SOÑAR, ESE ANTÍDOTO/

Daniel Rodríguez Moya (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo no sé si soy, no soy, o es verdad lo que ahora veo
que al vacío me he lanzado sin conocer mi destino,
ni sé si aquí estoy, no estoy o estoy borracho de vino
pues que en este desatino sólo sé que me mareo.

Ni sé si creo o no creo a el que dicen ser divino
pues no he sido un adivino, no lo he visto y no sé nada,
sólo quisiera pensar no soy parte en la manada,
no hay derecho de pernada mas yo siempre desafino.

Quisiera pensar que soy, aunque a veces ya lo dude
un lindo y simple galán de una alegre mariposa,
un zorzal con sus polluelos, su nido, su humilde choza
y si soy y acaso fui, saber si hice lo que pude.

Que a veces yo me he sentido un tipejo incompetente
que engañándole a su mente. a sí mismo se ha mentido
que ha inventado mil patrañas o en las mismas se ha escondido
para acaban confundido o sentirse un indigente.

Y el tiempo que he consumido no he parado de dudar
con el miedo a naufragar y enfréntándome al ocaso
sin poderme yo aclarar. Y es por eso y por si acaso
que he seguido paso a paso no dejando de soñar.
©donaciano bueno 

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Daniel Rodríguez Moya

Epitafio de la tumba del poeta desconocido

Nunca salvó su patria.
Tampoco en gesto heroico
dio su vida por ella.
Bajo esta tierra yace,
acaso algunos metros más al sur,
un hombre perseguido
por sus propios fantasmas.

Los periódicos

Los periódicos son papeles lentos.
Nos cuentan que mañana
habremos enterrado un nuevo día
que no va a repetirse.

Así pasan sus páginas,
como briznas, un agua que emborrona
titulares, esquelas, anuncios por palabras.

No sé cuál es su magia,
si el olor de la tinta, sus manchas en los dedos
o tal vez sean sus fotos, nunca claras del todo
como el amanecer en un puerto con bruma.

Los periódicos nunca se recuerdan
pero llenan estantes de memoria imperfecta.
Es algo que aprendí poco después
del día en que murió el abuelo Tomás.
Él me enseñó a hojearlos, a leer entre líneas,
también a que se hicieran necesarios.
Esos lentos papeles de los que desconfío.

Pintas peces y pájaros

Con Ibis Palacios, alumna del taller de poesía de
Ernesto Cardenal en el Hospital La Mascota.

Pintas los peces del Río San Juan
con ojos tristes
pero aprietas el lápiz a la vez que tu gesto
con tanta fuerza.

Ignoro si será la rabia contenida
que explota al dibujar un sábalo real
azul intenso sobre un fondo viejo,
libreta de hospital llena de sueños.

Perfilas también pájaros y espantas
el vuelo amenazante de un negro zopilote
que aguarda como el cáncer
a comerse tu cuerpo que juega junto al agua.

Las páginas se llenan de trazos de colores.
La quebrada en el río,
dentro nadan los peces: un guapote,
también un roncador.
Y te quedas muy fija,
shhhhhhhh
hay que guardar silencio
para no despertar a los jaguares
que has pintado durmiendo
tendidos en la hierba.

Escribes un poema
como dice un señor de barba blanca,
–igual que su cotona– y boina negra:
Se tiene que escribir como se habla.
No tienes que rimar, el verso ha de ser libre,
y es mejor emplear los nombres propios,
de pueblos y personas, de ríos y montañas.

Por eso de tu lápiz
se escapan como el agua las palabras,
que son los mismos peces que dibujas.

Trazas versos tan libres
que vuelan del papel como los zanatillos
y los guardabarrancos,
tan sinceros, que escribes sin temor:
Me gustan los poemas
y me gusta la vida.

Mail delivery failed

Cuánto vale el acierto de una palabra justa.
Dónde van los tahúres cuando se sienten solos.
Quién deambula en las calles por las noches desiertas.
Cómo crece el asombro, la sorpresa de un niño.
Por qué algunos espejos son ojos entreabiertos.
Qué cura la resaca de la melancolía.
A qué correo electrónico envío estas preguntas
para que no regresen al buzón,
extraño el remitente y el mensaje:
“Mail delivery failed,
returning message to sender”.

Caracolas

Para asomarse al mar y conocer
el nombre de los barcos arruinados
y el rostro de marinos
que acabaron sus días convertidos en algas,
Neruda fue guardando caracolas,
fragmentos de memoria en espiral,
un silbido de tiempo sin relojes,
un susurro de sal
y voz de arena.

Descartes – José Luis Borges
Soy el único hombre en la tierra y acaso no hay tierra ni hombre.
Acaso un dios me engaña.
Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión.
Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna.
He soñado la tarde y la mañana del primer día.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron Cartago.
He soñado a Lucano.
He soñado la colina del Gólgota y las cruces de Roma.
He soñado la geometría.
He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen.
He soñado el amarillo, el azul y el rojo.
He soñado mi enfermiza niñez.
He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo del alba.
He soñado el inconcebible dolor.
He soñado mi espada.
He soñado a Elizabeth de Bohemia.
He soñado la duda y la certidumbre.
He soñado el día de ayer.
Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido.
Acaso sueño haber soñado.
Siento un poco de frío, un poco de miedo.
Sobre el Danubio está la noche.
Seguiré soñado a Descartes y a la fe de sus padres.

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