HISTORIA DE UN APRENDIZ DE POETA/

Pureza Canelo (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

Esta es la historia de un viejo que empezó a escribir poemas
sin saber que de escribir el buen hombre no sabía,
cogió un lápiz y un papel y en la mesa que allí había
se preparó a cavilar sobre diferentes temas.

¿Por dónde debo empezar?, el hombre se preguntaba
y entre tanto divagar su cerebro se obstruía,
no sé…, quizás…, por si acaso…a sí mismo se decía,
y cuanto más perseguía más su mente se atascaba.

Y un buen día al despertar se levantó decidido
que, así no hubiera sabido, se iba a tirar a la mar
donde no pudiera hundirse pues no sabía nadar
y este poema escribió de un tirón, todo y seguido.

Y comprendió que empezar un reto que no conoces
de nada sirve dudar, que esa es mala consejera,
hay que lanzarse a matar con arrojo a esa quimera
expuesto cual animal a que te suelten mil coces.

Que escribir es un oficio que se aprende poco a poco
cada día practicando y a los que saben leyendo,
si le pones todo empeño tú sólo iras construyendo
aquel sueño que tuviste y acercarte a tu Orinoco
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Pureza Canelo

Pureza Canelo

Laberinto

Empedrar
el fondo de los lagos.

Volver al aula
de la que huiste.

Irse, otra vez desnuda,
a la vereda de confesión.

Comprender ahora
antiguos pecados de avaricia
robustos pecados de palabras.

A la poesía que sirvo es vivir.
Vivir primero, después la mano
que fabular pueda y sepa hacerlo
cuanto más mejor.
Decirlo amablemente
y que mi laberinto de algas
agrande lo que llevo escrito,
abel revuelto con caín,
qué más da.

No escribir

Digo No escribir
y conspiro con la ausencia real
donde algunos años se plegaron
a otro origen de la melancolía:
darme pereza seguir buscando
el gemido de la creación, darme rubor
volver a sembrarme el cereal
que después la mano, dicen,
podría cortar bajo los cielos.

Preferí olvidar palabra, instinto
de palabra, su oración por las sienes,
cauce que iba a devorarme
si no olvidaba bien la carne blanca
sobre la que ahora vuelvo.

Pero escribía en la calle.
Dictaba todo lo posible
entre el aire, sin sabiduría
y encontré una suerte de vivir
de andamio puro, solitario,
hasta hacerme con el torreón
de otro conocimiento.

Si viene ahora un poema
es porque nunca ha sido difícil obtenerlo,
entonces nunca, me digo, tracé poesía
y el oro de la escritura
nacerá de lo insignificante
y más humano aire a punto siempre
de olvidarse y perderse.

Extractar el paraíso
ya no es aventura para mí
en la creación de las sombras
bien sangradas.
Sólo me interesa un puente
de inocencia, de salvación dormida,
el humo que no nacerá humo,

la velocidad silente en el alma
de los días que no pueden
conquistar un verso.
En la llanura del cielo
preferido ya, vivir sin ambición
de más paisaje que el interior
y su conjunto, numérico también,
como este viento circular de hiedra
en el altar de una soledad perfecta.

Quebrarla pertenece a la poesía.
Ese fue el gran error de la inteligencia.
El error de los muebles que ocupan
su sitio, el madrugar de los pájaros
y dejar colocadas sus estrellas para mañana,
el agua, el agua atrevida de los mortales
que alargan la mano para construir un verso.

Extractar el paraíso, aunque no me creáis,
ya no es aventura para mí
en la creación de las sombras
bien sangradas.
Pues en el solar de ellas está el mundo
y nadie más.

Como un volar distingue

Un fluir de orgullo
ha estado negando la escritura
en este libro
igual que el tordo vil negara
comer frutos y simientes
que regala el suelo vivo.
Un fluir de no inocencia
ha querido contar
hasta el último peldaño
entre las zarzas de esta casa.
Mi claroscuro ser
con el afán de un sentimiento
que devora y miente.
Pero un fluir de la vida es, al fin, la vida.
Haber preferido negar antes la escritura
que olvidarla, rozarla en vez de abrirla
y escapar ya del olivo en fruto
como un volar distingue.

