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1.FARFULLAS [Poema del Editor]
2.Matías Miguel Clemente [Poeta sugerido]

Textos aquí: 1. del Editor, 2. del Poeta sugerido y 3. del Invitado (opcional)
MI POEMA …de medio pelo
Estamos en las manos de amorales,
de gentes que carecen de empatía
con solo una obsesión que es el poder,
de mentes con instintos criminales
lanzados a morder mientras se fía
y luego replicando hasta más ver.
Políticos que engañan y que mienten,
políticos que piensan solo en ellos,
pues suelen predicar y no dar trigo,
se obligan a decir lo que no sienten
tratando de influir con sus destellos
a todo lo que pillan que está vivo.
Políticos mediocres, chupatintas,
sin nada que aportar, que en su trayecto
descubren el placer que da el poder,
cada uno con sus sectas tan distintas
haciendo dejación de su intelecto
saciando así sus ansias por tener.
Los tiempos han cambiado y hoy quien manda
no puede ya aportar ningún valor
aparte de un lenguaje convincente
que invite a formar parte de su banda.
Después como el capullo de una flor
verás que se marchita, y no es turgente.
©donaciano bueno
Farfulla: Defecto de quien habla deprisa y balbuciendo.
MI POETA SUGERIDO: Matías Miguel Clemente
Una muestra de sus poemas:
PISCINA
A Diego
Nos estamos bañando en la piscina.
Yo rescato los pálpitos del agua
y los acepto como aletazos de un pez
que sueña con tocar,
como un tambor,
la piel de los humanos,
al tiempo que mi hijo flota
sujetándose a un corcho.
Meto mi cuerpo entero,
voy bajando y bajando muy despacio
como los batiscafos de leyenda
todo lo que me dejan los pulmones.
Miro hacia arriba mientras
él tan solo sumerge la cabeza y
desde allí
fondea como un bote que flotara
por prisa y no por peso.
Mis ojos no ven bien, están desnudos.
Intuyo —eso sí— en la cara de mi hijo
una enorme sonrisa.
Él ve todo nítido
como la luz que brota
del colmillo de un tiburón.
Hay un sonido cárdeno en su risa,
que, bajo el agua, siembra un orfeón
que se repite y se repite. Suena
—permítanme decir—
multiplicando un eco en las burbujas.
Un millón de inquietudes en sus dedos
tratan de capturar algunas trenzas
de agua que se adhieren
a nuestros cuerpos dóciles y permeables.
Todo es sencillamente humano.
Y mientras voy perdiendo nitidez,
contornos, lascas límpidas de piel
por la falta de oxígeno,
él va ganando sombras que repiten
un cántico, preciso, que rescata.
Me encantaría decirte en el idioma
de la sal y la arena que las cosas,
entre ellas, se irán asemejando,
que tu voz habla humilde y es sencilla
como la de las piedras,
que gorjea tu risa como espuma
en una orilla ignota,
que tu aleteo es como el de los pájaros
y tu quietud da sombra a las montañas.
Porque tú perteneces ya a este vuelo,
tu presencia será continua y volátil
como la de ese aire que susurra a los nidos
en los días de lluvia.
Y de este modo, alrededor de mí,
escucho unos silbidos perezosos
que vienen de otras aguas
y una cadena vívida de hierro
me coge sin tocarme, me eleva
de nuevo a tus mejillas, frescas, tersas
y me libero un día más de ahogarme.
MUÑECAS ROMANAS
Alejandra Pizarnik soñó que había estado
haciendo una lectura en Albacete,
y yo soñé que había sido cierto,
que Alejandra Pizarnik realmente
había estado en Albacete,
pero convertí el sueño en una realidad,
y pregoné por todos lados que:
Alejandra leyó aquí, en Albacete,
Alejandra leyó aquí, en Albacete,
Alejandra leyó aquí, en Albacete.
Leyó ante el público de mi ciudad,
en el museo provincial, rodeada de
piedras que se habían extraído
también de la locura.
Las muñecas romanas escuchaban
entusiasmadas su salmodia.
Pero no todas las reliquias fueron
engatusadas por sus versos.
Así, según las crónicas del día,
y según críticos de la ciudad,
la obra de Alejandra no era
ni formal ni canónica, más bien
marginal, rara, para gente extraña.
En otra situación, allí en Turín,
un joven argentino me indicó
que los poemas de Alejandra solo
podrían conquistar a los adolescentes, y
yo le dije que una vez estuvo
en el museo de mi pueblo, en Albacete,
y que era muy probable
que ni siquiera los adolescentes
pudieran disfrutar de sus poemas,
ya que había que ser más de piedra,
estar mucho más próximo a la piedra,
sentir el peso y el dolor del mundo,
como las diminutas muñequitas romanas
que siguen vivas, pétreas
y engarzadas con hierro a la plomiza
gravedad del planeta.
VALOR
Porque no hay canto alguno sin el humor del cuerpo
Miguel Ángel Velasco
Quién diría que el hierro iba a vestir
a piel de los guerreros,
que irían estos escondidos
bajo el arco de su eterna dureza.
Quién diría que estaba allí mucho antes
de que ardiera en las fraguas,
bajo unos brazos que lo trabajaron,
incansables, como astros que no huyen.
Quién diría que brazos, manos, dedos,
que lo fundieran, que lo traicionaran,
se harían después huéspedes de su ánimo.
Quién diría que aquellas raudas piernas
serían capaces, tan jodidamente,
de asaltar los jardines sin rozarlos,
sin que una sola greba los tocase.
Quién diría que aquella piel cobriza
se soldaría fuerte con el hierro,
en un material puro,
en el momento en que una sola espada
atravesara el corazón atómico
de las corazas.
Quién pensaría
que esa aleación de sangre, hierro y dermis
sería germen, siembra para el canto,
empasto cruel para la leyenda,
pomada que sanara —en cuanto fuese ungida—
los ánimos de los que, como yo,
no tenemos valor
para humillar al tiempo
ni a su ejército.
La cella delle pazze
(LA CELDA DE LAS LOCAS)
Con el cuadro de Giacomo Grosso
ómo llega una piedra a un lugar nuevo
sin que las demás piedras no se alteren.
Donde nada hay nada es alterable
pero una piedra avanza y eso es algo.
Llegará donde nadie esté a la espera
y hará de su llegada
un murmullo de choques.
ada la reconocerá al principio:
una piedra no cambia de un día para otro
sin que no cambien las demás.
Ha de llegar de forma insospechada
y, cuando logre desplegar su aliento,
mineral y sonoro,
ninguna otra se dará por aludida.
anta cordura la del hierro,
bendita la locura de la piedra
que choca sin pedir nada más que aire
para el frágil incendio de su aullido.







