QUISIERA CONVERTIRME EN BESO

Mi Poeta sugerido: »Jesús Beades

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En beso yo quisiera convertirme
rezumando la sabia de tus labios
libando sudoroso antes de irme,
cual gesto de amistad al despedirme
sin rabia, sin dolor y sin resabios.

Mas no insistas querer atribuirme
la causa ser de algunos desengaños.
Pues nadie se atreviera a mi a advertirme
que no ibas a parar de zaherirme
fingiendo tretas mil y mil apaños.

Ser beso desprendido que se apaga
que nada en tenebroso mar incierto
y antes de al puerto aproximar naufraga,
agarrado a la boya de una llaga
el beso aun no nacido y que ya ha muerto.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Jesús Beades

Jesús Beades

Soria negra

Hay unas huellas en la nieve sucia,
unas huellas descalzas en la nieve.
Entre el barro y la nieve se retiran
hacia la fronda oscura, unas pisadas.
Resuenan como yendo hacia el futuro
y borran tras de sí todo vestigio,
toda carne esculpida en los portales.
El rumor que acaricia los portales
es Soria recordada en blanco y negro,
abismado confín, allá en el río,
escenas ahogadas, fotos falsas,
y el olmo viejo que ya no resucita.
Y Soria ya no existe en ningún mapa,
el mapa era yo mismo y lo he matado.
Tú misma te mataste hace ya tiempo
y te suplanta una figura extraña.

LAMENTOS A LUSCINDA

No acostumbro a beber cuando estoy triste.
Sin embargo, esta copa la levanto por ti,
en esta noche sórdida, por común y aburrida.
Pasan las nubes lejos, rápidas como años.
No sé si un Neverland las espera y acoge.
Es un país de plata y de llovizna
sin tristezas, ni adioses, ni más tópicos.
Qué horror. Siempre los tópicos. El Triste,
me podrían llamar (como a Cirlot)
mis bravos compañeros. Escribiente de nada.
Dime, amiga ¿sabrías tú decirme
dónde está El Dorado? ¿Dónde algún paraíso,
una isla pacífica, unos brazos de hogar?
Tus brazos servirían, tu cariño de siempre.
Qué mierda esta tristeza, sin embargo,
que lo confunde todo. Dime, ¿fingirías por mí,
una tarde, un ratito, que el mundo es todo brisa,
brisa pura sin dientes ni cuchillos,
que me quieres, y nada se interpone?
Pero es pedirte mucho, ya lo sé.
Qué pena que me quieras, que te quiera,
y siempre falte algo, sobre algo, huya algo,
y este lodazal con sus espinas, o sea, mis pecados,
y la trinchera sórdida, quiero decir: la noche.
No debiera beber cuando estoy triste.
No estoy acostumbrado. Fíjate lo que ocurre.

Petición de mano

Y como si la vida
no fuera más que un juego de palabras,
anduvimos un tiempo sobre la superficie leve de las cosas,
sin tomarnos en serio,
a lomos de una risa y de unos libros,
como una fresca espuma de champán.
Dame la mano, niña,
y entremos en el Bosque de las Hadas
donde todo tendrá su consecuencia.
Aleluya al buen Dios de las cosas reales,
más duras y cortantes que el acero,
más frías que la aurora, y aún más bellas.

LA PASIÓN SEGÚN BACH

su Majestad la Muerte viene hambrienta
aquel levántate y anda fue una gran bofetada
sí maldita Betania malditos sus amigos
que no hacen sino nacer de nuevo a cada paso
que no hacen sino lanzarse a Sus Ojos sin término
pero esta vez sí esta vez será diferente
tenemos una cruz un perfecto patíbulo
que ni el Hijo del Hombre escapará
INRI
esa es la palabra
Mateo toma nota y el maestro barroco pone música
a la muerte infame del Maestro
los oboes son pájaros cantores
delicados frutos de la creación que lloran al Creador
las flautas son los sauces que lloran al Redentor
los contrabajos surgen de la tierra
remueven los sepulcros por obra del Espíritu
los violines parecen construidos
con cabellos de ángeles arco iris finísimo
que vienen a consolar a la Inconsolable
la Hermosa la Reina de todos los llantos María
Kyrie Eleyson
maldita sea este Dios no se deja
crucificar sin más se obstina en redimir el universo
legiones de mártires vírgenes amas de casa funcionarios
negros rojos blancos atraviesan la cruz
el infinito se abre como la boca de la ballena de Jonás
sólo que al revés
maldita sea
la redención se acerca galopando
navegando por la arteria del tiempo
Feliz culpa
gritan las calaveras del calvario
por el Hijo de Dios que se alza minúsculo
que gigantesco atrae todas las cosas
que musical barroco eterno decidido
canta con los coros con el aria canta al Padre
dónde está
oh muerte
tu victoria

NON NOBIS

Y ahora que tu esfuerzo se ve recompensado
con un hermoso premio en la Ciudad de Soria,
y por fin has oído, un momento, la Gloria
(ese rumor de aplausos), y te ves publicado,
y alguien que no conoces reseña tus poemas
en páginas leídas por la gran minoría,
te citan en lecturas, y ves, de pronto, un día
que tus amadas líneas se estudian por morfemas
en la Universidad. Ahora, piensa un poco:
recuerda que eres polvo y el polvo que levantas
cuando caes al suelo. También que no son santas
ninguna de tus obras, y que sería un loco
pensamiento el orgullo. Y medita un segundo
que el Premio que tú esperas tampoco es de este mundo.
De La ciudad dormida (2005)

Meditación sobre la orquesta

Oigo la orquesta que se eleva y canta,
cómo atacan las notas los primeros violines,
y cómo les responden los segundos, las violas,
y el timbal que subraya la frase, reclamando atención.
La violinista rubia de la primera fila
está tan concentrada que ya no piensa en Mozart.
La madrugada incierta, las tostadas veloces,
los niños a medio vestir y el café con leche desnatada
se deslizan ligeros por sus manos
confiriendo un extraño temblor al ataque del re,
una sutil caricia que sin embargo es triste,
que esconde su divorcio y sus pastillas
en la masa orquestal, que la transmuta en aire y armonía.
El hombre del bigote que abraza un contrabajo
por el contrario siente veneración por Mozart,
desde que vio Amadeus en el cine Alameda, con sólo nueve años,
y lo apuntaron al Conservatorio. Mientras avanza el Kyrie,
la ciudad se confunde con un sueño,
multicolor y rápido y gozoso, y no recuerda
la hipoteca, el coche en el taller, ni su alopecia
y ni siquiera ve, en la cuarta fila,
a sus hijos que escuchan orgullosos.
La chelista, el tenor, y las sopranos,
todos vienen de un sueño que es su vida,
hasta este despertar en medio de la música,
más real que el metal y la madera, que el sudor y los focos.
Una desilusión amorosa se torna
un acorde de sol disminuido. Un aprobado
en la cadencia ágil que resuelve una frase.
La muerte de una madre,
en esa disonancia que reclama un sentido. Poco a poco,
se desteje la vida en hilos sueltos
y se tejen de nuevo
y forman el amén que cierra el coro.
El director, con gesto concentrado
se inclina ante nosotros.
También calla su yo y sus circunstancias
que mueven la varita cada noche.
Y señala a los músicos, dirigiendo el aplauso para ellos.
Y aplaudimos. Y aquellas vidas
son bendecidas por una partitura
que me bendice a mí, y a todo el público,
y al resto de la vida que, al salir del concierto,
reanuda su Obertura, como siempre.

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