Orgullo, no inocencia, cuerpo:
me he enredado en ellos y he perdido
del amor la vereda
que se entrega imperfecta.
Miedo, apaño, esta poesía,
han hecho de mí
destino donde ahora me borro.

El alma que respira
escapa y corre por los campos
que se despiden, me sueltan, contrariados
por el menú sobre mantel precioso
en el que posabas tus ojos
para llevarte el manjar de esa materia.
Así, liberada y confundida,
solitaria en la reunión general
de estos poemas,
debo abandonar la vid, el huerto,
para volver a la rueca de la vida
con silencio por fuera y locomoción tan dentro
porque es el hacer viandante quien me espera.
Todo lo demás son historias de artistas.

EL VERSO

Es un coloquio
que me bebe;
no me orienta, me adentra,
responde a mi ceguera
y acaba perdonándome en su rostro.
Me trae fortunas heredadas,
otros abrazos de otros, leyendas visibles,
invisibles, rectas de la muerte,
volutas del momento,
tormento, cántico rodado de hace mucho:
el verso.

Me resbala del pelo a la garganta,
me hace tropezar de veras,
me guiña su ojo,
me tiende el mar
y yo me tiento.

El verso es un ojo
pensado para ciegos,
para mí,
para un caballo al fondo,
para volver a casa
y encender la lámpara del miedo,
del miedo o la pregunta.

Tanto amor
me estrecha la cintura,
se escapa de mis brazos,
me adentra en la campana del llanto,
de oros con llantos, del din don,
en la plegaria.
Y me coge la mano recién hecha
al vacío,
y no me deja en paz
y no me deja en paz
aunque lo mate.

El verso
puede con mi vida
sin pedirme permiso para la muerte.
Celda verde, 1971.

A CONTRA MODA

No lo olvidéis
a contra moda escribo.

Siempre
a contra moda
peino, calzo, vivo.

Y si una sola vez no lo pareciera
castigadme definitivamente.

En el lugar de los hechos
el espacio es humilde
pero mi ambición sagrada
materia que es el alma
libertad en los versos.

No lo olvidéis
a contra moda vivo
y a contra moda escribo
desde que en este océano
eché los primeros dientes.

Atreveos ahora
a pisarme las alas
tan granadas y fijas
mi cuerpo en los cielos
de la palabra a solas.
Pasión inédita, 1990.

COMO OCTUBRE DISPONGA

No más refugio
que la faz de mis brazos
si nos entra el otoño
desgajando
lo que al viento apetece
en su alfombra de bosque
y cuerpo a tierra.

Mírame.
Otoño aún no somos en años
pero cuando él se nos acerca
hay que extender la batalla real
de los buenos amantes
en el recuento las hojas
de infinitos sabores ocres.

Mírame, y
hagamos la abundancia
a ras de nuestro suelo.
La variedad de un amor
es sepultar la inteligencia
entre los cuerpos.
No conozco otro refugio
ni mejor temperatura.

Sólo que estoy adivinando
cómo será el Otoño
nuestras vidas
de verdad calzadas en su estación
y otra vez
el nacimiento de amarse
la pasión inédita
que alumbrará mis versos.

Debo callar.
Ahora vámonos
a lo único
que del lento mudar
es ocre, ocres
como la alfombra disponga
tú y yo
obligando a trabajar
un viento revelación
lo más humano
para empujar las lumbres
bien cernida la noche.
(De Pasión inédita).

