MI MAESTRO: 
JOSÉ ÁNGEL BUESA

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.

Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Lee y disfruta de sus poemas...

MI MAESTRO:
BLAS DE OTERO

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.

Lee y disfruta de sus poemas...

MI MAESTRO:
RAFAEL ALBERTI

Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo...

Lee y disfruta de sus poemas...

MI MAESTRO:
ANTONIO MACHADO

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero...

Lee y disfruta de sus poemas...

MI MAESTRO:
FÉLIX MARÍA DE SAMANIEGO

Apacentando un Joven su ganado,
gritó desde la cima de un collado:
¡Favor!, que viene el lobo, labradores.
Éstos, abandonando sus labores,
acuden prontamente,
y hallan que es una chanza solamente.

Lee y disfruta de sus poemas... v

FEDERICO GARCÍA LORCA

Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.

Lee y disfruta de sus poemas...

GABRIEL CELAYA

A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.
Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.

Lee y disfruta de sus poemas...

MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS

Recuerdo que en los días rosados de mi infancia,
la abuela…(¿de quién son los abuelos?, ¿de los niños?),
solía por las noches, cuando la tibia instancia
parecía una caja de dulces de la luna,
contar historias viejas. Hoy ya no sé ninguna.

Lee y disfruta de sus poemas...

LUIS DE GÓNGORA

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Lee y disfruta de sus poemas...

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Este amor que ha venido de repente
y sabe la razón de la hermosura.
Este amor, amorosa vestidura,
ceñida al corazón exactamente.

Lee y disfruta de sus poemas...

TIRSO DE MOLINA

Que el clavel y la rosa,
¿cuál era más hermosa?
El clavel, lindo en color,
y la rosa todo amor;

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

MARQUÉS DE SANTILLANA

Recuérdate de mi vida,
pues que viste
mi partir e despedida
ser tan triste.
la respuesta non devida
que me diste;

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

NICOLÁS FERNÁNDEZ DE MORATÍN

Amor, tú que me diste los osados
intentos y la mano dirigiste
y en el cándido seno la pusiste
de Dorisa, en parajes no tocados;

Lee y disfruta de sus poemas...

LUIS ROSALES

Abril, porque siento, creo,
pon calma en los ojos míos,
¿los montes, mares y ríos,
qué son sino devaneo?

Lee y disfruta de sus poemas...

ROSALÍA DE CASTRO

¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

Lee y disfruta de sus poemas...

JOSÉ ZORRILLA

¡Ay del triste que consume
su existencia en esperar!
¡Ay del triste que presume
que el duelo con que él se abrume
al ausente ha de pesar!

Lee y disfruta de sus poemas...

JUANA DE IBARBOUROU

A ártico cielo y soles de Brasiles
bajo palio de heridos corazones,
a ociosa espuma y a fluviales sones
anda el Sagrado Corazón en lides.

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

VICENTE ALEIXANDRE

¿Qué firme arquitectura se levanta
del paisaje, si urgente de belleza,
ordenada, y penetra en la certeza
del aire, sin furor y la suplanta?

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

JAIME GIL DE BIEDMA

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

LEÓN FELIPE

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,...

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

JULIA DE BURGOS

Yo vengo de la tierna mitad de tu destino;
del sendero amputado al rumbo de tu estrella;
el último destello del resplandor andino,
que se extravió en la sombra, perdido de tu huella.

Lee y disfruta de sus poemas...

CONCEPCIÓN ARENAL

Había en un lugarón
Dos hombres de mucha edad,
Uno de gran sobriedad
Y el otro gran comilón.
La mejor salud del mundo
Gozaba siempre el primero....

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

JAIME SABINES

A caballo, Tarumba,
hay que montar a caballo
para recorrer este país,
para conocer a tu mujer,
para desear a la que deseas,
para abrir el hoyo de tu muerte,

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

MARIO BENEDETTI

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

NICOLÁS GUILLÉN

¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.
Pasó una mulata de oro,
y yo la miré al pasar:,....

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

OCTAVIO PAZ

El mar, el mar y tú, plural espejo, 
el mar de torso perezoso y lento 
nadando por el mar, del mar sediento: 
el mar que muere y nace en un reflejo. 

