A LA MUERTE DE UN POETA

»Mi Poeta aquí sugerido: Gerardo Guinea Diez

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Gala haciendo de honor y de hidalguía
subió se su alma libre hasta el parnaso
un día triste y gris en que el ocaso
con un requiebro cruel le bendecía.

Un breve rezo de dos avemarías
y un responso formaron su breviario
en la recta final de su calvario
entre un flujo de insignes letanías.

De nada le sirvieron sus esfuerzos
ni cantos de sirena, ni plegarias.
Sus versos, ahora huérfanos, son parias.

Las ranas que escribió ya son escuerzos
que inútiles de alzar al aire el ala
quedaron bajo el yugo de la pala.

Sufriendo otra jugada más del cielo
ahí se pudrirán junto a su anhelo
para, tristes, velar su desconsuelo.
©donaciano bueno

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Comentario del autor sobre el poema: Para la mayor parte de los poetas, cuando mueren, sólo quedan unos versos que ya nadie nunca leerá.

MI POETA SUGERIDO: Gerardo Guinea Diez

Gerardo Guinea Diez

NAUFRAGIOS (EL CUERPO DEL NIÑO KURDO)

Hoy cayó un general
y vos, boca abajo, ahogándote
de soledad y noche
-Ruiseñor que cantaba-

Veo tu cuerpo y su playera roja
tu brazo derecho en la arena
quién tuviera la voz de Bola de Nieve
y cantarte: duerme, duerme negrito,
pero el dolor naufraga entre palabras.

No irás al olvido
porque todo te nombra,
el llanto de tu padre,
el relámpago de tu silencio.

Sí, mi niño, hoy cayó un general
y las olas que mojan tu frente
son la danza postrera
de nuestra miseria.

Sí, mi niño, mi niño boca abajo,
calvario inmóvil,
ángel sin alas,
encallado por la vileza de la guerra,
eres el que pintaba pájaros azules
en los brazos de la tarde.

Sí, mi niño, mi niño boca abajo,
faro de mar adentro,
tu cuerpo de tanta alma
será letanía de manos abiertas.

Sí, mi niño, mi niño boca abajo,
tu amargo puerto
es la pregunta que quedó
en soles ciegos
y pesadumbres blancas.

Qué te doy

¿Qué te doy de mi cuerpo?,
prestado a otros cuerpos,a otras vidas.
¿Qué puedo darte de estas frases?,
préstamo de otras.
¿Cómo te doy del sueño y color de
otras manos, mis flores?
¿Cómo te doy mis brasas para no arderte?
¿Cómo recoges mi polvo?
¿Cómo darte mi viento, si la
humedad coronó su tiempo?
¿Cómo te doy mi almohada, si
ya no hay madrugada?
¿Como te doy la nada?
¿Acaso tú,heredera del silencio
puedes darme otro cuerpo?

La Lluvia

Es la lluvia, la hormiga que asciende lenta
en la hoja intemporal;
es la hoja, la lluvia que moja
el negro paraguas;
es el paraguas,
la sombra donde crece el delgado tallo;
es el tallo,
el fulminante verde que amanece en mis ojos;
son mis ojos, los creadores de la página;
es la página,
el epitafio de las letras;
es la letra,
el caos de mi nombre.

No habrá nada

No vendrán y aquí estamos
con la comida lista
y ciertas penas que contar.

No volaremos sobre el abismo
donde descansa ese dolor acogido,
listo para develar esta historia.

No habrá pacto de salvación
ni consuelo porque las pérdidas
fueron muchas y la luna es privación.

No habrá arrepentimiento
ni sonrisas que perdonen
a un arcángel ofuscado.

No habrá vida,
nomás sobremesa con el país que existe
y se aferra a pensamientos caídos.

No habrá nada,
sólo barcas en sosiego
para una verdad muerta.
de Cierta grey alrededor, Colección Pregón, de Gerardo Guinea Diez.
Publicado por Magnaterra Editores

LA RISA DE LAS MUERTAS

RÍAN erguidas mientras
marzo calienta con sus cifras
el frío de la morgue
y una ráfaga de melancolía
se columpie en las horas
y en las sábanas del verano.
Rían ciegas y tristes
en el puñal de los partes policíacos
y la moribundez que alimenta
las semillas del odio.
Rían con luz en los labios
nocturnas y aborrecidas
por sus tatuajes
y sus desordenados furores.
Rían para purificar el aire
de la pestilencia del rencor,
rían para que todos dejen
su cadáver interior
y curen su hipo de burdel.
Rían, pájaras, a los homicidas,
a su amargura sorda;
rían ciervas heridas,
libres de la arreciada muerte,
hártense de ese sediento festín
de carne y vida,
hártense de esos pobrecitos.
Premio Nacional de Literatura 2009
de Antología (1984-2006)

NEGACIONES

Sean para Antonio Camargo
estas negaciones

I
No son los días sino sus entrañas
lo que flota en este río de crímenes,
dispuestos en su miseria a ocultar
lo que la hartura nombra casualidad.

No son los días sino los hombres,
con su gran ojo sin alma,
todo escombros ellos,
los que imaginan un lienzo irreal
con una dulzura obvia y un aire torvo.