ÉL ES UN TRONCO SOBRE EL RÍO

Él es un tronco sobre el río.
Ahí va esa roca dulce que al correr de las aguas
organiza su blandura y soledad. Ese lugar soy mirando
próxima arpillera del mundo con exquisitez
del instante que sufre miedo en la jaula hinchada.
A las doce del mediodía rozo las comas y los verbos
a salto de naturaleza verdeante bajo el sol.
No importa entonces el color del valle,
ni la travesía a despertar sedienta, que ahí
me prenderá la legitimidad del acto
que ya organiza salvación.
Más adelante vendrá el insecto no caído, a verme,
que el número no mata a nadie: si viene,
y transparenta.
Puede que os esté ocultando ahí el bien y el mal
de la temperatura, la vibración no pensada,
el vaso líquido de la materia al Cuerpo, pues del vocablo voy
a la rosa, de la mismísima suerte al adjetivo simplón,
de lo invertebrado a la insistencia de un poema
que dice de pronto: pronto a originar velocidad
de día, pronto el artículo tendrá que entenderse
con el amor y la cabeza hechos flotadores de paso…
(No oigo ruidos fláccidos en el horizonte,
pero algunas ramas quieren localizar a esta sombra
poniéndole un alto en el camino.)
Cuidado con la palabra competidora entonces,
cuidado con el arrastre y el destino de la boca
que se llena de agua dulce abierta de aquello
tan bien tronchado.
Por si acaso no deseo tomar el verso que brille,
ni el salvajismo, ni los duendes al por mayor, y parche.
Triunfo de un desasosiego es mejor, abundancia
del pensamiento y alabarderos no comparativos,
ese martillo que trotador se agranda a unas credibilidades
que en cada momento tuvieron su sustancia.
Y luego, en el castillo que se es inferior,
y aún lo que seguirá faltando, irá el lagarto antiguo
a la cruz y a la sandalia.
(Ah, tuve un día otro ritmo vertical más hermoso
que también fue socorro y desobediencia.)
Pero será mejor que brote ahora otra pasión, Amistad,
contigo, testigo de la plenitud, de la calentura
en zarza, amoratada y fija, en mis debilidades.
Así procuro que una molécula dormida silbe,
se haga cordura sufriendo suelta de brazos,
amiga de la reflexión, por terca que me apriete
en su pecho alcoholizada la reflexión misma.
Duplex, sacadme a flote de estas lagunas animales.
La poética es un nombre (vuelta a empezar) y baste.
Nada creo, pero estos campos quieren revivir
el sábado de frutas que trabajan por atender
a sus carnes.
(De Habitable).

MIRA SI ES VERDAD MI HOMBRO

La soledad es, como siempre,
quien más me hace recordar tu nombre.
Pero cuidado, también el mediodía, y el gazpacho,
y la zapatilla mal atada en el segundo botón,
y las gotas de agua bajo la ducha,
y la fiebre que no invento en la siesta
y las ganas de no dormir para leer
y el beso que te doy a las siete de la tarde,
y el volcán en Italia que no vuelve a sonar,
y las cabras que pasan ahora por mi casa
como novios buenos y otra vez la lucha de ángeles,
y la noche otra vez,
y la mañana idéntica por su triunfo,
y el salto del langosto ahora mismo,
y la hierba mal regada bajo mi bañador,
y el higo trasnochado en la nevera,
y el perro lamiéndome los pies cuando salgo del río
y yo le huelo más que él a mí,
y el amor, y tu nombre,
y el vestido que me pongo,
y mi cuerpo interior como yo misma,
y el recuento de tu voz,
y otra vez el río,
y la cerveza y el panchito que te dejo,
y el verde tristón de este verano que es rojo,
y éste y único para tu nombre,
para decir que tengo tu frasco de ahora mismo,
y tu sentido, y tu olfato,
y el garabato que sale de tu lengua.
Yo soy todo lo que tú eres en este julio del demonio,
frita como los pájaros al mediodía
y cansada como un perro a las cuatro de la tarde.
Escribirte esta carta es escribirla,
y así lo hago;
letras que me salen de esta forma aparatosa y santa
y sólo para tu armario donde me guardas el surco.
El balcón se ha abierto para mí, estoy en mi casa.
Me entra la luz, lo que dura la tarde,
lo que quiero atar de corazón y simiente
si no vacío mi rincón y la sal.

