LA VIDA SIN …VIDA

Francisco Antonio Gamboa(Poeta sugerido)

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¿Qué hay vida sin amor?, una putada.
¿La vida con amor?, una faena.
Que es el arte de aunar gloria y condena.
Mientras dura está el alma obnubilada
siempre expuesta a morirse de gangrena.

¿El sexo sin amor? es puro vicio.
¿El amor sin el sexo?, es una excusa,
una idea sutil, algo confusa
que amenaza lanzarte al precipicio
pues convierte a la amante en una musa.

Yo, poeta que soy del siglo veinte
que apenas he aprendido a escribir versos,
la musa no he de hallar aunque lo intente
y el amor dudo acuda de repente
conmigo a degustar mis universos.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Francisco Antonio Gamboa

Francisco Antonio Gamboa

¿Por Qué?

Si sabes lo que pienso cuando escondo
tu recuerdo en mi mente soñadora,
si sabes lo que busca mi alma ardiente
cuando la invaden del amor las olas;

si tú has soñado lo que yo he soñado,
si tú has oído–como yo- esas notas,
resonancias de músicas lejanas
que vibran en regiones misteriosas;

si tú has sentido como yo he sentido
volcarse el corazón hora tras hora,
si sientes en tu pecho los oleajes
de un océano de amor que se desborda…

¿Por qué no estalla la pasión ferviente
-tempestad de las almas que se adoran-
por qué calla ¡cobarde! el labio trémulo
y las manos, convulsas, no se tocan?

Sueños

A mi maestro el señor don Alcides Isaacs

¿En dónde, en dónde encontré la ignota,
resplandeciente, luminosa idea;
la que en la mente de los genios brota
cuando la mente de los genios crea?
¿En qué región del éter encendido
Homero halló la inspiración gigante?

¿En dónde tienen su ignorado nido
las tempestades del terrible Dante?
¿Dónde de Albión el trágico sublime
bebió la hiel de todos los dolores:
desde el que oculto en la conciencia gime

hasta el que grita blasfemando horrores?
¿Por qué tener la aspiración ardiente,
la sed de gloria, el incesante anhelo,
si faltan alas para alzar, potente,
al infinito el majestuoso vuelo?
¿Por qué la chispa que el cerebro enciende,
la chispa excelsa que la mente inflama,
en mi cabeza con su luz no prende
de la divina inspiración la llama?

***
Ah! yo he soñado con mis regios cantos.
mis áureos himnos y valientes odas,
llenos de fuego, majestad y encantos,
y admiración de las edades todas!
Que de los Andes en la enhiesta cumbre,
donde la lava entre la nieve brota,
envuelto en rayos de celeste lumbre,
mientras Atlante el continente azota,
¡he hecho temblar el Universo entero
al estallido de mi voz potente,
mientras el mar, con su rugido fiero,
se alzaba en olas a besar mi frente!
¡Y endiosábanme en himno altisonoro
los pueblos todos, de entusiasmo ciegos,
y me ensalzaban en su lengua de oro
resucitados los poetas griegos!

***
Rasgóse el velo en que fulgura el astro,
testigo eterno de la eterna Historia,
y, atrás dejando luminoso rastro,
sus áureas alas desplegó la Gloria.
……………………………………….
Beso de fuego calcinó mi frente,
y entusiasmada, con sus manos bellas,
puso la Diosa en mi cabeza ardiente
su corona de fúlgidas estrellas.
Los umbrales remotos y sagrados
salvé de lo ideal, con planta inquieta:
ya no hubo para mí mundos vedados:
¡se amaban ya la Diosa y el poeta!

***
¡Y yo le daba mis excelsos cantos,
mis regios himnos y brillantes odas,
llenos de fuego, de vigor y encantos,
y admiración de las edades todas!

Heces

I
Si yo, que ya no tengo ni una sola,
¡ni una sola ilusión!
y que miro al través de un velo negro
todo cuanto subsiste bajo el sol;
si yo, que cuando siento
dentro el pecho latir mi corazón
me asusto, cual si oyera que algún muerto
golpeara de su tumba en lo interior;
si siendo como soy, a cada instante
sufro una decepción,
¡cuántas no sufrirán las pobres gentes
de quienes sin piedad se burla Dios,
llenándoles el alma de quimeras
y cándidos ensueños de dichas y de amor!

