente!
Del libro: El grillo que cantó sobre el Canal

Otoño Soy

Este otoño que en ser galante insiste,
este otoño angustiado de promesas,
quiere alegrarse y sin embargo es triste
y me engaña otra vez cuando me besas.

Este otoño es cruel, verja florida,
por dentro es sombra, vencimiento, nada.
Su última rosa morirá afligida,
si no tiene el calor de tu mirada.

Y pues yo soy otoño, ven y toca
mi frente mustia, mi canción doliente;
tú, primavera y besos en mi boca;
yo, madrigal; yo, rosas en tu frente.
Otoño, ya llegaste, y me venciste
con tus anacreónticas promesas.
Otoño soy también, otoño triste,
pero menos otoño si me besas…

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