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

MANUEL ALCÁNTARA

El mar, el mar y tú, plural espejo, 
el mar de torso perezoso y lento 
nadando por el mar, del mar sediento: 
el mar que muere y nace en un reflejo. 

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

JOSÉ BERGAMIN

AGUA sólo es el mar; agua es el río,
Agua el torrente, y agua el arroyuelo.
Pero la voz que en ellos habla y canta
No es del agua, es del viento.

Lee y disfruta de sus poemas...

MANUEL GUTIERREZ NÁJERA

Los pájaros que en sus nidos
mueren, ¿a dónde van?
¿Y en que lugar escondidos
están, muertos o dormidos,
los besos que no se dan?

Lee y disfruta de sus poemas...

DÁMASO ALONSO

Tú le diste esa ardiente simetría
de los labios, con brasa de tu hondura,
y en dos enormes cauces de negrura,
simas de infinitud, luz de tu día;

Lee y disfruta de sus poemas...

GABRIEL Y GALÁN

Cuando pasa el Nazareno
de la túnica morada,
con la frente ensangrentada,
la mirada del Dios bueno
y la soga al cuello echada,

Lee y disfruta de sus poemas...

LOPE DE VEGA

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Lee y disfruta de sus poemas...

AMADO NERVO

¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente,
de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna?
-Es un rayo de luna que se baña en la fuente,
es un rayo de luna...

Lee y disfruta de sus poemas...

GLORIA FUENTES

El burro nunca dejará de ser burro.
Porque el burro nunca va a la escuela.
El burro nunca llegará a ser caballo.
El burro nunca ganará carreras.

Lee y disfruta de sus poemas...

JORGE LUIS BORGES

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Lee y disfruta de sus poemas...

LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN

¿Qué acecho de dolor el alma vino
a herir? ¿Qué funeral adorno es éste?
¿Qué hay en el orbe que a tus luces cueste
el llanto que las turba cristalino?

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

LUIS CERNUDA

Ventana huérfana con cabellos habituales,
Gritos del viento,
Atroz paisaje entre cristal de roca,
Prostituyendo los espejos vivos,
Flores clamando a gritos
Su inocencia anterior a obesidades.

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

FRAY LUIS DE LEÓN

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

RUBÉN DARÍO

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Lee y disfruta de sus poemas...

MIGUEL HERNÁNDEZ

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor...

Lee y disfruta de sus poemas...

ALFONSINA STORNI

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Lee y disfruta de sus poemas...

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Esparce octubre, al blando movimiento
el sur, las hojas áureas y las rojas,
en la caída clara de sus hojas,
e lleva al infinito el pensamiento.

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS-POETAS

SANTA TERESA DE ÁVILA

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Lee y disfruta de sus poemas...

SAN JUAN DE LA CRUZ

En una noche oscura
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

Lee y disfruta de sus poemas...

MIS MAESTROS

MANUEL MACHADO

Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente...,
y la noche de Madrid,...

Lee y disfruta de sus poemas...

PEDRO SALINAS

A esa, a la que yo quiero,
no es a la que se da rindiéndose,
a la que se entrega cayendo,
de fatiga, de peso muerto,
como el agua por ley de lluvia.

Lee y disfruta de sus poemas...

JORGE MANRIQUE

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;

Lee y disfruta de sus poemas...

RAMÓN DE CAMPOAMOR

En este mundo traidor
Nada es verdad ni mentira:
Todo es según el color
Del cristal con que se mira. 

Lee y disfruta de sus poemas...

SALVADOR DÍAZ MIRÓN

En buen esquife tu afán madruga,
el firmamento luce arrebol;
grata la linfa no tiene arruga;
la blanca vela roba en su fuga
visos dorados al nuevo sol.

Lee y disfruta de sus poemas...

NICOMEDES SANTA CRUZ

Cómo has cambiado, pelona,
cisco de carbonería.
Te has vuelto una negra mona
con tanta huachafería.
Te cambiaste las chancletas
por zapatos taco aguja,...

Lee y disfruta de sus poemas...

FRANCISCO DE QUEVEDO

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Lee y disfruta de sus poemas...

