MUCHACHA TRISTE

»Mi Poeta sugerido: Luis Alvarenga

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¡Oh, muchacha apenada que en la arena,
-el lugar donde el mar peina las olas-,
vas soltando la broza de tu pena
para así liberar de su condena
sentándote a sufrir con ella a solas!

Tus ojos cual dos lunas de tristeza
impregnadas de un tinte de acetato
van trazando una raya con destreza
simulando una flor en la maleza
con torcido e ilegible garabato.

Mientras sufres dolor llega la brisa
a tocar suavemente en tu mejilla
provocando una mueca, una sonrisa
que inocente se cuela en tu camisa
haciendo travesuras de novilla.

Aprende de ese niño y su pelota
cómo juega feliz justo a tu lado
siempre atento a mirar por donde bota,
y la sigue y la sigue si rebota.
Se pierde Y al minuto se ha olvidado.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Luis Alvarenga

Luis Alvarenga

El Ángel

A Silvia y Delia, en lo que aún no nos perece

Abierta está el arca:
Se renueva el rito de manos enlazadas.
Es noviembre.
Vi tierra nueva al ver
fijamente a tus ojos.

Hablábamos, entonces, de los días ya idos,
en los que tú hollabas suavemente,
lo suficiente como para conmocionar
a los peces del abismo.
Una encendida novedad nos agitaba.
Descubríamos el imperio del pectoral
el pozo donde nacía
un segundo corazón.
Eran tiempos de alegre hambre, creo.
En el azar venía también el momento del vacío,
el desfiladero que nos aterrorizaba,
pero al cual volvíamos
con alas de abeja.
Venías y me dabas flechas antes de volver a irte.
Yo cruzaba de nuevo el Río del Olvido.

En la luz descubro que los fantasmas
aún no han venido.
Esto es lo que me queda: luces,
un campo de juegos donde admirar mis distintas sombras.
Y sin embargo,
se oye el oleaje desde ayer deslumbrado
como desde el refugio de un caracol.

La sierpe

¿Es este el día? pregunté.
Su mirada no me dijo nada.
Ella miraba a mis muertos
cuando miraba hacia mis ojos.

Onanística

Te imagino
saliendo recién parida húmeda
de una quebrada que sólo yo sé
el cabello apenas en el lunar
dos lunas líquidas de pronto endurecidas

Te sabés acosada
por las pandillas del deseo
los niños de la bala
aún no se han quitado los pasos

Te sabés acosada por los poetas que te hablan
y luego duermen
acompañados de su mano.
Tan sólo un poro tuyo
bastará para salvarnos.

Selva oscura (I)

Es selva y desierto
la playa que encuentra
los restos de mi día deslumbrado.
«Hombre he sido», dice la Palabra,
que ciego me toma
y me resguarda
de los cristales del sol
de las fieras
que a todo solitario acechan
a mitad del camino.

Selva oscura (V)

Yo he sido las sombras de todos esos condenados.
A mí, todos los horrores de este círculo.
Yo fui más allá de las cenizas
y fui el perfume que se dilapida entre sedas.
Fui quien enloquece
por un cuerpo tibio
y luego cae desde la torre al escarnio.
Soy las lágrimas que vierten
los penitentes,
el futuro malbaratado
por el cielo fugaz
de una rosa abierta,
el que perfuma la tarde
y sus cenizas.

Selva oscura (VII)

‘Pape Satán, Pape Satán Aleppe’

No gastó de sí todo el canto insomne.
No guardó para sí la zozobra del que amó.
Lo veo y me digo:
el Enemigo no sólo
es el que rabia
contra el sol.
El soplo de la fortuna
disipó los granos de su mansión.

Selva oscura (XVIII)

¡Delta fluvial
al que llegar a tientas con la palabra!
Yo amanecía convertido
en el tacto
que hace brotar otra vez
las sinuosidades.
La boca pronuncia
tu nombre por primera vez.

Incrustación de caverna en una pared sin oscuridad

Un fantasma de tiza blanca
acecha, ligero,
el silbo de los libros. Desde aquí puede verse
el lar donde los ancianos de allá
acostumbran a pasear casi regimentales
dejando tal vez la factura buena
de un calendario de jade y obsidiana.
¿Erase de una parábola x y
o de una parábola descifrable
a fuerza de palabras de todos los días?
Sus ojos de la costa de Sara brillaban allá abajo.
Y yo no puedo menos que hacer de este viejo salón razonable
un modesto monumento
a lo que fuera su dermis
rozando las estrellas en un parque.

Algún día serán tus manos y las mías
casa de nuestros hijos.
Podremos andar para ese entonces descalzos
sin miedo al sol que quema los ladrillos
enloquecidos por las raíces de los árboles
y ya dejaremos de hablar en voz tan baja.
Al entrar en la oscuridad
lo haremos con profundas heridas
de luz en la vista.
Sólo de hoy quedarán
nuestras manos como haciendo punto de partida o promesa.
Y cumpliremos.
Cumpliremos como gotas interminables sobre las rocas inhumanas.

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El remordimiento (Jorge Luis Borges).

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

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