CABEZA DE CHORLITO/

Balbina Prios (poeta sugerido)

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Un pájaro he plantado en mi escritorio
no sabe ni cantar, decir ni pío,
posible es que el terreno esté baldío,
se encuentre aun sin preñar en paritorio
o acaso tenga frío.

Parece como un pollo sin cabeza,
de la cacharrería un elefante,
no canta y ya no encuentra quien le cante
con su medicación que es la pereza
de un paso que es rasante.

Quizá es que se ahoga o se atraganta,
no acierta a digerir, que es principiante,
o finge que él se muestra un gran farsante
marchando a a la deriva con la manta
de un sueño, el muy tunante.

O acaso es que no existe quien le escriba
se siente en esta vida prisionero
al ver como se abrasa en el caldero
lo mismo que el salvado que se criba
la tinta en el tintero.

Se encuentra como un mono de Larache,
maestro el que firmaba de Siruela,
que dicen que jamás él fue a la escuela,
de tanto masticar algún guirlache
se le partió una muela.
©donaciano bueno

¿Conoces a Balbina Prior? Lee/escucha algunos de sus poemas

Balbina Prior

Barco latino sobre el Támesis

¿Qué habría yo de buscar en este barco,
en medio de tanto cuerpo de salsa encendido,
desesperado en un país hostil a la cumbia,
que nunca baila con el tercer mundo y cerrados sus pubs
borrachos ninguna campana para nadie suena?

Londres, como si nada, flota sobre el Támesis,
inmune al pesticida derramado por todas las razas,
pero es una patera con inmigrantes sin dirección ni puerto,
como hinchado pez ilegal muerto sobre las aguas,
como petrolero a punto de vertido,
reventados ya sus tanques y a la deriva.

Desde siempre sin pasaporte como Joseph Conrad,
nada busco en esta inasible oscuridad,
nos vemos siempre obligados a avistar puerto,
y resabiados, acudimos a cualquier lengua,
cualquier alma, cualquier sexo para no estar solos.
Todos los indocumentados hemos encontrado siempre hostal
en la piel bordada del traficante, en los ásperos parques urbanos,
en la doble jornada en restaurantes griegos como Spiro,
incluso en los ojos dorados del sajón y su xenofobia,
abuso vetusto y perfumado de poder egregio.

(De En los Andenes de la Era Heisei)

Unos pocos minutos en América

aún entre la magia negra del jet lag
y la búsqueda del hotel en calle Veinte Art Decó.
Honestamente, como todo siglo un exceso,
demasiado pronto para situarse entre lo desconocido,
no queda sino la defensa propia contra el titán imposible,
del miedo una huida desesperada que me desborda.
He venido de lejos y sola, no hace falta que lo jure,
únicamente veo un agujero bruno en la pared,
librando nervioso su batalla entre los cuadros
de independencia, que nada aportarán a la historia ni al arte.

Me asomo apoyada en el quicio del Veintiuno,
me marea el violeta del drug store en la esquina,
acera izquierda y derecha, no hay paso de cebra,
y caigo en esta colcha ajada por tantos cuerpos y sus temores.

Hallaremos nuevos luminosos que nos aturdan
apoyados en el quicio del XXI, derroche ciego de lo mismo,
de frente a la nueva realidad que llegará con el alba.

Revisiones a la duda

Ayer me descubrieron un leviatán silencioso
que se ha alojado en mi más deseado trofeo,
aquel que desatara envidias por igualarlo,
el que despertó la codicia por poseerlo,
el que ofrecí por entero a ese amigo
y enemigo con el que comparto un solar
de sueños afiliados a lo imposible.
Y allí en el interior de mi estancia desolada,
al calor de mi seno se ovilla,
y ha decidido no marcharse si no a la fuerza.
No se irá a menos que le envíe
un bisturí de resplandeciente fuego,
obligándole a huir contra su voluntad de cobarde.
Habremos de luchar en desigual contienda:
contra su malignidad, mi fortaleza casi intacta;
contra su virulencia, toda constancia disponible;
y mi paciencia evitará su viscosa furia.
La lucha es a muerte y lo sé,
pero los tiempos han cambiado mucho,
ya hemos vencido aquellos tabúes,
intentamos construir andamios al maltrato,
estamos superando la exclusión milenaria
de la esfera pública y con suerte,
y mil revisiones a la duda,
acabaré con su mortal cabeza.

Casi intacto el amor

Llegado septiembre tendrá fecha nuestro contrato,
debo un par de letras al banco de la fidelidad
y tú, que el deseo te ha prestado hipoteca,
no pareces darte cuenta que el amor se hunde
como las pinzas de la ropa caen
aullando por mi patio interior.

Dejamos hace tiempo de intentarlo,
cuando la costumbre como el polvo
se había posado sobre nuestro mobiliario,
cuando la desidia se acumulaba
por el suelo como vacías botellas,
y para colmo se anegó el apartamento
por las mismas goteras siempre.

No soporto que te rindas
sin condiciones, que te cruces
de brazos como si ya el agua hubiera
llegado al cuello de la última ruptura.
No me dejas alternativa,
morir en los caninos del incierto destino,
probablemente soledad afilada,
o disparar con el fusil de mi abuelo
nuestra cómoda vida diaria;
morir al grill de un amor casi intacto,
o matar por dichas más imaginadas que ciertas.

Te has empeñado ciegamente
en arrastrarme atada a tus noventa
caballos, hirviendo mis manos y mi espalda,
por ti, desabrido amor.
Doy por seguro que despertaré a balazos
y todos estos años como sesos
esparcidos por la pared.

Una oficina propia

Nuestra tarea no es ya recolectar madura fruta
con trampa mortal que se muerda.
Ahora que en la casa dejamos atrás las naves hundidas,
sin olvidar la flor en el cabello
que nos perfuma desde generaciones,
no seremos más
púgiles en un ring sexual de barro,
superdotadas para el teatro del amor,
aficionadas al abalorio antes de iniciar la pubertad,
al ritual de cuerpos engastados en aceites nocivos
para que resbalen todas las enemigas.

No soy cobarde si eso me llaman,
desafío las etiquetas pasajeras de verde disputa
y negro fango, y no gritéis al viento parciales victorias,
si quisiera también hubiera ascendido
por el puente de plata que al deseado trofeo conduce.
Pero si frotamos bien el siglo Veintiuno,
nos permite formular un único sueño:

Él ya no será más mi oficina.
No será su cuenta bancaria,
ni una VISA ORO, corazón de plástico en su cartera,
el ansiado puesto de trabajo.
Él nunca más será nuestra oficina,
el sólo tragaluz para un sótano sombrío,
la única hiedra por la que escalar
el muro a un despacho propio.
Si aún queréis zurcir, cosed líquido valor a vuestras hijas,
en un top Delacroix de pecho desnudo y caminad, caminad.

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Me encuentro con mi pasado,le guiño y no me saluda,presiento, no tengo duda,que el muy tuno me ha olvidado.

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