Un periódico se ha hecho amigo del aire
y viaja, y viene, sin descanso.
¿Dónde está la cigüeña de que me hablaban?
¿Quién comunica el calor al rostro?
Ceras al lado del altar,
bellotas en la encina para la tarde,
viaja todo, no baja el avión,
mi blusa abierta como una ventana,
rezo por el olvido, por el olvido no rezo,
una nube en vez de ese trozo azul,
mi vestido, mi recuerdo,
esta compasión para seguir mi calle.
Qué bien, ya el carro que regresa por Moraleja,
el ovillo de los hilos está guardando porque rodó;
la vocación de cubrir, de adorar lo que se escapa,
Moraleja abierta, dormida en su sal poco astuta,
porque ella no se ve, no monta tanto,
el tiempo está en una hora más que su alianza.

Así va julio.
Nombre de hombre cerca de mi ternura tuya, no me estoy equivocando.
Cabecea la campana a las ocho,
oración para cuatro, para mí y somos cinco;
la caja rodando,
mi balcón abierto, mi blusa, mi ventana;
cuando me toque ir a dormir lo haré
abriéndome de nuevo nuestro rostro que comparto;
los lazos, yo no tengo lazos,
y bebo el agua desde mi puente,
arriba un quiosco nuevo, legiones de cerezas perdidas,
mi lágrima que no se pierde.
Rezo por el olvido,
por el olvido no rezo,
la higuera es de verdad, verde, hojas desde abajo
para dorar las fuentes,
abuelo de su casa a la mía
y se recogen los besos
en cualquier mirada.
Tu nombre, me he olvidado de tu nombre,
te sigo escribiendo, perdona el lapsus,
sigo en tu baúl, amor escondido aquí
y en la otra tierra donde tú vives.

Y tu nombre
no lo digo.
(De Lugar común).

POEMA ANTES DE CERRAR LOS OJOS

¿Quién me rondará esta noche,
si vivo como siempre he vivido
en este pueblo de ventanas y puertas
que se abren al perro, a los haces cortados,
y al rostro interior que lleva el hombre?
Nadie. Yo soy menos, mucho menos
que lo acontecido en la calle
cuando desde mi balcón admiro
las posibilidades hondas de las sombras
como si el reloj de la torre
fuera el espacio mejor movido de lo humano.
Nadie ronda mi casa ni tira la luz
de la linterna a por los pájaros que duermen
en mi hiedra.
Nadie, pero yo sí rondo y caigo
en la palabra silbando el insomnio de los versos pobres,
de los versos malos si no hay dique
que contenga el hermano sentir
en este trozo de la Extremadura presente,
con categoría de flotación sobre los demás mundos.

Me levanto y ando hasta el dormitorio
de nuevas sombras. Entro a por descanso,
ya seguir esta ronda ondulada
en la cercanía del abismo antes de cerrar los ojos.
Así espero morir un día, con esta música sin aire,
bajo el esplendor agotado de la teirra mirando
el firmamento de la mejor huida.
(De El habitable).

QUE NO SE ESTUDIE A UN ESPÍRITU VIVO

¿Qué lana, qué madeja suave
entre dedos quieres?
¿Qué lana, qué madeja,
qué rincón de sal,
qué hilo, qué hoyo de mí a tu ser
se parezca tanto a lo presente?

Y estoy llenando espacios
gota a gota de agua en la cuchara,
y fijo mis oídos atravesándote
sin cambiar dos telas,
la pieza de costal con el marfil:
madeja y lana despacísimo.

Brazos fuertes, amor,
que se repite la palabra, amor,
que yo he sentido la era de tu madre,
y la cama cerebral del mundo;
que mi humanidad lo es con el cartón
ese poquito mejor de alma ciega,
que yo aguanto tu castillo cerrado
si estás dentro,
que no estudies a un espíritu vivo,
que seas conmigo y te lo lleves, que llueve,
que esta lengua no vale para crear,
que creas
y sólo la vida ahí tendrá su alivio
para su envidia.
(De El barco de agua).

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