FRANCISCO ALDANA

Clara fuente de luz, nuevo y hermoso,
rico de luminarias, patrio Cielo,
casa de la verdad sin sombra o velo,
de inteligencias ledo, almo reposo:
¡oh cómo allá te estás, cuerpo glorioso,

Lee y disfruta de sus poemas...

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Volverán las oscuras golondrinas
De tu balcón sus nidos a colgar
Y otra vez con el ala a sus cristales
Jugando llamarán.

Lee y disfruta de sus poemas...

GUTIERRE DE CETINA

Excelso monte do el romano estrago
eterna mostrará vuestra memoria;
soberbios edificios do la gloria
aún resplandece de la gran Cartago;...

Lee y disfruta de sus poemas...

LUIS DE GÓNGORA

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Lee y disfruta de sus poemas...

GARCILASO DE LA VEGA

Cuando me paro a contemplar mi estado

y a ver los pasos por do m’han traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

Lee y disfruta de sus poemas...

UN VATE DE MEDIO PELO [Mi poema]
Juan de Dios Peza [Mi poeta sugerido]

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MI POEMA…de medio pelo

 

Se ha cruzado en su camino
un vate de medio pelo
de los que están siempre en celo
por conocer su destino
y no encuentra ya el consuelo.

Que a sabiendas no le alcanza
sueña ascender al Parnaso
consciente nadie hará caso,
y se inquieta en la tardanza
a la espera de un sorpasso.

Otro iluso, otro de tantos
con si mismo complaciente
que bebe el agua en la fuente
de misterios sacrosantos
y a consejos disidente.

Resistiéndose a admitir
que no tiene quien le quiera
y aun así no desespera
pues lo suyo es escribir,
que él lo lleva por bandera.

Y lee y busca y provoca
y al que lo pilla machaca,
sube y baja, mete y saca,
y se da contra una roca
consciente que no destaca.

Y a sabiendas ya está calvo,
y en su esfera capilar
no encuentra ya qué peinar
su verso mantendrá a salvo
por si pudiera cambiar.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Juan de Dios Peza

Un consejo de familia

Quién en la miseria y el amor concilia?
Esto más que un problema es un misterio.
Para hablar de un asunto que es tan serio,
hubo ayer un consejo de familia.

Hizo de presidente del consejo
un hombrecito al que la edad agobia,
y que además del chiste de ser viejo,
es, nada menos, padre de mi novia.

A su lado, y en cómoda poltrona,
con franco y natural desembarazo,
estaba una señora setentona
con un perro faldero en el regazo.

Y en derredor, con rostros muy severos,
prontos a discutir y meter baza,
estaban cual prudentes consejeros
seis a siete visitas de la casa.

Y entre todos, causando maravilla,
de gracia y juventud, rico tesoro,
como un ángel, sentada en una silla
estaba la mujer a quien adoro.

Con que, vamos a ver, dijo indiscreta
la madre, por anciana impertinente,
¿es verdad que eres novia de un poeta?
¿Sueñas con los laureles de su frente?

-Puesto que lo sabéis, dijo la niña,
no lo puedo negar: le quiero mucho.
-Mereces, dijo el padre, que te riña.
Y la anciana exclamó: -¡Cielos! ¡qué escucho!

¡Blasfemia intolerable que me irrita!
-¡Habráse visto niña descarada!
Dijo en tono burlón una visita
pegándose en la frente una palmada.

-Los versos nada más son oropeles.
Dijo la anciana en tono reposado,
y apuesto que no sirven sus laureles
ni para sazonar el estofado.

¡Un novio soñador y sin dinero!
Hija, esto sí que nadie lo perdona;
ya que tiene corona y no sombrero,
fuera mejor usara su corona.

-Los hombres, dijo el padre, son perversos
pero más los poetas de hoy en día.
Quizá te piense alimentar con versos,
y eso vas a comer ¡pobre hija mía!

-O, quién sabe, agregó con triste acento
una visita, al parecer piadosa,
si se irán a poblar el firmamento
o a vivir en el cáliz de una rosa.

-Puede ser, interrumpe otra persona,
que intente levantar, llegado el caso,
a orillas de la fuente de Helicona,
un palacio en las faldas de Parnaso.

El regalo de boda, amigo mío,
tendrá joyas riquísimas y bellas
junto a un collar de perlas del rocío,
el manto azul del cielo y sus estrellas.

