UN PEQUEÑO GRAN IGNORANTE

Poeta sugerido: Manuel Bernabé

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(Al gran Maestro don Manuel Alcántara)

Era un sitio pequeño, tan pequeño
que allí ya ni cabía la esperanza,
futuro era decir adivinanza,
vivir lo que es vivir solo era un sueño.

Yo quería vivir y no sabía
-los niños somos grandes ignorantes-,
los padres, los maestros, pignorantes,
debieron de saber qué pasaría.

Pasó lo que debiera que pasara
-que el pasado se funde en el recuerdo-,
y no existe ni Dios que lo parara.

La existencia es el fruto de un conjuro,
-y en ella recordando hoy ya me pierdo-,
y he pagado soñando contra un muro.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Manuel Bernabé

Manuel Bernabé

LO IMPOSIBLE – (EN UN ALBUM)

En la flor de tus labios adivino
algo ideal que tu hermosura viste,
mientras, soñando en ellos, bebo el vino
de un ensueño de gloria que no existe.

Lo imposible es un ala que nos roza
creando en el dolor fuertes enojos.
¡Ay! No poder volver hasta mi choza,
llevando la presea de tus ojos!

Le diría a mi madre:–¡Madre mía,
pon tu albo traje, alégrate sin tasa;
ya tenemos los dos, de noche y día,
Un milagro de Dios en nuestra casa!

SOLDADO-POETA

Dios ha puesto en el arco de tus cejas
la excelsitud de un arco-iris santo,
igual que pongo un borbotón de canto
en una lira de cadencias viejas.

En el hondo negror de tus guedejas
la Noche obscura distendió su manto,
esa deidad que sorprendió mi llanto
más de una vez en tus doradas rejas.

Ven, y no tardes más. Dios ha querido
que fueras la paloma que convida
a las ternezas místicas del nido,

y yo, un fuerte soldado apolonida,
que, recogiendo mi pendón caído,
con la espada y laud, te dé la vida.
Julio, 1919.

¡CANTA, POETA!

(A SALVADOR RUEDA, DURANTE SU ESTANCIA EN MANILA) (FRAGMENTO)

Embajador de madre Hispania: alzo la copa
a lo alto del Ensueño por la salud de Europa,
la Europa uncida al yugo del hado militar
bautizada con sangre por aire, tierra y mar,
la Europa que há rencores de hermanos entre hermanos
pero jamás de bardos indios y castellanos,
porque es la onda que corre por la arteria del verso
piélago de armonías que baña el Universo.

La España de hoy es sorda a irrumpir de metralla
ahita de laureles en cesáreas batallas,
no quiere ya ser cuna del Cid y de Pelayo,
de la Armada Invencible, los Tercios, Dos de Mayo,
la que hizo de los pueblos haz de suelo español
en que no se ponía la hipérbola del sol;
ramo de oliva porta en sus divinas manos,
que no quieren teñirse en sangre de cristianos,
consiguiendo el arrullo de la fabla rimada
lo que soñara en vano tiranizar la espada.

Tú, que al partír de Cuba, inclinada la frente,
cojiste tierra, «para besarla eternamente»,
lee en el libro abierto de mi Naturaleza,
donde es panal la vida y otro Dios la belleza,
donde, como en un pórtico de bienaventuranza,
encontrarás a cada aurora una esperanza,
y en la mujer, la flor, el nido y los alcores,
oirás la sinfonía de todos los amores;
el cielo, siempre azul, sin mácula ni daño,
que da eternal cobijo al propio y al extraño;
los árboles ciclopeos que alzan la copa al cielo
y hunden, por defenderse, la raigambre en el suelo,
de corteza tan amplia, que unida la cintura
de tres gigantes de descomunal figura;
el Apo y el Maquiling, el Taal y el Mayón16
de fraguas encendidas como un gran corazón,
incensario de fuego hiriente en el altar
de la patria, como un eterno luminar,
como idea que salta del crisol de tu mente,
como el anhelo indígena de ser independiente…
Nota 16: Volcanes filipinos.

