DIFERENTE

Poeta sugerido: Juan Pedro López

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No es fácil encontrarse por la calle
a un ángel disfrazado de gusano
y menos que aparezca algún enano
alardeando adrede de su talle.

Que es distinto si tiene algún detalle
que llame la atención mas no se vea,
y aunque quiera que el ojo se recrea
después de rebuscar nadie lo halle.

Bien sabido es que somos diferentes,
nadie existe que sea igual que el otro,
que un caballo parece y no es un potro
veas, no veas, presumas de tus lentes.

Que aunque sea que mires poco o a poco
y destaques la forma, la colora,
todos vamos más tristes que una ñora,
todos somos más menos como un moco.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Juan Pedro López

Juan Pedro López

El rancho

Hay un pedazo en el mundo
de tierra que yo no olvido
es para mi tan querido
tan sagrado, tan profundo
Cuando en sus recuerdos hundo
mis nostalgias de cantor
hago versos del dolor
que mi corazón encierra
y se los canto a la tierra
que fuera un nido de amor.

Bajo el pasto que ha crecido
copioso y divinamente
se oculta para la gente
el hogar donde he nacido
¡cuántos recuerdos queridos!
duermen allí, yo diría
allí en esa tierra fría
tierra de mi corazón
oculta cada terrón
más de una lágrima mía.

Todos los hombres tenemos
del mundo en algún lugar
la tapera, el dulce hogar
el rancho donde nacemos
pero cuantos ni volvemos
a recordar tan siquiera
la humildísima tapera
donde una madre amorosa
besó la frente preciosa
del hijo por vez primera

Todo vive sepultado
del trébol bajo la alfombra
ni tan siquiera la sombra
sobre la tierra ha quedado;
el hombre con el arado
sus paredes hizo trizas
fuertes eran y macizas
pero al fin se doblegaron
y mis recuerdos quedaron
bajo un mundo de cenizas.

Cuantas veces he querido
dejar su memoria trunca
no recordarlo más nunca
echar todo en el olvido;
¡para que, si ya he perdido
lo mejor que allí tenía!
pero el alma, el alma mía
mira entre recuerdos muertos
como unos brazos abiertos
que me llaman todavía.

Masoller

Allá detrás de una sierra
se levantaba imponente
el sol, majestuosamente,
cubriendo de luz la tierra,
los pájaros como en guerra
lanzan al cielo su ruego
y en aquel desasosiego
de cantos a la natura
el sol… Tomaba la altura
como una mancha de fuego.

Treinta mil hombres ansiosos,
Bien armados y dispuestos,
Van ocupando sus puestos
Visiblemente nerviosos,
Los momentos espantosos
No tardarán en llegar
En los que han de realizar,
Con una furia estupenda,
La batalla más horrenda
Que se pueda imaginar.

Dos ejércitos reunidos,
Aunque en distintos parajes,
Esperan como salvajes
Del cañón los estampidos.
Los pajaritos heridos
Van el espacio buscando,
Ya no cantan, van llorando,
Porque alcanzaron a ver
Que ya están en Masoller
Los hombres malos peleando…

Son treinta mil los guerreros
Que a manera de espartanos
Están peleando entre hermanos
Como perros carniceros,
Todos blanden sus aceros
Con un ímpetu feroz,
Y de aquella lucha atroz
Quedaron en desconcierto
Sobre cada pasto un muerto
Como maldición de Dios…

El clarín vibra doliente
Como un quejido a deshoras;
Y las ametralladoras
Tiñen de rojo el ambiente
Y allá va un pueblo inocente,
Analfabeto y brutal,
A morir como animal,
Sin reflexionar… Tirano…
Que aquel que mata un hermano
Es mil veces criminal.

¡Vivan Los Blancos!… Grutaban
Los valientes de Aparicio,
Y camino al sacrificio…
¡Que mueran!… Les contestaban
Derrepente se alejaban,
Se volvían a entreverar
Y matando sin cesar
Ruedan los muertos y heridos,
Y los que no caen vencidos
Vuelven de nuevo a atacar.

La lucha va recobrando
Más fragor a cada instante,
Y sobre la sangre humeante
Van las víctimas quedando,
La muerte sigue diezmando
De ámbas partes por igual
Y al estépido infernal
De fusiles y cañones
Van rodando corazones
Y entre ellos… ¡Un General!…

Honda llaga abrió en el pecho
La caída del valiente,
Y su ejército imponente
Ya va sin rumbo y deshecho,
Saben que a morir, derecho
Marchaban como condenados
Y avanzan encarnizados,
Horriblemente sangrientos,
Como búfalos hambrientos
Los Blancos y Colorados.

Así perdieron la vida
Hijos que aún la madre llora
Y que la patria deplora
Tristemente arrepentida,
¡Pobre tierra bendecida
Por tus heroicos abuelos!
Y que hoy bastardos anhelos
Nos lleva al campo de acción
A morir sin más razón
Que el color de dos pañuelos.

Yo ya na soy partidario
De ninguno de los dos,
Quiero a mi patria y a Dios
Y a todo lo necesario,
Algún ser estrafalario
Con sus designios fatales
Condenó a los orientales,
A los hijos de mi tierra,
Para que vivan en guerra
como algunos animales

Después que todo termina
Reflexionan con espanto
Que todo es mentira, llanto
Desolación hambre y ruina,
La opinión nos asesina
Con su brutal puñalada.
¿Que importa que en la patriada
A unos el triunfo les cuadre,
Si después llora una madre
Sobre una tumba ignorada?

