PASEMOS DE LAS MUSAS AL TEATRO

»Mi Poeta sugerido: Pedro Javier Castañeda García

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas de AMOR

 

Pasemos de las musas al teatro,
dejemos al pasado el desencuentro,
las olas cuando van al mar adentro
no lo hacen al compás del tres por cuatro
llevando al retornar resentimiento.

Olvida lo que fuiste, lo que fuimos,
aquello que aun resuena en el recuerdo,
yo hoy quiero demostrarte ya estoy cuerdo,
disfruto al recordar lo que sentimos,
e ignoro si te he visto no me acuerdo.

Los odios, los rencores, los despechos
se fueron por el río en la corriente
llevando mi actitud indiferente,
y aquellos que quedaban aun maltrechos
volaron tras los vientos del poniente.

Volvamos a montar otro escenario
que el texto a recitar suena distinto,
la trama no es tamaño laberinto
pegando una patada al calendario
gozando del amor cual vino tinto.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Pedro Javier Castañeda García

Pedro Javier Castañeda García

Mañana

Esa aguja del aire sobre tinta
carnosa,
una letra por desvestir la nada
sin ecos.
Todo llega a su esfera
descalza
por conducir el encorvado cielo
de confluidas margaritas
sin oráculo.

Compromisos del aire
despierto,
entre manos sin final
que promulguen sus aciertos,
ni salto con vacío que medirse
en halago devuelto.

Un desvestirse el aire
del soplo cartesiano
que acompaña el alba
en su prisma mensajero
de sonrisa enhiesta
sobre calzos de paciente pleamar.

Tarde

Se encumbra el abrazo
relevante, en sumas del día
almohadillado,
sin perchas de amargor
en su atasco fiel.

El faldón de la mañana
no grabó muecas
de la ortiga con alas tigre
que cocinar
en sosiegos vespertinos…,
ni salientes garras
de bolsillos calmos
en la tarde recién apoyada.

Sueltan los brazos
su pozo del cantar comunal
y un calor erguido
descrucifica su cansancio
dulce y ancho,
como un hondo disiparse mudo.

Noche

Acerca la noche
su cascada de mullido amparo
sobre pacientes párpados
de luz nueva en batalla
acampada.
Su espuela de mínimos pasos,
separa dos cierres incruentos:
la derrota del día acostado
hasta nueva redención,

o arrostrarse con media vida,
en abismado último sacramento
del viaje casero, sin parche preferente,
con pantalla en desclavado rostro
por concluir,
hasta rehuir la osamenta
de la noche echada,
con lento desconsuelo oscuro,
sobre nuestra hoguera blanda
que no resuelve su epílogo
de cálida amante en despierta
espiral.

Súplica

Se mece
la rampa del tiempo
entre destinos suplicantes…

Sus promontorios no cabecean
…….sin nuestra herida esfera solitaria.

Señal

Deberían sentarse lejos
de sus pies.
Ver desnuda la ciudad perenne,
la que apenas levanta su sombra.

Y esa espalda cicatriz que tapa su aliento.

¡Acaso no la copiaron con pulso divino,
…los que del cielo pusieron su mazo
y cincel…!

Esperad a verla despertar,
agotar la luz a cuestas,
en su desclavado tendedero celeste.

Devolución

Dejad la montaña sola…
Que su cara devastada
sepa recitar la raíz sin frío
de alumbrar venganzas verdes.

Que un nuevo ciprés pueda toser
al cielo, sin distraer su cintura sacramental,
como el brezo maduro,
abrazar descansos de liebre cautelosa.

El nido, ver su porvenir expatriado
entre cánticos radiales de familia
cumplida.

La mariposa, en blanco sentir,
danzar su invisible garabato
contra sueños temblorosos.

Y el mirlo enamorado…
…………retrasar al cazador
en su madrugar incierto.

Trueno

Entre pétalos dilatados
de un lento migrar
revuelca la emoción
su rendición,
sin decoro ni órdagos levantiscos.
Unánimes responsos
van sentenciando las alturas
a caideros en Do Mayor, sin orquesta
radial que devuelva egos
de un claustro disperso.

Entre clemencias de sombra
armisticio,
siembran las tormentas de verano,
ese ahogado final,
tras olvidarse el trueno,
en juego de soltería,
del tablero familiar consagrado
a melodías del invierno.

En despecho infiel, calienta su espera.

Ocasos1

Antes de la penumbra
sin permiso,
entre descansos dorados
de la tarde acantilada,
embarcamos sus conciertos
pendientes, a trozos de alivio
sumergido.

Esa carretera conyugal
frente al mismo sol rasante
agota en su copa mansa
las deudas del mar
que no cesa de libarnos.

Un rubor oscurecido
de cafeínas cumplidas
nos planta en ascuas
al pedernal de la esperanza
más clara.

Volvemos al llano urbano cansado
de monturas encalladas,
al tiesto de la fiebre doméstica.

Cualquier otra tarde sin ascensos,
brindará por ese carrusel
al sur vertical,
que descabalgue su noche
de sombras planas.

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