VIVIR SIN RESPIRAR ES IMPOSIBLE/

Andrea Cote (poeta sugerido)

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* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

 

Me acerco hasta mi hogar. Tomo aire fresco.
La vida se me escapa a cada paso.
Me pongo a recordar. Hago un repaso.
No sé qué pinto aquí que nada pesco
y nadie me hace caso.

Intento disfrutar. Tomo un refresco.
Recurro cual un ciego a su alegato.
Mis nietos miro y veo en su retrato.
Percibo un panorama harto grotesco,
ya solo paso el rato.

Me doy la media vuelta. Al cielo miro.
Y el cielo tras la nube va y se esconde,
le grito al muy ladino y no responde.
De qué sirve vivir si hoy no respiro,
ni hay nadie que me ronde.
©donaciano bueno

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Andrea Cote

Llanto

(Premio Mundial de poesía joven «Puentes de Struga», otorgado por la Unesco)

María,
hablo de las montañas en que la vida crece lenta
aquellas que no existen en mi puerto de luz,
donde todo es desierto y ceniza
y es tu sonrisa gesto deslucido.

Allí es Enero el mes de los muertos insepultos
y la tierra es el primer cadáver.
María, ¿No recuerdas?,
¿No ves nada?
Allí nuestras voces son desecas
como nuestra piel
y se nos queman los talones
por no querer saber
de las casas incendiadas.

Hablo María
de esta tierra que es la sed que vivo
y el lecho en que la vida está enterrada.

Piensa niña,
en que esto no es vivir
y la vida es cualquier otra cosa que existe
húmeda en los puertos donde el agua sí florece,
y no es hoguera cada piedra.

Acuérdate, María,
que somos
pasto de perros y de aves,
hombres calcinados,
cortezas vacías
de lo que éramos antes.
¿De qué estás hecha? niña mía,
por qué crees que puedes coserle la grieta al paisaje
con el hilo de tu voz,
cuando esta tierra es una herida que sangra
en ti y en mí
y en todas las cosas
hechas de ceniza.
En nuestra tierra,
los cuervos lo miran a uno con tus ojos
y las flores se marchitan
por odio hacia nosotros
y la tierra abre agujeros
para obligarnos a morir.

PUERTO QUEBRADO

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado,
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras
que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre-
y que es como nosotros
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,-
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

FERVOR DE TIERRA

Que este hambre propio
existe,
es la gana del alma
que es el cuerpo.
Blanca Varela.

Yo digo
fervor de tierra,
y es la maleza
que es el tiempo
y es la maleza
que es Dios
creciendo en descampado,
la maleza de Dios,
que es el cuerpo.

Pero nadie se ocupa del fervor
del sagrado corazón,
sagrado pulmón,
nuca,
falange,
costilla
del sagrado húmero ya no se ocupa nadie.

Yo digo
fervor de tierra
y es la rabia que cosecha el cuerpo
que lo taja
y lo hunde en la maleza de los días.

Tenemos un fervor ufano,
profano,
fervor desde arriba,
desde abajo
y en la tierra
que es donde ponemos la herida que nos hizo la mano de Dios:
el cuerpo.

Yo digo
fervor de tierra
y es la maleza
la rabia que nos siembra
en la tierra del fervor.

HISTORIA

Mi confesión tiene miedo
aún así,
deja que pase
que esto que escribo no es como hablar,
niño,
sólo es dejar de hacerlo
y la que nada puede
es la que dice que no
que me tapo el vacío con el cuerpo
y lo que oigo
no es el sonido
de lo que viene a instalar la madrugada rugiente,
los estíos
las pérdidas,
sino la voz
de los que no te dejan dormir
cuando dicen
que hay que pagar por el sueño
y acordarse de lo peor
que es Dios resbalando
en las mejillas
de los niños
que saben que van a morir.
Mi confesión tiene miedo
pero esto que escribo
no es como hablar, te digo,
sólo es dejar de hacerlo
me tapo el vacío del cuerpo
que es lo que como
y rompo
y malgasto
en la trastienda del amor
y la palabra
que es la que nada puede
es la que dice
que no guardes mi tiempo plisado
en tu baúl de escolar
mientras confieso
que no hago otra cosa que mirarte
y que esto que escribo no es como hablar
que me tapo con vacío el cuerpo
que es lo que tomo
y rompo
y reclamo
en la trastienda del amor.
Mi confesión tiene miedo
y dejas que pase
y los que no nos dejan dormir son los que dicen
que Dios resbala en la mejilla de los que
van a morir temprano
y se acuerda de lo peor,
de que esto que como
y rompo
y malgasto
es la trastienda de mi amor.
Y los que no nos dejan dormir
saben
que hay que pagar por el sueño
y doblarlo
y temerlo
arrugado
en tu baúl de escolar
que es lo que nada puede
pero dice
que me gusta saber que estás cerca
y que escribo para no hablar
de los días
y de lo que urgente
se prepara para pasar.

