MALDITOS ADIVINOS!

»Mi Poeta aquí sugerido: Washington Daniel Gorosito Pérez

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Los hados me legaron un halo de infortunio
que sigue y me persigue y nunca me ha olvidado,
quisiera se abstuviera mirando hacia otro lado
pues solo él ha acertado naciera el mes de junio.

Lamento pues conmigo no fueron complacientes,
los astros, los planetas, ¡malditas predicciones!
y así que les ignore me pisan los talones
pues siento sus pisadas que siguen persistentes.

Salud, dinero, amores los tuve, no me quejo,
y aun sigo algún consejo para encontrar mi sino
que indique mi camino para llegar a viejo.

En tanto aquí aun espero bebiendome un buen vino,
prefiero si es Ribera, mejor si éste es añejo,
Y olvido a mi zodiaco, condeno a ese adivino.
©donaciano bueno.

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MI POETA SUGERIDO: Washington Daniel Gorosito Pérez

Washington Daniel Gorosito Pérez

Pájaro poeta

Una máquina de escribir rota
descansa bajo el encino,
vieja como las enigmáticas estrellas.

Un pájaro azul
pica las teclas desvencijadas,
extendiendo sus delicadas alas.

Las palabras
vuelan una a una,
se acomodan a su gusto
formando líneas de versos,
que el viento susurra
y
surgen
rayos luminosos por doquier
en la etérea transparencia.

Extraño conflicto,
poesía y luz
retan a la oscuridad
de las crisis humanas,
más versos para amanecer
y llegará la claridad.

Claridad

¿Cuáles son los límites de la noche
que trajo el hombre?

¿Hay nostalgia en la sombra?

Mi mente ya enajenada
busca la claridad.

Mi energía está mal orientada.
¿Cómo escribir poesía?

Cuando hay tantas cosas “útiles”
por hacer, dicen por ahí.

Crisis, crisis, crisis, crisis,
se oye un murmullo que
acaba en grito ensordecedor.

De valores, económica, moral,
racial, política, crisis…

Mientras yo poeta,
humildemente,
descargo mis frustraciones
en unos cuantos versos
en los que se incluyen
trocitos de esperanza.

Esperanza en el ascenso

Descendemos,
de eso no hay dudas.
La paz endeble en que vivíamos
se ha roto, dicen “para siempre”.

¿Qué nos queda a los poetas?

Escoger entre el conformismo
y la sedición

Callar o escribir,
sólo eso nos queda.

Eso sí,
aborrecer la neutralidad,
existir pese a todo,
a pesar de los presagios,
de las crisis, de la muerte.

Es que hay mucho por hacer
en el exilio de las palabras.

Descendemos,
como el sol al final del día,
y
como la luna
los poetas
nos rebelamos.

Palabras perdidas

Lluvia de letras sobre el paisaje del desamparo.
O. Paz.

Me envuelvo en las palabras
como un manto protector.

La poesía me separa
del áspero mundo de las manipulaciones
mecánicas y normalizadas.

Desciendo recordando
el abismo del destino.

Me faltan las palabras redentoras
para alumbrar las tinieblas humanas,
sacudidas por estruendosas crisis
y sus monstruos,
las bombas, la pobreza, la esclavitud,
que no dejan percibir
el triste susurro del alma.

Por lo tanto tristemente
no me puede sorprender
que me falle una y otra vez
el lenguaje
para pintar la realidad
y brindar una
esquelética esperanza.

Esquelética esperanza

No se ven las mariposas,
sólo un puñado de gorriones
caminan velozmente dando tumbos por la calle,
picando piedritas de colores.
El aire frío duele
y la falsa calma abruma.
Antesala de metamorfosis,
palabras clausuradas
el tiempo del silencio
o la complejidad del silencio.
Un pájaro símbolo
hilvana melodías
ese poema sonoro es la ruptura
esquelética esperanza.

Tu ciudad

Montevideo,
tu cuerpo de siglos,
silencioso y gris.

En las calles rumores de tu ausencia
invaden el empedrado
mojado por las lágrimas del adiós.

“El poeta marchó al exilio”,
dice un grafiti en un muro montevideano.

Puerto y tango llorón.

Raíces

Ciertos días
vuelvo sobre mis pasos
y miro debajo del sol.

La niebla descendente,
fresca y gris,
ahoga la claridad.

En la oscuridad me pregunto:

¿Soy lautreamoniano por
montevideano?

Montevideo no olvida

Montevideo: falsa puerta en el tiempo.
Jorge Luis Borges
La tardecita sangra sobre el Plata
un rojo ceibo cubre el horizonte
en la orilla sur del mundo.
Una bandada de aves nocturnas
abofeteadas por el viento
lanzan sus trinos angustiosos
sobre la Ciudad Vieja atardecida
se van sombreando
sus calles adoquinadas.
La Iglesia Matriz se erige hermosa
con su arquitectura sencilla y sobria
como su pueblo.
El campanario mudo
donde no muerde el viento
no despertará al viejo barrio.
Dicen que hallaron restos
de la antigua muralla de la ciudad
que nació fortificada.
Un sideral silencio de siglos
se rompe y descubre perennes historias
la puerta abierta al tiempo,
a las raíces, a la nostalgia,
al ayer.
Montevideo no olvida.

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