CADA TROPIEZO, UN DESCANSILLO

Poeta sugerido: Juan Zorrilla de San Martín

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Si escuchas se acabó lo que se daba
no sigas su consejo, no hagas caso,
el tiempo es esa cosa que se acaba
mas siempre está dispuesta a un buen repaso.

Sabido, mientras vida hay esperanza,
que nada se convierta en un reproche,
habrás de disfrutar a troche y moche
y en ello has de aplicarte sin tardanza.

Vivir, ese es oficio que se aprende
haciendo el caminar de paso en paso
sabiendo que ha de haber algún fracaso,
la vida sin fracasos no se entiende.

Se trata de aprender lo antes posible
sacando conclusión de los tropiezos,
fijándote en la flor de los cerezos,
cuidando no se funda algún fusible.

Vivir es navegar por anchos mares
a veces con el viento a la deriva.
Si ves que un día se hace cuesta arriba
mañana ha de volver a los andares.

Vivir, lo que es vivir nunca es sencillo,
vivir es ejercicio de valientes,
vivir, mejor hacerlo sonrientes,
haciendo del tropiezo un descansillo.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Juan Zorrilla de San Martín

Juan Zorrilla de San Martín

Odio y amor

El alma anhela amor: ley es del cielo;
y anhela aborrecer: ley de la tierra…
Odio y amor, indefinible anhelo,
que, del hombre infeliz, la historia encierra.
Infeliz yo no soy, mas que un desvelo,
una ilusión mi bienestar destierra.
¿Amaré a mi verdugo? Tengo miedo…
Odiar a mi ilusión… ¡Ah! no, no puedo!

Y ella acibara sin piedad mi vida;
es parte de mi ser que lo destroza;
gime el alma en sus brazos abatida
y sufre en el gozar: sufriendo goza.
No puedo amar esa ilusión mentida,
si la abandono, el corazón solloza;
ilusión: sufriré tu amor funesto;
más sabe que, al amarte, te detesto.

Tu y yo (Zorrilla)

Perfume de una flor que, al desprenderse,
ni una hoja de sus pétalos lastima;
tibio efluvio de luna de verano
que en el disco plateado se destila;
calor de una mirada de ternura
que atraviesa inocente unas pupilas;
roce de un alma que, buscando otra alma,
en sí misma sin ruido se desliza:

Lágrima que oscilando sobre el alma,
se evapora al color del dolor mío;
rumor de oleaje que, en desierta orilla,
rueda mugiendo entre escarpados riscos;
ave que huye y, al volar llorando,
quiebra la rama en que dejó a sus hijos;
nota que, al desprenderse de una cuerda
deja al pobre laúd, temblando, herido:

Imposible

Dejadme recordar; y en ese limbo
en que agitan sus alas los amores,
y suspiran insólitos rumores,
que el alma sabe traducir no más,
las palmas donde duermen los recuerdos
abaniquen mi frente soporosa,
que, al beso de su brisa mentirosa
en un seno de amor se dormirá.

¡Qué dulce realidad la del recuerdo,
vaga ilusión que a otra ilusión imita!
No entiendo el corazón cuando palpita,
mecido por su aliento celestial.
¡Y me habla tanto en su lenguaje mudo!
¿Cuándo lo entenderé? … Cuando la vida,
en mundo de recuerdos convertida,
de mentiras engendre una verdad!

Siemprevivas

¡A las flores emblema de la muerte,
las llaman siemprevivas!…
¿O será porque el vaho de las tumbas
sus ya marchitas hojas no marchita?

Al no poder llorar, ríen los hombres,
y, al mirarlos pasar, causan envidia.
¡Siemprevivas! si el bien tiene su llanto,
también tiene el dolor su amarga risa.

Vestales

Tomo tus flores secas; pienso y lloro…
Al reclinar en ellas mi cabeza,
¿por qué siento un almohada de pureza,
de frescura, de aroma, de ilusión?
Es que el recuerdo y el tranquilo llanto,
vestales que custodian los amores,
dan vida y dan perfumes a las flores
que la nieve del tiempo marchitó.

Himno del árbol

I
Plantemos nuevos árboles,
la tierra nos convida:
Plantando cantaremos
los himnos de la vida,
los cánticos que entonan
las ramas y los nidos,
los ritmos escondidos
del alma universal.

II
Plantar es dar la vida
al generoso amigo
que nos defiende el aire,
que nos ofrece abrigo;
él crece con el niño,
él guarda su memoria,
en el laurel es gloria,
en el olivo es paz.

III
El árbol tiene un alma
que ríe entre sus flores;
que piensa, en sus perfumes;
que alienta, en sus rumores;
él besa con la sombra
de su frondosa rama,
él a los hombres ama,
él les reclama amor.

IV
La tierra sin un árbol
está desnuda y muerta,
callado el horizonte,
la soledad desierta;
plantemos para darle
palabras y armonías
latidos y alegrías,
sonrisas y calor.

V
El árbol pide al cielo
la lluvia que nos vierte;
absorbe en nuestros aires
el germen de la muerte;
por él sube a las flores
la sangre de la tierra,
y en el perfume encierra
y eleva una oración.

VI
Proteja Dios el árbol
que planta nuestra mano;
los pájaros aniden
en su ramaje anciano;
y canten y celebren
la tierra bendecida
que les infunde vida
que les prodiga amor.

Fragmento X

¡Cayó la flor al río!
Los temblorosos círculos concéntricos
Balancearon los verdes camalotes,
Y, entre los brazos del juncal, murieron.

Las grietas del sepulcro
Engendraron un lirio amarillento.
Tuvo el perfume de la flor caída,
Su misma extrema palidez… ¡Han muerto!

Así el himno cantaban
Los desmayados ecos;
Así lloraba el uruti en las ceibas,
Y se quejaba en el sauzal el viento.

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