Y ese llanto derramado
Por las madres vale más
Que la guerra, que la paz,
Que todo cuanto han soñado,
Yo iré, sí, como un cruzado
A morir con hidalguía,
Pero esso será aquel día
Que insulten nuestro Pendón,
Por a una revolución…
No estoy loco todavía!

Doña Micaela

Cerca de aquel pueblo donde yó nací
De Canelones a una legua escasa
Bordeando un camino de “pitas” y “tunas”
Un rancho se alzaba
Era un rancho vlejo de ladrillo y zinc
Tan humilde y pobre, que hasta daba lástima
Y a pesar de todo soportaba el tiempo,
No se conmovía, ni se tambaleaba
Ese era mi rancho…
Allí nacimos todos…
Esa fué mi casa…
Bendito su recuerdo, aquí dentro de mi alma.

Había un pozo al trente
Al que un viejo sauce su sombra le daba
Era un pozo inmenso, obscuro y hondo;
¡pero tenía un agua!
Las má pura y sabrosa de aquellos lugares…
Según se contaba…
Todos los vecinos y los peregrinos
Tejían alabanzas
Para el agua pura de aquel noble pozo
de mi humilde casa.
Era tan famoso como era su dueña
Una pobre anciana…
Partera del pago hacía 50 años.
Tenía unas manos, decían las madres
Igual que una “santa”.

Mi madre y el pozo eran en el pago
Dos cosas sagradas…

Parece que aun siento después de 30 años
Una voz que llama…
Para repetirle lo mismo de siempre…
Doña Micaela?, deme un vaso de agua
¡Oh que pura, ¡que linda… Que fresca!…
Que Dios se lo pague!
Que agua divina, parece filtrada…

Y mi pobre madre
A veces descalza
Porque en el apuro perdía una “alpargata”
tendíale la mano,
al que allí llagaba
Con un vaso lleno, desbordante de agua,
de aquel viejo pozo de mi pobre casa…

Doña Micaela?, deme un vaso de agua!
Y era para ella un placer profundo
Cuando aquellos mozos y esas mozas guapas
Que ayudó a nacer
De cientos de madres de aquella comarca
Le pedían sedientos al pasar allí…
Doña Micaela?, Deme un vaso de agua!

Pobre madre mía!…
A veces lloraba de puro contenta
Cuando tantos hijos, que eran casi suyos
Al pasar llamaban y le repetían;
Dona Micaela?, deme un vaso de agua!

Todo está muerto
ya no existe el rancho…
Ni tampoco el pozo, y menos la planta…
Aquel viejo sauce donde yo pasaba
Las horas benditas de dulce infancia…
Todo está muerto
Ya no queda nada…

Sobre esos recuerdos, ha nacido alfalfa,
Un hombre muy rico
Compró aquella chacra
Puso dos obreros, con tremendas palas,
Que en poquitas horas taparon la boca
del pozo querido que aún se conservaba
Cual un centinela sobre una montaña…

Así terminó todo
Ya no queda nada
Nada que recuerde a los caminantes
La noble figura, la cabeza blanca,
la sonrisa triste de la pobre anciana…
Pero para muchos seguirá, viviendo
Como una leyenda
Aquellas palabras;
Doña Micaela?, deme un vaso de agua!…

El pozo y mi madre eran para el pago
Dos cosas sagradas
Yá se acabó todo
yá no queda nada
Ni padre, ni rancho, ni pozo, ni sauce
nada, nada, nada…

Payador

Payador no puede ser
cualquiera que se disponga
por más que en una milonga
pueda, el mozo, florecer.
Primero debe tener
conciencia de lo que toca
y si algún recuerdo evoca
debe hacerlo penetrante
para que sea el consonante
un pensamiento en su boca.

Porque arrojar consonantes
con facilidad pasmosa
eso… Resulta una cosa
de mediocres e ignorantes.
Los pensamientos brillantes
no se hallan a la carrera,
ni aquélla expresión sincera
que lo hace gaucho al cantor,
cuando canta con amor
derramando el alma entera.

Que para ser payador
no hay estuDios, ni se aprende;
es el divino fulgor
de un rarísimo señor
que ni él mismo se comprende.

Quemá esas cartas

Quemá esas cartas donde yo he grabado
Sólo y enfermo, mi desgracia atroz
Que nadie sepa que te quise tanto,
Que nadie sepa solamente Dios.

Quémalas pronto y que el mundo ignore
la inmensa pena que sufriendo está
un hombre joven que mató el engaño
un hombre bueno que muriendo va.

Te amaba tanto, que a mi santa madre
casi la olvido por pensar en tí
y mira ingrata como terminaron
todos los sueños que vivían en mí.

Yo ya no espero que tu amor retorne
al dulce nido donde ayer nació;
yo ya no creo que tu blanca mano
cierre la llaga que en mi pecho abrió.

Y te perdono… Porque aquel que quiso
nunca maldice lo que ayer besó;
gime y se arrastra sin tomar venganza
muere… En silencio… Como muero yo.

Más cuando en brazos de otro ser dichoso
caigas rendida de placer y amor
recuerda al menos que has dejado trunca
una existencia que mató el dolor.

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