Envidia te tendrán los serafines,
pues tendrás, deleitando tu hermosura,
una alfombra de nardos y jazmines
y un ruiseñor que cante en la espesura.

El marido feliz te dará un beso
diciendo: ¡tengo un ángel por esposa!
¿Y a la hora de comer? ¡quién piensa en eso!
¡para el poeta la comida es prosa!

Un coro de estridentes carcajadas
satíricas, terribles, infernales,
convirtió las mejillas en granadas
al ángel de mis sueños celestiales.

-¿Conque piensas seguir esos amores,
tú, la más infeliz de las mujeres,
piensas con el aroma de las flores
vivir entre la dicha y los placeres?

¿A qué alta sociedad, hija querida
te llevará ese amor del cual abusas?
¡Ha de ser muy monótona la vida,
sin tener más visitas que las musas!

Otra risa estalló ¡bendita risa!
Entonces ella abandonó su asiento,
y con grave ademán y muy de prisa
salió, sin vacilar, del aposento.

Llamáronla mil veces, pero ella,
espléndida, graciosa, soberana,
como asoma en los cielos una estrella
el rostro fue a asomar a la ventana.

-Ven, me dijo, mitad del alma mía.
Dicen que amarte es prueba de torpeza,
que por pobre te olvide ¡qué ironía!
que te deje por pobre ¡qué tristeza!

Como no te comprenden, ya por eso
destruir mis amores se concilia.
Yo siempre seré tuya: dame un beso;
¡se ha lucido el consejo de familia!

La princesa azteca

(Leyenda de la alberca de Chapultepec–
A la inspirada poetisa y virtuosa señora Ángela G. de Alcalde)

El bosque centenario
en sus antros encierra
ese silencio eterno que acompaña
a las salvajes pompas de la América.

En el espeso toldo
que al sol el paso niega,
los cenzontles que cantan en las noches,
de rama en rama sin zozobras vuelan.

Y el cardenal errante,
y el colibrí de seda,
al beso de las tibias alboradas,
dando celos al iris, juguetean.

De las copas más altas,
como argentadas hebras,
las canas de los viejos ahuehuetes
dan a los vientos sus robustas crenchas.

Y revistiendo el tronco
de secular corteza,
matizando sus tronos de esmeralda,
se abre a la luz la trepadora hiedra.

Tapiza el suelo un musgo
que ni el verano seca,
donde recoge el aire en las mañanas
un sempiterno olor a flores nuevas.

El bosque centenario
en su extensión inmensa
repercute en las tardes los acentos
más dulces de los cánticos aztecas.

Las voces de una raza
peregrina y guerrera
que va dejando con su sangre hirviente
de su incesante caminar las huellas.

Y vagan esas notas
dulcísimas y tiernas,
enseñando a los pájaros salvajes
tristes y melancólicas cadencias.

Las repite el cenzontle
en la noche serena,
cuando la luna en el azul espacio
el heno de los árboles platea.

Las dice la calandria,
el clarín las remeda,
y en las tardes de mayo los jilgueros
trovan los himnos de su amor con ellas.

Y cuando en tristes horas
de lluvia y de tinieblas
la tempestad su carro de relámpagos
sobre los viejos árboles pasea,

y con ojos de llamas
la lechuza agorera
predice la catástrofe y la muerte
como alada Sibila de la selva,

cuando los vientos rugen,
cuando los troncos tiemblan
y cual cinta de lumbre en negro abismo
el rayo retumbando culebrea,

en el fondo del bosque,
rasgando las tinieblas,
se oye dulcísima y doliente
que canta melancólicas endechas.

Son las notas de un arpa
de misteriosas cuerdas
en que surgen estrofas no aprendidas
cuando calla el placer y hablan las penas.

Las extrañas canciones
entre la sombra vuelan,
mezclándose del viento a los rugidos
y al sordo rebramar de la tormenta.

Vagan en el ramaje,
cruzan por la maleza,
y el paso no les corta la falange
de sabinos cual mudos centinelas.

Se extienden en los lagos
de superficie tersa
donde crecen los juncos cimbradores
y sus corolas abren las ninfeas.

