ESPERARÉ/

José Pulido Navas (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Te fuiste. Para siempre no te fuiste.
Te fuiste sin decirme adiós siguiera.
Fue un día, como es hoy, día cualquiera,
con un portazo fue, nada dijiste.

Hoy mi tristeza al llanto se resiste
pues supo de tu alma aventurera,
y espera venerarte en primavera
tal cual era en los tiempos en que huiste.

Y aunque alguien me advirtió de una barrera
yo nunca lo dudé. Sé que la fiera
siempre torna después de algún embiste.

Y aunque dude si es cierto que viniste,
si fuiste una ilusión, una quimera,
quiero sepas que aún sigo aquí a la espera.
©donaciano bueno

¿Conoces a José Pulido Navas? Lee/escucha algunos de sus poemas

José Pulido Navas

Marilyn nos besa en los espejos

Cuando Marilyn dejaba abrir su falda
como una flor, provocando
el cálido aliento de los subterráneos,
descubrió su condición de diosa,
alimento de sueños y de signos,
ideal de esfinges,
antes luna que mujer.
Entró en aquella habitación de hotel,
de la que ya no volvería,
con sus pastillas para dormir
y la cruel revelación de la almohada.
Supo que era Eva y Ava, Rita, Marlene y Joan…
-Flor de seducción
su rasgada lencería
entre los torpes dedos
de King Kong-.
Para la ceremonia
cubrió su cuerpo con un vestido largo
muy ceñido, largos guantes
y zapatos de alto tacón.
El busto erguido, los labios
proclamando inminente su caricia.
Desafiante, abandonó la pasarela
y, al fin sola,
nos besaba, infinita, en los espejos.

EL PÁJARO SOLITARIO

El Pájaro Solitario pone el pico al aire.
Su canto se abre al infinito,
como la música escapa a las redes
del significado y vuela a las alturas
que preceden a la forma,
que albergan en su seno todas las formas.
Prefiere sus tormentas al nido complaciente.
Los chamanes saben que cada persona
tiene un pájaro protector, un gemelo
que habita en esa región más alta,
y solo visitamos en los sueños.
Volar con sus alas es acceder
a la fertilidad del silencio,
penetrar en la noche del Alma,
perderse en una absoluta confusión:
tierra, aire, fuego y agua,
esperar que la Luz se manifieste
y dé razón de lo nunca expresado.

LA CANCIÓN DE LAS ARENAS

Para oir la canción de las arenas
es preciso adentrarse en el desierto
y escuchar: Quizá suenen los violines
histéricos del viento entre las rocas.
Una atenta quietud nos servirá
los dones del silencio, la tersura
carnal de su latido, que resuena,
como un eco en nuestra sangre
y concierta los ritmos de la vida.

Quizá para entonces sea de noche,
los sentidos se afinen extremados
y canten, melodiosas, las arenas.
No habrá otra voz que iguale su dulzura
ni cristal comparable a su armonía:
plenitud que se cumple en su extinción.
Buscaremos el exacto lugar
de este prodigio y será en vano,
espejismo perdido entre la sed
y la ilusión de hipnóticas serpientes.

Las arenas no entregan su canción,
no deciden el premio ni el castigo,
sino que se dan luminosamente
en el misterio, esa realidad
sin códigos ni pactos que la tasen.
Hay en su voz sutilezas de brisa
que desandan la noche de los ecos.
Nos salen al encuentro como el pájaro
que en el cantar declara su sentido.

JOSÉ PULIDO NAVAS Y LAS BODAS DE LA ARAÑA

Un hipopótamo rosa.
Un cocodrilo amarillo.
Un león albino…
Son tan diferentes que parecen condenados
a morir por ello:
El rosa de su piel al hipopótamo
le hace vulnerable a los rayos del sol
y ni las aguas le protegen de su daño.
El cocodrilo amarillo se distingue
en la turbidez de los ríos que a sus hermanos oculta.
La blanca piel del león, su melena de nieve,
le delatan
cuando pretende sorprender a una presa…
¿Qué poder les da su diferencia?

LOS OJOS DEL GATO

Los ojos del gato observan
las criaturas invisibles de la oscuridad,
leen la carta del suicida,
asisten al golpe mortal del asesino.
Por ellos la noche se transforma
y se mira en el espejo de la luna.
El gato trepa las escalas del silencio,
baja al sótano de la pesadilla
y escucha la canción de las tinieblas.
Ilumina a la muerte cuando acecha,
atrapa al vuelo los pájaros del alma
y con ellos alimenta sus siete vidas.

LAGARTOS

Mucho antes que Diógenes el Cínico,
ellos solo piden gozar del sol que les calienta
y hacen, como el Místico, de la inmovilidad
una sabiduría que les une al Universo.
Como ancianos sentados en la calle,
miran a la nada, silenciosos.
El suyo es un tiempo distinto del que les contempla,
vigías de la eternidad a la orilla del polvo y de la muerte
esfinges cuyo enigma no exige una respuesta al caminante.
Si les llegan los dones de la iluminación,
a una larga paciencia pertenecen.
Y no conviene turbar su soledad
porque entonces manifiesta una violencia fulminante,
oculta en un resorte de milenios.
Un arte marcial que solo enseña la quietud.
Lo demás es vanidad.

LUCIÉRNAGAS

Tatúan la piel de la noche.
Dibujan en ella imposibles figuras,
constelaciones fugaces. Escriben
en la tiniebla palabras de luz
que solo un instante de fulgor
hace posibles, revelaciones
de absurda belleza, simetrías
que en su vuelo proponen
como crueles paradojas
si un día llegaran a cerrarse.
Danzan sobre el escalofrío
del abismo
Y se apagan.

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