NI ALÁ, NI A BUDA O CRISTO/

Mercedes Durand (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo he visto morir a dios. Yo he visto
sufrimientos, sus vísceras, su cuajo,
y llantos derramándose a destajo
y aunque anduve buscando algún atajo
nunca encontré ni a Alá ni a Buda o Cristo.

A dolo, muerte y destrucción, yo asisto,
a todas horas al terror y al miedo,
y así quiera ayudar es que no puedo,
su saña se ha clavado con denuedo
sin réplica de Alá, de Buda o Cristo.

A clamar al buen dios no me resisto
ante tanta tragedia que se asoma
que al hombre le condena a que no coma
¡quién puede disfrutar de esa carcoma,
espero que no Alá, ni Buda o Cristo!.

Y es que hace tiempo dios murió, yo insisto,
que en el mundo plagado de mísera
hay muchos que apartados de la feria
se sienten poco más que una bacteria
sin ayuda de Alá, de Buda o Cristo.
©donaciano bueno

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Mercedes Durand

Soneto

Este ignorar el rostro del futuro,
este no ser el ser que se quisiera
este ambular sin ruta duradera
es un estar sin un estar seguro.

Este vivir golpeándose en el muro
del miedo, de la noche y de la espera,
es un negar la vida verdadera
es un temor secreto, necio, impuro.

Este sentir angustia desmedida
ante el paso inicial de la mañana
portadora del alma presentida.

Es un querer fugarse de sí mismo,
es un cubrir la luz de una ventana,
es un permanecer en el abismo…

Espacio del color

Desde que me anunciaron tu venida
dispuse regalarte los colores
prestados a las frutas y las flores
hermanas vegetales de tu vida.

La fresa me prestó su piel de herida,
el trébol su conjunto de verdores,
el blanco jazminero sus candores
y la aceituna oscura su medida.

El ácido mirar del limonero
y la pupila ingenua de la rosa
mezclaron su color en tu velero.

El mundo de la flor y de la fruta
me ha dado su acuarela primorosa
envuelta en los olores de la ruta.

El fuego

El gozo de la joven panadera
Brotó de las caricias matinales
Del fuego que convierte a los trigales
En panes de morena caballera.

El rojo crepitar de la madera
Quemó las inclemencias invernales;
La lumbre de los soles tropicales
Doró la juventud de la pradera.

El fuego atardecido en la herrería
Moldeó la dimensión de los balcones
En rizos de enrejada fantasía.

El fuego, corazón de los talleres,
Llevó en universales expresiones
Aliento de artesanos menesteres.

Vengo del viento

Vengo del viento azul
Donde el jacinto
Sorprende en su temblor al lirio de agua.
Vengo en el viento
Y con el viento traigo
La voz delgada del Guarajambala,
El eco acantarado del Sumpul,
El dialecto azulino del Jibia
Y la música en flor del viejo río.
Del río de las barbas de esmeralda,
Del río que se extiende por los valles,
Del río que amortaja a los cadáveres,
Del río de la luz en las entrañas,
Del río viejo,
Del río sangre,
Del río indio,
Del río padre,
Del río río,
Del río Lempa?
Vengo en el viento
Y con el viento traigo
Suspiros de copal,
Aire de bálsamo,
Guirnaldas de esquinsuche
Y aliento de cacao?
Vengo del viento
Y con el viento traigo
La oscura ramazón de los caobos,
El canto melancólico del guauce,
La auora vegetal del maquilíshuat,
El jacamar y su plumaje huraño?
Vengo del viento
Y con el viento traigo
Un corazón de viento huracanado?

Mundo vegetal

Yo conocí la edad de la palmera
Y el verbo de los blancos arrozales.
El mundo de los seres vegetales
Me dio la anunciación de Primavera.

Las rosas visitaban a la higuera,
El bálsamo curaba a los maizales,
El pino repartía madrigales,
La pascua su encarnada cabellera.

Hermano era el abeto de las tunas,
Amigo era el maguey de la gladiola,
Y novios tulipanes y aceitunas.

¡Amor, se respiraba verdemente!
¡Amor, gritaba al viento la corola!
¡Amor fue la canción de la simiente!

Espacio de canela

Mi cuerpo es una rama de canela
cortada en un Agosto de claveles,
el trópico quemaba níveas pieles
y hervía en los trapiches la panela.

Hermana del zenzontle que pincela
sonidos de su buche en los vergeles
la rama se acompaña con las mieles
que ríen de abeja cuando vuela.

No tengo de la rosa su corola
mas guardo flor de barro en cada mano
que tiñe de rubor a la amapola.

Canela el corazón, canela el viento,
mi cuerpo ha ardido en leños de verano
y tú, tienes canela en el aliento…

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