Cruzan por los maizales
cuyas cañas esbeltas
sus hinchadas espigas, a las lluvias
levantan a los cielos en ofrenda.

¿Quién canta esas canciones?
¿Quién dice esas endechas,
que ya traspuesto el sol y quieto el mundo
repiten los cenzontles en la selva?

¿De qué garganta brotan?
¿Quién delira con ellas
y en la imponente majestad del bosque
en tristísimas horas las eleva?

Mirad, hay en el fondo,
tras la enramada espesa,
dominando los altos ahuehuetes
una montaña de verdor cubierta.

La mano de un gigante
amontonó sus piedras,
sobre las cuales fabricó un palacio,
para propio solaz, un rey azteca.

Son espesos sus muros,
angostas son sus puertas,
y parece, mirado desde lejos,
vetusta cripta en la extensión desierta.

Pega el nopal al muro
sus espinosas pencas,
y como cenicientos obeliscos
los órganos tristísimos lo cercan.

No tiene escudo noble
tan rara fortaleza,
ni levadizo puente, ni ancho foso,
ni rastrillo, ni glacis, ni poterna.

No guarda férreos cascos,
ni lanzas, ni rodelas,
ni resonó jamás en sus salones
la armadura brutal de la Edad Media.

Los señores que ha visto
esgrimen arco y flecha,
llevan al combatir desnudo el sexo
y adornada con plumas la cabeza.

Obscuros son sus ojos,
sus cabelleras negras,
su cutis, siempre al sol, color de trigo,
sencillas sus costumbres y su lengua.

En tan triste palacio
con sus damas se hospeda
siempre sola, llorosa y resignada,
como un lirio con alma, una princesa.

Y vive sin que nadie
a visitarla venga,
que por rencor y celos y venganza
víctima del amor allí la encierran.

Amó, cual amar saben
en su raza, en su tierra,
las mujeres que encienden sus pupilas
con la del alma inextinguible hoguera,

Un hermano celoso
de su pasión intensa,
mató al indio bizarro que formaba
el culto terrenal de la doncella.

Y entonces con la rabia
que electriza a las fieras,
cuando el artero cazador destroza
al cachorro que esconden en la cueva,

ella tomó en sus manos
la macana de piedra
y castigó a su hermano con un golpe
que bien pudo arrancarle la existencia.

El padre, como ejemplo,
como justa sentencia,
la alejó de su lado y encerróla,
del viejo bosque en la mansión severa.

Y allí con la alborada,
cuando la luz despierta,
cuando en todas las ramas hay cantares
y alza un himno de amor toda la selva,

cuando se abren las fibras
y en sus corolas tiemblan
los pintados y errantes chupamirtos
que de sabrosas mieles se alimentan,

se oye como desciende,
por las abruptas peñas,
envuelta en un mantón de blancas plumas,
seguida de sus damas, la Princesa.

Siempre al pisar el bosque
toma la misma senda,
para buscar el sitio apetecido
en que el placer y la delicia encuentra.

Allá, bajo las ramas
más verdes, más espesas,
y donde en haces de colores vivos
el sol naciente sus fulgores quiebra,

engastada en el musgo
cual líquida turquesa,
convidando a la vida y al deleite,
espejo del follaje, está la alberca.

El manantial fecundo
al fondo borbotea,
sin que nadie perciba sus rumores
ni la quietud perturbe de la selva.

Dicen que cuando alguno
se posa en sus arenas,
queda encantado y con extraña forma,
y el que a buscarlo va, jamás lo encuentra.

Por eso todos temen,
y aún los hombres recelan,
sumergirse en las ondas cristalinas
de una agua tan azul y tan serena.

Sólo la hermosa joven,
cuando a los bordes llega,
fija en el manantial una mirada
que es la viva expresión de una promesa.

Deja el manto de pluma,
sus cabellos destrenza,
y a las caricias púdicas del agua,
dando tregua al dolor, feliz se entrega.

Y míranse en las ondas
las formas hechiceras,
deslizarse flotantes y tranquilas
como la flor que la corriente lleva.

Si el bello busto asoma,
sobre los senos ruedan
las gotas trasparentes y brillantes
como si fuesen lágrimas o perlas.

Y cuando el cuerpo airoso
quieto flotando queda,
parece que el cristal azul y terso,
enamorado sus contornos besa.