II
¡Ah mujeres! mujeres! qué adorables
son todos vuestros locos desvaríos!
¡Oh! cómo tiembla el alma estremecida
al vivo ardor de vuestros besos íntimos!
***
¡Ah mujeres! mujeres! quién creyera
que si no son mentira o son capricho,
vuestros más fervorosos entusiasmos
sólo son histerismo!

III
No arranques de mi pecho la saeta
que tu mano, temblando, me clavó;
quiero gozar sintiendo en mis entrañas
el veneno terrible de tu amor.
¡Ah, qué dulce saber que emponzoñado
se lleva el corazón,
saber que allí las ilusiones mueren,
insectos viles en nociva flor!

IV
Yo soy nuevo Prometeo
encadenado en la roca
de esta vida miserable
que me fastidia y me sobra.
Y el buitre de corvo pico
que mis entrañas devora,
es este mundo insensato
que en mis tormentos se goza.
……………………………………..
¡Si se extinguiera la entraña!
¡Si se rompiera la roca!
Pero ay! … ser larga la vida
cuando debiera ser corta!

En Secreto

Voy a leer con dulce arrobamiento
lo que su mano trémula
ha confiado a ese libro en que ha vertido
sus íntimas, preciosas confidencias.
He visto allí mi nombre;
he visto el nombre de ella,
y he adivinado ya muchos idilios
al ver junto a esos nombres ciertas fechas.

Y siento en cada página el perfume
que en todo lo que toca siempre deja;
y siento en cada hoja
el terciopelo de su mano inquieta.
Allí están los renglones:
la huella misteriosa y duradera
que, al pasar, han dejado
el corazón y el pensamiento de ella.

¡Cuántas veces, tal vez -en esas horas
en que la virgen candorosa sueña;
cuando se duerme el sol, y los luceros
enamoran, brillando, a las estrellas-,
la que escribió estas páginas hermosas
habrá puesto su lánguida cabeza
sobre este libro, que dichoso guarda
sus emociones hondas y secretas!

¡Tal vez se borrarán muchas palabras;
tal vez, frases enteras…
cuando llanto de gozo
sobre este libro vierta,
y deposite, loco de entusiasmo,
un beso en cada letra!

Paráfrasis

(De Paul Bourget)

La luz de una tibia mañana de estío
inunda los campos con áureo esplendor:
el aire está lleno de dulces aromas:
arrullan sus hijos las blancas palomas
y un salmo de vida se eleva hasta el sol.

Y desde la inquieta, fugaz mariposa,
que tiende sus alas al aire sutil,
al ciervo garrido, que alegre devora
el tierno retoño nacido a la aurora…
ay! todo a mis ojos se muestra feliz!

Y yo que transito por esta campiña,
sintiendo del pecho la sangre correr,
abierta una herida que nunca se cierra,
perdido en las sombras, sin nadie en la tierra,
¿ ya nunca en mi alma la aurora veré?

Los males pasados, los crueles tormentos,
las viles traiciones de pérfido amor,
¿no puedo olvidarlos? ¿La tierra no olvida
en estas mañanas de luz y de vida
el soplo de muerte del negro aquilón?

La muse malade, Charles Baudelaire (1821-1867)
Ma pauvre muse, hélas! qu’as-tu donc ce matin?
Tes yeux creux sont peuplés de visions nocturnes,
Et je vois tour à tour réfléchis sur ton teint
La folie et l’horreur, froides et taciturnes.

Le succube verdâtre et le rose lutin;
T’ont-ils versé la peur et l’amour de leurs urnes?
Le cauchemar, d’un poing despotique et mutin
T’a-t-il noyée au fond d’un fabuleux Minturnes?

Je voudrais qu’exhalant l’odeur de la santé
Ton sein de pensers forts fût toujours fréquenté,
Et que ton sang chrétien coulât à flots rythmiques.

Comme les sons nombreux des syllabes antiques,
Où règnent tour à tour le père des chansons,
Phoebus, et le grand Pan, le seigneur des moissons.

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