YO NO TENGO LA CULPA (canción)/

Iacyr Anderson Freitas (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Si el viento se marea
yo no tengo la culpa,
si mueren las estrellas
no me miren a mí,
pues yo me encuentro aquí
lo mismo que están ellas
inmerso en la pelea
que nunca pretendí.

Si el mundo no se para
miren hacia otro lado,
que, libre de pecado,
mi trecho hoy recorrí,
que nunca yo rehuí
lo que el cielo me ha dado,
y siempre dí la cara
y a promesas cumplí.

Si el alma es un misterio
pregunten a quien sepa
donde se halla la cepa
si está en el Sinaí,
quiero subir allí
donde anida el criterio
mas sólo el cementerio
se apiadará de mí.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Iacyr Anderson Freitas

Iacyr Anderson Freitas

Constelación

Durante incontables noches
durante días tan numerosos
como las leguas de viento
en su geografía o espanto
navego ese mar que me entierra
busco la isla prometida
la constelación de islas
o incluso la tierra
– esa
que regresará sobre mi cuerpo
cual ciudad
de cosas muertas o vencidas
cosas nacidas del limbo
crecidas del limbo
para cualquier mitología
que desconozco.

Soledad

De la infancia no llegan postales
apenas algas
y un cierto olor a nube
que el viento disimula.

alguien discurre sobre el diluvio.
el telégrafo se calla.

distinto se hizo el ejercicio de la aurora,
ornada por un sol de pobres.

de algún país
llegan las convocatorias
pero ya no basta estar entre los navegantes
para sobrevivir
(lo que fue el amor
no nos escolta).

nos quedamos solos,
con el día desvaneciéndose,
en el humo.

día espeso, espeso,
en el que aún no es posible penetrar.

Lustro

Más que la noche,
en el abandono de cada segundo,
en el dolor
donde el silencio
destila sus ardides.

más que la noche, el yugo,
desconsuelo cavando sus diques,
veranos detenidos en el claustro,
entre fiebres,
para el ejercicio de una fecha cualquiera
(ya perdida
en el piso de los meses).

como si antaño
en la difícil elección de existir,
aún fuera posible esa fuga
que se evapora de la noche
(en ese cuarto)
y para siempre
de la memoria.

Sentido

Sin duda un ritmo
algo impreciso
en sus conchas,
sabrá recordar
lo que se escribe ahora,
en la cincha
que el calor murmura,
pero en contienda,
sin otros lazos
que el delito de esas flores,
oh pobres, oh desguarnecidas,
como el sol
de un tejado corroído
bajo la piel.

un ritmo: sin duda
muy poco
ante el vestigio
de lo que aquí se espera.

de repente la hora calla
en las marismas.
el sentido duerme,
la pasión indaga
la muerte, otra quimera.

El último día

Llegado es el tiempo
en que todo se hunde
sobre mi cuerpo

El beso me acusa a las milicias
y yo sé
desde hace mucho
que todo beso es traición.

Cuento los que me condenaron
y no comprendo
el asedio de las muertes en mí,
el avance de todas las digresiones
contra mi nombre,
ese azul que no se curva
frente a ningún sacrificio.

Contemplo solo
lo que me cupo.

Al sur y a lo ancho
desvío los fuegos
de la transfiguración.

Llegada es la hora más grande
cuando el aire se arrodilla,
cuando los numerales se hunden,
cuando la trinidad
rasura el cero de los milenios, cuando
la eternidad entera se escurre
en la proa de un segundo,
cuando a la sombra de mi nombre
los buitres oran y comen.

La hora cuando Dios
se pone a prueba

y conmigo comparte
el fardo
de ser hombre.

En mil

trazaron en el espacio
la horizontal de un nombre

hasta sangrarle el zumo
(mientras el mar se sienta

tranquilamente
en las patas traseras)

exclamaciones agrietadas como ríos
discurren hacia la muerte

no sabemos qué hacer
por eso no hacemos nada

el olvido surca
nuestro hombro
y nos dice no se olviden
por favor no se olviden

en la margen izquierda y en la margen derecha
desolación

de las huellas saltan escorpiones
del talón una náusea suntuosa

estamos libres
y oramos

nuestra fe divide en mil
la oscuridad

Fui yo

Tu rostro me acusa.

Tu rostro
es todo un pasado
trascendiéndome.

De frente, ojos fijos,
ese pasado me sondea,
me asalta y
a cada minuto
me principia.

Al fin vuelvo a nacer.
más desolado y solo
cada día.

¿Pero no sería este mi rostro?
Miro alrededor, me interrogo

: mediodía que busca el sol-puesto.

Tan solo él

Todo muy quieto
si no fuera por el niño
retozando
en la memoria

he aquí nuestra infancia
entre los muebles
como el retrato
de Cecilia

alguien toca el piano
tan solo él
no va bien
con el mobiliario

Ese extraño nombre

Aún buscaba
alguna caricia
con la palabra.

En todo
veía diluirse el rito,
el piso, el habla, luego
el cielo solo, nada más.

¿Qué incendio
abate el encanto
de esta casa? ¿Dónde
la promesa de los días,
los retratos provincianos,
las cartas
nunca escritas,
por leídas
en la fiebre y el estiércol,
el amor? ¿Dónde el amor,
ese extraño nombre?

En verdad buscamos
y es caída
el tesoro
no tocado

De a pocos
surge la sed
de excavar la tierra
con la tierra.

De escribirla
al margen
como algo vivo
o casi:

entre las heredades
no podemos verla
(nunca la conocimos,
a decir verdad).

Después, escultura tímida,
erigir sus moldes
en el cuaderno

(traición, traición
es su música extrema)

Buscamos el abismo
-no el daño, las letras, el
contorno que
por leve
se agosta:

lo que escribimos
como recuerdo
nos escribe.

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