Semeja blanca ondina,
ruborosa sirena,
que, con un beso, el sol americano
quemó su piel y la tornó trigueña.

¿Oís? cantan muy dulce
las aves de la selva,
las brisas no estremecen el ramaje,
ni el heno gris en los sabinos tiembla.

El aire está suspenso,
ningún rumor se eleva,
porque en el viejo bosque centenario
juega desnuda la gentil doncella.

Salta un instante al borde
de la azulosa terma,
y los encantos que la dio natura
sin velo encubridor al aire muestra.

Y escúchase de pronto
un grito de sorpresa,
cual lo lanzara el que soñó en un cielo
y al fin, sin esperarlo, lo contempla.

Por el vetusto bosque,
el grito aquel resuena,
y levanta los ojos espantados
la ninfa que en las aguas se refleja.

Y sin tino, temblando,
pálida, como muerta,
descubre entre las ramas de un sabino
de un ser desconocido la cabeza.

Es un amante osado,
es un guerrero azteca,
que adora a la doncella y la persigue,
y hoy en su virgen desnudez la acecha.

Sin conceder más tiempo
de que sus formas vea,
herida en su pudor la altiva joven
se sumerge en el agua con violencia.

Y al manantial desciende
y toca sus arenas,
y se pierde a los ojos de sus damas
y el guerrero la busca y no la encuentra.

Cruzaron varios soles
por la azulada esfera,
y nadie supo el postrimer destino
de aquella humana y púdica azucena.
Que allí quedó encantada,
refieren las leyendas,
y que al mediar los soles y las lunas
flota sobre la líquida turquesa.

Su nombre ignoran todos,
nadie ignora sus penas,
y quedan de sus gracias como espejo
los movibles cristales de la alberca.

Este era un rey…

Ven mi Juan, y toma asiento
en la mejor de tus sillas;
siéntate aquí, en mis rodillas,
y presta atención a un cuento.

Así estás bien, eso es,
muy cómodo, muy ufano,
pero ten quieta esa mano;
vamos, sosiega esos pies.

Este era un rey… me maltrata
el bigote ese cariño,
Este era un rey… vamos niño,
que me rompes la corbata.

Si vieras con qué placer
ese rey… ¡Jesús! ¡qué has hecho!
¿Lo ves? en medio del pecho
¡me has clavado un alfiler!

¿Y mi dolor te da risa?
escucha y tenme respeto:
éste era un rey… deja quieto
el cuello de mi camisa.

Oír atento es la ley
que a cumplir aquí te obligo…
Deja mi reloj… prosigo.
Atención: Este era un rey…

Me da tormentos crueles
tu movilidad chicuelo,
¿ves? has regado en el suelo
mi dinero y mis papeles.

Responde: ¿me has de escuchar?
Este era un rey… ¡qué locura!
me tiene en grande tortura
que te muevas sin parar.

Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí
al fin cesa mi tormento…
Este era un rey, oye el cuento
inventado para ti.

Y agrega el niño, que es ducho
en tramar cuentos a fe:
«Este era un rey…» ya lo sé
porque lo repites mucho.

Y me gusta el cuentecito
y mira ya lo aprendí:
«Este era un rey», ¿no es así?
«¡Qué bonito! ¡Qué bonito!»

Y de besos me da un ciento,
y pienso al ver sus cariños:
los cuentos para los niños,
no requieren argumento.

Basta con entender
su espíritu de tal modo
que nos puedan hacer todo
lo que nos quieran hacer.

Con lenguaje grato o rudo
un niño, sin hacer caso,
va dejando paso a paso
a su narrador desnudo.

Infeliz del que se escama
con esas dulces locuras:
¡si estriba en sus travesuras
el argumento del drama!

¡Oh Juan! me alegra y me agrada
tu movilidad tan terca;
te cuento por verte cerca
y no por contarte nada.

Y bendigo mi fortuna,
y oye el cuento y lo sabrás;
«Era un rey a quien jamás
le sucedió cosa alguna».

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Donaciano Bueno Diez

Donaciano Bueno Diez

Editor: hombre de mente curiosa, inquieta, creativa, sagaz y soñadora, amante de la poesía.

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