No son los días sino su pesadumbre
la que arde en llamas,
sin cenizas que la sofoquen,
sin esa hosquedad de un rebaño de piedras,
sin entrañas,
que nos han dejado sin la luz del consuelo.

No son los días sino su historia
la que se abate como un ángel ebrio,
con aliento espeso y mala fiebre
a decirnos del pasado y un final
sin perdón ni piedad.

No son los días sino las palabras,
las que dan continuidad a un brillo gris
que suspende el tiempo en su luz ahogada,
apenas, en el rostro de una virgen aterida,
ayer niña,
más sueños que vida,
echada sobre su dolor sembrado,
ante una eternidad sorda y cobarde.

II
No pesa el miedo,
es voz helada
y muertos que no están en su sitio.

No huele el miedo,
es luto sucio
y huérfanos que tantean su animal.

No es cuerpo el miedo
sino pena sola
bajo el pájaro de la noche.

No es vida el miedo
sino muerte lejos de sí
entre dedos que rezan cuando.

No es vino negro el miedo,
es perro sin pestañas
y una mano más vieja que la otra.

No sabe el miedo,
es beso frío
y una locura sin nunca.

No es ruina el miedo,
es la caducidad del suburbio
con sus hojas sucias y viejas.

No es histrión el miedo,
es un soplo de muerte
en el fango y un rocío de sangre.

Fragmento del libro de poemas Negaciones

FUENTE DE PENAS

SÍ, te lo escuché decir:
era un crápula,
pero cómo te amaba;
sí, te lo escuché llorar,
de bruces en un abismo de lágrimas,
sin amparo, derribada por el hachazo;
pero, qué haces con las astillas,
qué, con la mitad de esa luz
que te ciega como una luna.

Sí, te lo escuché decir:
era un crápula,
pero te amaba
como un bendito sin cordura,
venerándote entre ruinas
y la asfixia de su infierno.

TU PATIO

Propicio es el martes para festejar
y decir lo que la sangre no puede,
pero en tu casa desierta mora un deseo
que naufraga en un mar de ruinas
petrificadas en su cólera,
más allá del sueño de la estirpe,
en la orilla del naranjo de tu patio,
con un silencio hundido en sus raíces,
obediente a un dios caído.

Propicia es la gloria equivocada,
pero tu casa desierta con la cama tendida,
entre desmayos y flores degolladas,
ordena el Paraíso que tu escrupulosa voz
modela.

Propicio resulta el día para erigir la noche
y soñarte con un niño entre los brazos
y una jarra de agua en la azotea del cielo;
lo es cuando el gallo anuncia la madrugada,
indigesta de dolor y malos augurios;
propicia, es pues, cuando pactas tranquila
la tragedia de mundos infinitos,
mientras un cometa se enrosca en tu cuerpo
y mi avidez desanda el camino de tu patio.

CÓMO PESA VERTE

Te veo con este peso
que dibuja un telar de amor,
y el corazón es un ánfora
a punto de reventarse,
una bestia coceando a ciegas.

Te veo y cae una mentira
que desflora la mañana
y me obliga a hincarme,
a estar en la penumbra del silencio,
en el lienzo que te pinta
como un tallo que alimenta
perversidades y resplandores.

Pero, quién recordará tus ojos celestes,
quién dirá tu nombre
y con eso baste para calmar la sangre
y los deseos de nuestra gracia;
quién,
quizá la piedad de ese hombre
que te sueña y guarda en secreto
el sabor de tu alba;
quién,
quizá mis ojos que rozan
tu fosa cuando resbalan hacia la locura.

POSESIONES

Ya no tengo adónde volver mis ojos,
muertos son los vivos
que deambulan por el corredor
con su nada, agitando banderas
sin un final apropiado.

Ya no tengo adónde volver mis ojos,
y agónica suena el agua del cántaro
cuando tus pies pisan el precipicio
y tus manos desde la locura,
desovan mis deseos.

Ya no tengo cómo rescatar el día,
que se niega a levantarse de la losa
donde las piedras acumulan décadas
y el tiempo, en su horario carnicero,
revienta sobre el pavimento la demencia
de lo que siempre está siendo,
más allá de tu rostro,
más acá de lo que se desmorona.

EL ABECEDARIO DE MI MUJER

Tú, hija del mar,
tocas la frente insomne del día
y diestra en salvaciones,
anegas la cólera
con balbuceos gozosos
que dan ganas de reír
y morirse en esa última realidad
tan habitada de ligerezas,
naranjas y buganvilias.

Tú, hija del mar,
algo sabes del gentío
que llena las calles
de un esplendor absorto,
óseo y duro como sus miradas.
Tú, hija del mar,
gracia y alimento,
respiras el vivir del mundo,
diestra en tu trono de luz
y mangos de leche,
eternamente desplomas
tu hambre de vida
con los frutos rojos,
amarillos y verdes,
donde encalla adormecido
un año de mil días.
del libro POEMAS PARA EL MARTES (2003-2005)
PREMIO MESOAMERICANO DE POESÍA LUIS CARDOZA Y ARAGÓN

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