Y así, mientras la Europa riñe feroz contienda,
y España es madre que no olvida a su hija ausente,
también como guerrero de acero no humillado
que alegra la vejez mirando en el pasado…

Ese es el pueblo tuyo, que canta diplomacias
del rey Alfonso XIII, flor de las democracias;
que con la unción del reino te entregó el estandarte
tutelar y simbólico de la Paz y del Arte,
para que tu voz fuera en mi indiano solar
el reparto y renuevo de un amor secular,
(el árbol que la entraña de nuestro bosque cría
en cada retoñar acrece su ufanía);
para que tu voz fuera el aviso y proclama
de que el idioma hispano no muere, pues se le ama,
y España es madre que no olvida a su hija ausente
a quien dió sangre e idioma en un rincón de Oriente;
y de que es ley que el vínculo espiritual subsista
por cima del destino, del tiempo y la conquista.

Heraldo de grandezas de la matrona ibérica,
que pulsaste la cítara en la española América,
y envuelto entre los pliegues de su argentino manto
volcaste toda el ánfora de tu lirismo santo,
la flor que aroma, clave que trina, el río en calma,
como en el laberinto de sus dudas el alma,
te brindará su encanto la paz de los cañales,
desatará tu rima bajo espesos mangales,
te pondrás en el cuello un collar de sampagas,
la flor amada de las vírgenes dalagas…
Verás, al fin, un breve Edén en el planeta
que no pudo jamás soñar ningún poeta.
Canta, poeta, canta. Pienso y no es desvarío,
que ha de inmortalizar tu canto al pueblo mío.
Septiembre, 1915.

BLASON

Al ver los oros tenues de tu encaje,
tu lino de eucarística blancura,
quiero curar mi hidalga desventura
encarcelado en la prisión de un traje.

Tal que mis potros es mi amor salvaje;
pero, en mi sed de clásica aventura,
yo deshojo una flor a la hermosura
y la rindo perpetuo vasallaje.

Ya se que afirmas que no sabes cómo
el ciego impulso de mis potros domo;
pero perdona si a mi vez te arguyo,

Que este mi amor es impetuosa fiera
que sólo una mujer domar pudiera
con un mirar celeste como el tuyo.

MI ADIOS A ILOILO

Antes de abandonarte, ciudad maravillosa,
que ungiste de alegrías mi peregrinación,
quiero dejar prendida en tu escudo una rosa,
que yo he santificado ante el altar de Otón.

La nave lleva al bardo. Pero en la silenciosa
lágrima que yo vierto, queda mi corazón;
y el noble ilongo amigo, como la ilonga hermosa,
vivirán por los siglos dentro de mi canción.

Más alto que el kanuyos cerniéndose en los montes
mi alma tenderá el vuelo a extraños horizontes,
cantando de los pueblos el himno redentor;

Pero, así bramen vientos y se refosquen cielos,
hacia estas islas sacras retornará sus vuelos,
¡como el ave que vuelve a su nidal de amor!
Abril, 1920.

CASTIDAD

Mujer, ¿te acuerdas? Con la sien caída,
en tu palor marmóreo de azucena,
tú desleías, como un alma buena,
todo el rosal de una ilusión perdida.

Aquella tarde fué. No sé si herida
en la raíz de tu virtud serena,
mi audacia fácil añadió otra pena
al calvario de penas de tu vida.

Llorabas y reías. De tu boca,
rojo nidal de sierpes del deseo,
fluían en suspiros mil encantos…

–¡Qué loco eres!–dijiste. Y yo, ¡qué loca!–
Pero en medio de tanto devaneo,
–¿lo recuerdas aún?–fuimos dos santos.
Julio, 1920.

ESPAÑA EN FILIPINAS

I
La dulce Hija, postrándose de hinojos,
dice a la Madre, a tiempo que sus ojos
leve cendal de lágrimas empaña:–
–«Dios ha dispuesto el término del plazo
y ya es la hora de romper el lazo
que nos unió tres siglos, ¡Madre España!

II
¡Madre, sí, madre! Sobre mi haz tendido
va fermentando el anhelar dormido
y, el germen abonado se agiganta,
la gratitud es flor del alma mía,
y no muere la clásica hidalguía
donde se irgue tu cruz, tres reces santa.

