TENTACIÓN

»El Poeta sugerido: Enrique Segovia Antepara

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Anoche, de noche, justo esa noche,
no me preguntes día, no recuerdo,
cuando dios en el cielo hizo un derroche
probando si este ingenuo fuera lerdo,
quiso llegar con él a algún acuerdo
cual si fuera un disfraz o algún fantoche.

Vime inmerso en ignota sacristía,
la calavera, cruz y una sotana
y un letrero que decía: “mente impía
piensa hoy bien pues quizás no habrá mañana”.
Seré sincero, dije con desgana,
por más que insistas, mi alma siempre es mía.

Alma, razón, el corazón son eso,
pesada levedad del ser que siente,
que piensa que es consciente, que es avieso,
que sabe lo que piensa, es consecuente,
e impide que le arrastre la corriente
robándole a traición su mejor beso.
©donaciano bueno

Comentario del autor sobre el poema: La tentación siempre está ahí presente, aunque no lo percibas, de pronto toma impulso y ¡zas! te pone en un brete. Y no creas que siempre es fácil salir de ella. Hay veces en las que incluso te tiras de cabeza.

POETA SUGERIDO: Enrique Segovia Antepara

Enrique Segovia Antepara

Canto a la muerte

Me ha fascinado la muerte
con sus miradas azules.
Me ha arrebujado la muerte
entre sus diáfanos tules.

Me ha dado un beso la muerte
con su labio de amaranto.
¡Oh, qué milagroso encanto
el encanto de la muerte!

Alejado de las cosas,
profundo en su sueño vago,
yo me nutro como un mago
del veneno de mis rosas.

Sapiencia sutil y pura
que me enseñó la hechicera.
Amasar nuestra amargura
como un pedazo de cera.

Quién dijera, quién dijera,
hermano de días iguales,
que las úlceras fatales,
el dolor de la carrera,

todo, todo, se armoniza
en sus manos, de tal modo
que bendecimos el lodo
porque encierra la ceniza.

Y está escrito –tal lo advierte
la tierra que nos convida:
el hombre amará la vida
por ambición de la Muerte.

Y es ella, que no se esconde,
la que en lengua amortiguada
a nuestra ansiedad responde
dos blancas sílabas: nada.

Hombres, hombres ya cansados,
cancerosos de esperanza,
pensadores torturados
por ciencia que no se alcanza:

dejad que siga la suerte…
Y aprended el sueño helado:
abstracción de lo increado,
anestesia de la Muerte

¡qué sueño de mejor fin
que borrarse de repente?
¡No reflejar en la frente
la tortura del confín!

Cantemos, cantemos seres,
hermanos de pesadilla,
en salmos y misereres
el futuro de la arcilla.

La paz substancial y pura
que en la criatura se encierra
El vértigo de la hechura,
el destino de la tierra.

Al soplo que nos empuja,
se palpa la llaga, leve…
Está bendita de nieve
la mano que nos estruja.

Hé aquí que tras mil edades
aún el hombre no ha saciado
su sed en ]as ebriedades
del Mundo y de lo Ignorado.

Hé aquí, cien siglos pasaron
y los néctares y vinos
de los pámpanos divinos
la humana sed no calmaron.

Y se acrecentó la aguda
escoriación de lo eterno.
Y fue más honda la duda,
realización del infierno.

Me ha fascinado la Muerte.
Al fin, yo la he comprendido.
Me he echado como en un nido
en los brazos de la Muerte.

Y se adormece mi llaga…
Y el pensamiento encendido
es como un cirio encendido
que poco a poco se apaga…

Por milagro de aquel frío,
se extingue la llamarada.
Y sin pensar digo: Nada
–la corona de mi hastío.

Me ha fascinado la Muerte
con sus miradas azules.
Me ha arrebujado la Muerte
entre sus diáfanos tules.

Me ha dado un beso la Muerte
con su labio de amaranto.
¡Oh, qué milagroso encanto
el encanto de la Muerte!

HERMANA TENTACIÓN

Letra del poeta Enrique Segovia
Hermana tentación mi compañera!
Hermana tentación, por qué te fuiste!
Me hace falta tu vientre de quimera!
Tus senos de mujer, de boca triste!
Hermana tentación, que me enseñaste!
La ciencia de las curvas, que me diste.
Tu copa de veneno, que colmaste mi sed, y nueva vida me infundiste.
Hermana tentación, me concediste eternidad en la hora pasajera…..
Hermana tentación, por qué? te fuiste! Hermana tentación, mi compañera.
– – –
Para cantar a mi tierra
me he de quemar el cerebro
en la llama milagrosa del sol, padre y señor nuestro.

Para cantar a mi tierra me he de hurgar dentro,
muy dentro, con la pluma hasta arrancar melodía de mis nervios,
y a fin de urdir el romance con la sangre de mi cuerpo.

Tierra dulce huancavilca,
cal ardiente de mis huesos,
sacro que atesorala savia de mis abuelos.
Tierra dulce huancavilca,
solar de mi romancero,
florida siempre de rosas, armonía y sortilegios.

Yo sé, dulce tierra mía,
que todo a ti te lo debo.
Mi lírica quinta esencia tuvo orígen en tus huertos,
en tu río melodioso y en tu trópico de fuego.

Las brisas que refrescaron la frente genial de Olmedo
son las mismas que me besan y alborotan mis cabellos…

Tierra dulce huancavilca,
yo sé que después de muerto
he de andar por tus caminos,
perennizado en despertó.
Alma en pena de tu estirpe,
sombra triste de tu ensueño,
cual si mi destino fueran confundirme en tu recuerdo…

Te me has dado toda, plena,en primaveras e inviernos.Eres norte de mi erranza; de mi gravitar, el centro.En ti tuve albas azules y también ponientes negros.Tierra mía, mi calvario,mi amor, mi tabor eterno!

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Algún día, quizás mañana, no sé cuándo madrugaré, te daré un beso y diré adiós…

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