LABERINTOS

Sé que caminamos por vías paralelas
hacia el centro de algo.
Pero mientras anochece en ti y en mí
ya no hay retorno.
No ignoras que para Ariadna
el hilo era una forma de llegar adentro.

DESIERTO

La tierra que jamás quiso tocar el agua
es el desierto que al norte está creciendo como un estrago de luz.
Pero los hombres que han visto el despoblado
-su amplitud sin sobresaltos-
saben que no es cierto que la tierra esté reseca por capricho,
o sin ninguna bondad;
es nada más su manera de mostrar
lo que transcurre bellamente sin nosotros.

2.

Es para el dios de lo deshabitado
que se alzan templos invisibles
en la borrasca del desierto.
Es para él
que los árboles enanos inclinan en la arena
sus ramas
humildes,
fervorosas.
Es para que no te aferres
que existe un dios de la ausencia,
un señor del desierto
que sabe
que
como la sombra
hay cosas que existen
por la fuerza de una luz
que las rechaza.

Quiero saber qué es la piedra
que tanto me conmueve
qué es en verdad,
la ruina que nombro.
Ya sé
también
escribir es derrumbarse

3.

Nuestra tierra es desigual
abre surcos
avanza,
se interrumpe.
Sabe romperse.
Nuestra tierra
tiene brevísimos puntos
en que la luz
se colma
o se deshace
y una grieta
brillante
y despoblada,
en donde tiembla

UNA MUJER

que sabe
que todo será el desierto
un día
al fin
desierto,
señor de los marchantes.
Verás,
yo no digo que el paisaje
fuera eso
pero supe de una tierra desprovista
en la que todo hacía ruido
e incluso
la existencia discreta de la rama,
pretendía un rumor,
un sonido,
un traqueteo vegetal.
Digo que he oído,
que dijo
que las cosas no existen en la tierra;
existen como ella
que todo
al fin,
un día,
será el desierto
y
Sabrá romperse.

LECCIÓN ÚNICA SOBRE COSAS VIEJAS

Ya dije

no sé quién inventa el olor de las casas,

no sé.

Más aún si lo que te gusta es mirar desde arriba
la vista ruinosa de los tejados
y la pared deslucida
y los muros
y las sucias puertas de las casas viejas de aquí.
Más aún,
si ya no recuerdas que
no es el olor
sino la bondad de la cosas
al exhibir su derrota.

CENTER

A las cuatro de la tarde,
entre los viajantes de Chinatown
le digo:
Yo sobreviví al terremoto y al agua.
Soy 1979 partiéndose en dos
y lo que usted piensa ahora mismo,
también lo soy.
Soy una muchacha suave
-soy china-
Como esa
que cree usted
se vería mejor callada
y despeinada
en otra parte
y no aquí,
que se vería muy bien desnuda
y estirada
en un cuadro de Modigliani.
Soy ella
Claro, Sí.

Y, por supuesto,
señor,
yo soy Modigliani.
Soy la punta de la estrella,
y la cosa de papel que cae desde el aire en los aniversarios,
el autor de la teoría
de que el espíritu
es el hueso que no se puede roer.
Soy las ganas de romperse y de decir algo.
No puedo pagar la entrada al cine,
pero salgo en todas las películas
y por eso estoy sucio
y cansado
y más triste que dios.
A esta hora
soy el cartón
y la masa
y la muchacha ideal,
la esterilla de papel
y la esquina morada
y lo que dejaste en la estación.
En el ano de 1979
yo le doy la vuelta a mi casa
y la hago explotar.

Soy el pie en el estribo
y la última cosa en que pensó Paul
y soy capaz de decir cualquier cosa porque estoy sucio
y no puedo pagarme la entrada al cine.
Soy el autor de la teoría del espíritu
y soy un lado del espíritu
y soy la muchacha ideal.
En verdad,
señor,
yo soy Chinatown.
A toda hora
y en demasía,
Tengo una calle en cada esquina del mundo
y soy,
naturalmente,
lo único que nos queda.

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