III
Puede venir el águila altanera
y hundir el corvo pico en la bandera
de gualda y oro, que nos da alegría;
podrán poner a mi garganta un nudo,
que cuando ¡el labio se retuerza mudo,
irá a gritar el alma: ¡Madre mía!

IV
¡Dichoso instante aquel que vió a las olas
dialogar con las naves españolas,
llevando a Limasawa a Magallanes!
De entonces a hoy, portentos mil se han visto,
y es que el poder de España arraiga en Cristo,
manso y sin hiel, multiplicando panes.

V
Soberbio es tu ideal, como tu gloria,
largos siglos ataste a la victoria
al carro de tu funesta monarquía.
¿Cómo no amar tu gesta no igualada,
si en las fronteras que humilló tu espada,
el gran disco del sol no se ponía?

VI
Mas, ¡no es la espada omnipotente sólo
la que al brillar del uno al otro polo,
obró cien maravillas en el llano;
es la esencia vital de las Españas,
que al invadir palacios y cabañas,
prestó eficacia al ideal cristiano.

VII
Quién empuñó con varonil denuedo,
en los tiempos de Lope y de Quevedo,
«el cetro de oro y el blasón divino»;
quién sembró de fé en la individual conciencia
decoro en la mujer, que es otra herencia,
luz en las mentes y oro en el camino.

VIII
La que duerme arrullada por el cántico
de las ingentes olas del Atlántico;
la que empujó a Colón hasta la entraña
del mundo nuevo, que copió su hechura;
la que llevó a las pueblos fé y cultura
y áuras de libertad… Esa es España.

IX
España, la invencible soñadora,
que monta rocinantes a deshora,
los toros lidia, viste la mantilla,
ama la jota y al danzón se entrega,
mas cuyo acero no es una hoz que siega,
sino arado que pone la semilla;

X
La patria de la vid y la verbena,
que fía a la guitarra su honda pena,
dominadora de la Argel moruna,
la que las tierras incas civiliza,
hidalgo pueblo, de otros cien nodriza,
única madre que meció mi cuna.

XI
Los claustros de tus Cuevas y tus Prados
noche y día miráronse atestados
de hijos nativos del saber amantes:
hiciste héroes y armaste caballeros,
y aun late en el cantar de mis troveros
la dulcísima lengua de Cervantes.

XII
¡Oh rica fabla espiritual! Simula
cordaje de una cítara que ondula,
–es blanda arcilla y música ese idioma–,
claro choque de perlas y corales,
remedo de los coros celestiales
que de Dios mismo su raigambre toma.

XIII
Si lloro, se unifica con mi llanto,
impregna hasta el kundiman17 cuando canto,
y es en la liza imprecación y alerta.
Podrán hurtarme mis veneros de oro,
pero al perder tan singular tesoro,
es que habré sido traicionado y muerta.

Nota 17: Canto popular filipino.

XIV
Rizal, Mabini, del Rosario y Luna,
hijos míos y tuyos son. Cada una
lleva en la frente un evangelio escrito.
Si yo les dí mi maternal entraña,
no empresa mía fué, sino de España,
fundir el alma en su troquel bendito.

XV
La Cruz de Arrechedera y Urdaneta
está en mis cielos, tabla es que sujeta,
cuando zozobra, al bien; porque a despecho
de las más encontradas ambiciones,
tu religión, tu fé, tus tradiciones,
han abrigo recóndito en mi pecho.

XVI
En el curso del tiempo, desenvuelto,
tú, España, volverás,–¿Qué amor no ha vuelto?–
Presa en la red del propio bien perdido:

serás un ave, enferma de añoranza,
que va a volar cuando la noche avanza,
en dirección al solitario nido…

XVII
Si están ahitos de llorar tus ojos,
y en otros días te causara enojos,
la era de paz y de perdón se inicie.
¡Oh, qué mejor que tras la despedida,
seamos como el agua, en dos partida,
que se torna a juntar en la planicie!

XVIII
…Mientras la vista atónita vislumbra
la luz de redención en la penumbra,
e hijos del alma apréstanse a las lides;
¡vé, Madre! Y digan valles y colinas:
¡Gloria a la Madre España en Filipinas!…
¡Loor eterno a tí! Tú, no me olvides.»

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