PONERSE LAS PILAS

Poeta sugerido: Laura Yasan

 

Les comento:
ayer las pilas me han cambiado a mi aparato
del corazón
¡qué invento y también qué bendición!
Y no es un cuento.
El médico me ha dicho que todavía tengo cuerda para rato.
Y eso a mi me hizo feliz.
No crean que un ardid,
una excusa es para charlar un rato.
Nada más de la operación salir me he hecho un trato:
el tiempo he de apurar. Pues no hay derecho
a desperdiciar ni un solo minuto que quedarme pueda
hasta finalizar de dar vueltas en la rueda.

Y dicho y hecho:
he puesto a mi cerebro a trabajar
así como a programar un calendario de tareas.
Y ya en primer lugar
lo más urgente que he de hacer es dedicar
todos mis esfuerzos a disfrutar y amar
dejando a un lado todos mi capricho y egoísmo
queriendo a los demás como a mi mismo
y al dios que corresponda las gracias dar
bendiciendo que aún permita que suban las mareas.

Y ya que con mi alma estoy en paz
voy a ponerme una meta, el cuidado de mi cuerpo,
tendré que caminar, andar y andar…
para así poco a poco liberar
las malditas toxinas de este muermo.
Pensar que cada día, cada hora, cada instante
de lo que le queda de la vida a este rapaz
¡por belcebú! que ha de ser capaz
de disfrutar como si del último minuto se tratara,
que viva esa fuente limpia y clara,
que apurar el último chorrito de agua es importante!
©donaciano bueno

El desfibrilador automático implantable (DAI), -también denominado cardiodesfibrilador o desfibrilador cardioversor implantable (DCI)- es un aparato, parecido a un marcapasos, que detecta y trata arritmias graves (fibrilación ventricular o taquicardia ventricular) que pueden desembocar en una parada cardíaca o muerte súbita cardíaca. Para recuperar el ritmo normal del corazón, el DAI administrará un choque de alta energía o descarga eléctrica. Este procedimiento se llama desfibrilación. Como veis, algo muy prosaico, pero muy efectivo como salvavidas.

POETA SUGERIDO: Laura Yasan

Laura Yasan

Barco encallado

cuando se quiere oxígeno
y hay sólo oscuridad para tragar
¿qué se respira?

cuando se quiebra el cuerpo como un barco encallado
en la tardía luz de una bengala

y el ciclo del fastidio
arroja contra el muro frontal de la locura
la edad de una mujer

cuando la piel expulsa su madera podrida
y el corazón bombea su mensaje de náufrago

qué duelo se anticipa al funeral
qué desencuentro escarba en la sequía
quién anda en esa furia cortando el eslabón
que la sostiene en la cordura
como unida a un desgarro.

Tracción a sangre

cargo en mi cuerpo una mujer inválida que baila cuando duerme
trenza el cabello blanco de la muerte para ganarse su favor
como una novia ciega que deba conformarse
con la corta memoria de sus dedos
despierta cuando miente
lleva un cascote atado a la correa de la lengua
va removiendo un surco tras de mí
una continuación que me persigue como una cola de chatarra
se enciende cuando callo
cargo su enfermedad en la penumbra de mis huesos
su equipaje de anemia
su andamiaje de circo
la quiero al otro lado pero el puente se ha roto
la primera mitad no le interesa
la segunda es negada
vuelvo sobre sus pasos cada noche
para ocultar la huella cada día
como el guardián de un ancla que se oxida
un perro encadenado a un desierto de vidrio
lamiéndose la sombra.

Llegar a salvo

hay que saber llegar hasta la orilla sin mojarse los pies
cruzar una ciudad en donde el agua es negra
y negra es la saliva de los perros
y negro el semen que descargan los ángeles
en las sábanas sucias de los partos
hay que hundir la cabeza con los ojos abiertos
negociar el ardor
forzar al corazón su máquina de aceite
y resistirlo a flote una noche completa
hay que entregar el cuerpo a la corriente
fijar la convicción
nadie vendrá para salvarme
no soltar la palabra que dispare el alud de un espejismo
nadie
vendrá para salvarme
tragar si es necesario
la sal que se desprende generosa de tu propio temor
sentirte el muelle de un puerto abandonado
una vieja estructura que el tiempo embiste sin control
hay que saber quedarse y aguantar
saber que no vendrá
para salvarme
nadie.

