A QUÉ VINE YO AQUÍ?

Mi Poeta sugerido: »Marina Tapia

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Yo vine hasta aquí a salvar el mundo
mas vean pues que nunca pude hacerlo,
no basta con decirlo o con quererlo,
el cambio que hay que hacer es tan profundo
que tuve que cejar nada más verlo.

Pensé que en mi la vida era un regalo
y tuve que pararme a meditar,
de qué sirve el andar, el caminar,
pues dudo y aun en sueños me apuñalo
y siento que ya voy a naufragar.

De nada sirve andar sin un sentido
que ayude y que pudiérate orientar,
jugando sin saber a qué jugar,
sin rumbo, aquí pasando inadvertido,
si todo ya al final lo has de dejar.

Y voy ya sin comerlo ni beberlo,
y al tiempo sin saber a qué he venido.
Si el mundo sigue igual de renegrido,
a qué vine yo aquí. Quiero saberlo.
Me iré, quiero que sepan, resentido.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Marina Tapia

Marina Tapia

Almuñécar

«Esta ciudad de náufragos te espera»
Pamela Pérez

Y bajo hasta Almuñécar,
como quien baja a un pozo,
hasta su propio abismo
rural y necesario;
camino hasta los valles
del mar donde la vida
oscila
en nuestro margen.
Y juego a ser palmera
o piedra de un castillo,
imito aquel asombro de los pasos
y alivio al corazón
en el paisaje verde
de tus ojos.
Viene la paz, se sienta
y nunca necesita dar aviso
(pues ya la reconoce mi emoción)
Cuántas ciudades blancas
tengo que caminar para encontrarme.
Cuántas plazas guardar en la memoria
para volverme niña
y sílaba-gaviota.
Sabrás que no temí,
que ya he llegado, madre
y mi cuerpo será de la tierra.

Torre de la Cautiva

Yo quiero ser aquella, la cautiva,
la que nunca se muestra
y crea en torno a sí
leyenda,
cielo,
pájaro.
Yo quiero…
pero soy
abierta cicatriz,
una piedra
perdida
en el musgo.
Mi luz está en el fondo,
la enciendo en esa noche que no archivas.
No culpo a tu cadera
que acerca su pujanza a la vitrina
o detiene sus ojos en sólidas mujeres,
en dinteles perfectos…
Haga su apresto el tiempo
y quede lo más firme de mí sobre la bruma.

Postal desde Granada

Valparaíso está.
Se ha mudado a estas calles,
ha volcado la mar en la sierra
y vuelve -como náusea- con su peso.
¿No le oyes, acaso?
apuntala las puertas que caen,
da licencia a la hechura del aire
y luego, complacido,
camina al mirador
más alto
para verse.
La torre de la vela le contiene
o la palmera, el friso, algún recodo.
Él sabe de su reino.
Él sabe de su lengua curadora.
Tan sólo necesita mi nostalgia.

Razón del desembarco

I
Estoy aquí, Granada, ante tus cielos amplios,
ansiosa,
seca,
náufraga.
He llegado.
Con mi atril-ataúd,
con las ceras que no arden,
y este ato de ropas vacías.
Hasta tu fortaleza de leones,
hasta el olor a almizcle y hierbabuena.
Voy por tus casas blancas,
desnuda, para asir
la luz que nos regalas cada día.
Escondo en las ranuras de tu muro
mi plegaria, el dolor
que creció como fruto.Y abres
tu máquina de hacer atardeceres
a este perfil
deshecho en la avidez.
Ha sido necesario
bajar a tus baldosas,
librar esta batalla con la sombra,
para volver a mí
por tu camino.

II
La vida es la que arrastra,
la vida
no me deja hacer planes,
deshace mis maletas,
ata piedras al helio que asciende.
Escúchala, que viene,
se parece a una audaz cuidadora de pollos,
al antojo, a un remedio
incapaz de curar.
Ha perdido mi norte en su bruma.
¡Ay! La vida
se disfraza de paso y me lanza a sus calles,
no me deja inclinarme al sosiego.
Firma cartas, parodia,
extravía mi ajuar
(esos versos que guardo al amor)
Fue la vida, no yo
la alquila a mi nombre
esta nueva ciudad.

III
Él me mostró Granada entre la bruma,
me dijo, que la Alhambra,
domesticaba al sol si es necesario.
Él me buscó un refugio entre la piedra.
Y la luna de Lorca
de lejos tutelaba los enjambres.
Grité en el Sacromonte
con esa voz quebrada del gitano
y abrí, por fin, la jaula de mi risa.
Quédate en mí, Granada,
Acaso te complazca que me vuelva
alpiste, agua, fuente de unos versos.
Acaso,
mi corazón de agujas te remiende.

DERECHOS Y DEBERES DE LA AUTORA

Probadme, mordisquead mis pensamientos,
los vicios, mis caídas;
es fácil
bajar
la cremallera
de una mujer expuesta, que se dona.
Mas,
no puedo aseguraros
que lleguéis hasta mí,
a la raíz del llanto o de la risa.
Aún conduzco en medio de la niebla
y es largo este camino de carteles
por el que voy buscando mi morada.

Me doy
pero me guardo,
he ahí mi mercancía.
Dejadme que conserve
algún secreto
furioso
entre los dientes.

Por lo demás, leedme sin piedad.
(50 MUJERES DESNUDAS, Amargord Ediciones)

ENUMERACIÓN

Ayer, amado tótem:
tu cabeza
estuvo entre las fauces del león,
tocó la campanilla varias veces
y derramó
la leche que traía
(¡qué torpe!)
en mi portal;
volvió a cuestionar el mito de Platón en la caverna;
provocó ese diluvio
¡cuánta lluvia!
y destrozó mi arca de Noé;
y Troya fue sitiada por tu potro;
mordisqueaste la boca-manzana
con hambre de recién casado,
de eterno buscador del paraíso;
pusiste tu bandera en la Portada
de Antofagasta,
en la cueva
de Nerja,
en los aros de Saturno;
viniste disfrazado de bombero,
de Pollock, de Picasso, de Yves Klein;
ayer, querido tótem,
salpicaste vida en mi garganta.
(EL RELÁMPAGO EN LA HABITACIÓN, Editorial Nazarí)

ASALTO Y CLARIDAD

Y vuelvo a recordar que los helechos
desprenden sus sortijas en la sombra,
que el agua habla más claro en las acequias,
en grutas escondidas,
que es breve la estación del esplendor,
que hay que lanzarse al prado
antes que merme
la faz de lo secreto
y ver
y ver
y ver hasta colmarse.
(MARJALES DE INTERIOR, Editorial Aguaclara)

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