ADIÓS, AMOR, PERDÓN, LO SIENTO./

Porfirio Mamani-Macedo (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Escribo donde escriben los poetas
en tanto a tal palabra me resisto,
escribo mientras vivo, que me visto,
tornando la memoria a las pesetas,
los tiempos del pasado con sus tretas
queriendo demostrarme que aún existo.

Escribo cual si fuera otro sedante,
de píldora una más de las que tomo,
seguro de gozar cuando me asomo
no importa no más sea que un instante
o que haya quien me tilde de pedante,
o aquello que es peor, que soy un plomo.

Escribo con la gracia de un postizo
que en medio de la bulla va y se cae,
tropieza cuando pasa o se distrae,
la pluma de un poeta advenedizo
que piensa que sumido en un hechizo
se tuerce, se revienta o se contrae.

Escribo para nadie, para nada,
tampoco sé decir para qué escribo
usando unas palabras de derribo,
trazando verso a verso a mano alzada
lo mismo se hizo antaño. con la azada,
la rima y la medida de recibo.

¿Poeta yo? ¿qué es eso, ser poeta?
poeta es revolcarse como el viento,
subirle hasta el altar al sentimiento
igual que hace el pintor con su paleta,
recoge del delirio una receta
y dice, adiós, amor, perdón, lo siento.
©donaciano bueno

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Porfirio Mamani-Macedo

LA SOMBRA

Protege sombra la sombra que camina,
no su destino, ni las voces que derramando
va tras unas huellas que en la oscuridad se pierden.
Devuélvele la aurora y los signos
que otras manos le arrebataron de su vientre,
en aquel tiempo que la memoria no olvida.
Sólo quiso ser un hombre, no el espectro de un hombre.
Toda la distancia errada,
ni las llagas que de su cuerpo brotan,
abarcan su destino, sólo su recuerdo.

Díctale en la noche, sueños, no visiones
que de la lumbre, ya despierto, lo distancian.
Muéstrale los ríos virginales que se ocultan
de sus ojos marchitados.
Devuélvele la luz en su difícil laberinto imaginado.
Sólo quiso ser un hombre, no el espectro de un hombre.

EXTRANJERA XXVII

Dime tú, piedra, qué quedará de nosotros
de este rostro azotado por el viento
de aquel corazón entristecido que me busca
de aquellos ojos que son la luz y la tormenta.

Tiempo de abundancia y de agonía
protege los errantes pasos
de aquella extranjera peregrina de los mares
de aquella sombra indefinida que se forma a mi costado.

Seguramente nos verán pasar por un puente de París
Cruzar un oscuro parque de Berlín
Huir de una ciudad como Madrid.

Tú, bella extranjera, más allá de las fronteras que se forman
espérame, allá, donde siempre ha de brillar el sol.

POETA EN UN VALLE

Pasar lo vi diciendo:

“Yo amar quisiera
la peregrina estrella
que mis ojos tantas noches imaginan,
no el desierto que a mi voz depara
la rara suerte que me presenta el día.

Para qué orar
me digo cuando oro,
al lado de este muro frío
que del viento me protege,
si nadie consolar
podrá mis ojos
que en la soledad se pierden
con los días”

Pasar lo vi por este río
como sombra encadenada a su destino.
Llevaba en su mirada
una herida
profunda como un valle
que en el desierto espera
ser nutrido por la lluvia.

Hacia el mar lo vi andando
buscando con sus ojos una sombra
que a sus pasos guíe
hacia otro rumbo que no sea la muerte.

“Te esperé, noble Esperanza en el camino.
Pregunté por ti a los que duermen.
Grité tu nombre en el desierto,
mas sólo el eco de tu nombre,
me trajeron
las tristes aves que del mar vinieron,
huyendo
por todo aquello que sus ojos
desgraciadamente vieron
crecer sobre las aguas de sus mares”

Vi que aves y hombre se alejaban,
hacia un lugar donde ambos ignoraban
ver el agua que a sus labios prometieron,
otros labios, que de esta tierra nunca fueron.

LUNA

Por una calle lo vi
pasar como un espectro
con extraña voz diciendo:

“Dime que no estoy muerto
despiadada Luna
que en esta dura noche
alumbran las estrellas a mis ojos.
Quedarme yo quisiera
a mirar por los pasillos
la indescifrable noche.
Rudo despertar das para mis ojos,
Imagen que de la oscuridad te acercas,
como un ocaso
que huyendo aleja las sombras a los mares.
Mas estos ojos
buscando van en las tinieblas
unos dulces ojos
que de las tinieblas los aleje.
Qué ha de ser sino esta palabra;
que con dolor ya nos oculta,
la noche, la sombra desnutrida.
No es sólo mi nombre
lo que en la penumbra pena,
son más las voces
que desgraciados
soportar en su alma ya no pueden,
son los niños
que abandonados fueron
en el vientre de la noche.
Son los muertos
que en el inferno habitan;
son también los hombres
que mirar no quieren lo que miran.
Dime, complicada Luna,
Si esperar mi ojos deben,
la luz que otros ojos pueden
traer para consolar,
los pasos que dando voy por este mundo.”

Lo vi, con voz cansada,
por un sagrado valle alejarse
mirando la sombra que en la noche lo seguía.
Vi que de sus ojos
no lágrimas sino palabras
brotando iban
y en medio de tal oscuridad brillaban
con el reflejo que de la luna les llegaba.

SUS OJOS

Cansados los negros ojos
del raro caminante
que en la negra oscuridad
iba diciendo:

“Dormir no pueden estos ojos
que me dan la oscuridad,
no la luz
que a todo ser viviente anima”

Y palpaba con sus manos
cada roca humedecida
que a orillas de los ríos
parecían esperarlo.

“Limpiar quisiera el polvo
de estos ojos
que de la luz
huyendo van sin quererlo.”

Luego con la punta de su pie desnudo
buscaba el suelo firme
y no rodar más
hacia el profundo valle
que sólo él imaginaba,
en la noble travesía,
que todo su cuerpo hacía en vano
porque nadie en la otra orilla lo esperaba.

“Mas estos ojos
que todo el dolor me muestran
no me muestran lo que busco
todavía en este oscuro valle
donde me trajeron
otras voluntades
que hoy no puedo verlas.”

Infatigable iba dando voces
unas que con dolor ya resonaban
otras que sin fuerza en el ruido se perdían.

EL VIENTO

Por la oscura senda la dura sombra iba
Luchando con el frío viento
que de alguna parte alguien le soplaba.
Apenas a mí su voz me alcanzaba:

“¿De qué lado malvado viento,
vienes a perturbar mi solitaria marcha,
qué labios azuzan tu instinto,
qué extrañas fuerzas
sobre mi cuerpo te dirigen?
Continuar debo yo este camino
que tanto tiempo
los dioses prometieron a mis ojos”

Quebrada la sombra iba entre las piedras
con humana voz diciendo:

“Salir quisiera de este indeseado
tiempo que la muerte acosa a mis ojos.
Mirar quisiera yo tus ojos
Noble Esperanza, en este valle,
antes que todo tinieblas sea en mi alma
y nada mover pueda mi cuerpo,
ni el desventurado viento
que sin razón mis pasos va truncando,
ni la desnuda noche
que cabalgando va por los desiertos deshielados
para cobijar mi nombre entre sus manos.”

Más eran los ruidos
que sus pasos en el charco hacían,
lo que de él hasta mí llegaban.
El sonido de su hambrienta voz
con suavidad el viento aniquilaba.
Así, ya despuntaba para mí otro día,
y otra larga noche para él,
el frío viento a sus ojos ofrecía.

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