Apuntes de fe

creo en lo que se mueve detrás de la aspereza
en la instancia agotada de una promesa rota
creo en la inmediatez
creo en las despedidas
en los cuerpo vencidos por el peso de la parte que falta
creo en la vanidad
creo en lo efímero
en la trinchera que construye la noche con las piedras del día
creo en los pactos del azar
en la brutalidad de los sentidos
en esa dentellada que sufren los cimientos cada nueva estación

yo pego inútilmente la espalda a la pared
vivo en esa cornisa
tarde o temprano me romperé los dientes sin el menor estilo
sé predecir esa obviedad
creo en la conveniencia de recapitular
en la esforzada dignidad que me asiste
en los favores del instinto
más que en ninguna cosa.

Trapecio

al encuentro de qué me precipito
cuando salgo a buscarte
¿acaso intentaría deshabitar la historia
cambiar su decorado de pensión
donde una nena juega con su bebé de carne
a ser mamá de una muñeca?
¿acaso forzaría la visión de ese invierno
cuando aprendí a colgarme del trapecio
y la única red que me esperaba
era el hielo delgado de tu reprobación?
qué habré de reparar cuando te busco
¿no fui estrella en tu circo miserable
no lucí en su tarima mi vestido vulgar
ceñida por tus brazos en un corsé de plomo?
¿no traza el corazón siempre la misma ruta
bajo el sol calcinante del recuerdo?
¿no llego siempre al mismo sitio
ese abismo sin fin donde los hombres vacían sus maletas?
¿no es la propina que se gana en la arena
lo único que brilla en ese pozo
cuando salgo a buscarte?

Apuntes de viaje

llevo un registro
se parece al diario de un embalsamador
es lo que veo
cuando cruzo la ciénaga del habla
y atravieso ciudades que acaban de quemarse

siempre es del otro lado cuando mis ojos miran
y hay que correr un tren cargado de cadáveres
besarles la memoria
juntarles puñaditos de patria para torcerles el exilio
y remendar agujeros en la oscuridad

siempre es del otro lado donde soy extranjera
y asumo la violencia de un paisaje que nunca se completa
como se hereda una enfermedad
es lo que veo
cuando salgo a buscar ramas para la hoguera
y sólo traigo fiebre del pantano
palabras como pescados muertos
y una piedra en los ojos

Octubre

no tengo más que un fósforo para toda la noche y es octubre
un caballo cansado que me pasa la lengua por el pelo
un harapo de miedo
la edad que se articula en su tamaño
y se inserta otra vez por el aro del mundo
siempre en octubre vuelve y no trae palabras para mí
trae un silencio impuro sobre la boca cruda
y el beso que deseo
es apenas cadáver del consuelo
vuelco en octubre
soy tiza en la pizarra de sus ojos
y enhebro en la plegaria dijes de fantasía
muñequitas desnudas cuando llueve en octubre
cuando salgo a golpear por mi ración
y regreso a la cama con un vaso de leche
donde su gota de mercurio
brilla

Taxi blues

entro a la madrugada como un soplo de música por el cuerpo de un saxo
hablo con un extraño
blanda y lejana sobre la piel del tapizado
en una sorda intimidad
rodar por la avenida tripulando una cápsula de humo
nunca hay tormento en lo casual
sé que me miente
resbala en los detalles de una vida inventada para aguantar el vértigo de la velocidad
es demasiado tarde
y la noche me inquiere como un hombre a quien abandoné sin avisar
pregunta dónde estuve
qué puertas violenté
pregunta si sostengo todavía ese vidrio
si salgo a rayar autos con carita de ángel
le digo que a esta edad no se ve nítido
que anduve por ahí
que había una valija con sus cosas y no recuerdo bien cómo era el cuarto
nada más un color
una ventana abierta sobre la primavera
y después ya fue invierno pero no me detuve
le dije que perdí su dirección
le dije que fue fácil
tampoco le importó saber si le mentía

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