CUÁNTOS REZOS

»Aquí, mi Poeta sugerido: Yolanda Castaño

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Cuántos rezos, suspiros y plegarias,
cuántos salmos y a Dios invocaciones,
cuántos llantos plagados de emociones,
de creyentes, de gentes solidarias,
y cuántas frustraciones.

Cuántos ruegos, preguntas sin respuesta,
esperanzas que nunca se han cumplido,
rogativas que al cielo se han rendido,
y oraciones y aun actos de protesta,
echadas al olvido.

Peticiones sin más contestaciones,
que se agarran igual que a un clavo ardiendo,
cuando el hombre se observa se va hundiendo
y no acierta a entender por qué razones
debiera ir resistiendo.

Cuando intuye que todo está perdido,
desconfía le ayude el que es su hermano,
sin resortes, lo mismo que un gusano,
va buscando consuelo a lo ocurrido,
mas nada encuentra a mano.
©

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MI POETA SUGERIDO: Yolanda Castaño

Yolanda Castaño

Si hablase de ti no pronunciaría…

Si hablase de ti no pronunciaría
las sílabas supremas
pero besas bien y me gusta estar contigo.
Mi verde con tu azul.
Delirio de ramas.
Mi verde con tu azul.

Me abstengo de pronunciar esas sílabas sublimes
pero me gusta cómo abrazas y tu pelo hace juego con mi vestido.
Tus dedos patinan en mis medias.
Mi verde con tu azul.

Para que venga una pura…

Para que venga una pura sobre la miseria de no saberse nada,
pulsaremos los silencios hasta una uva demasiado violenta.

Estoy resbalando por una flor caliente…

Estoy resbalando por una flor caliente. He estado siempre cansada. Este egoísmo voraz
que insiste en la miseria. Pulsa mi vigilia la única fortuna de los locos. La que no comprendió
nada pero lo sintió todo.

Y en las madrugadas hago panegíricos a esta yolanda mezquina, que sabe venderse
y          conoce el final.

Deja que se alargue esta inquietud del ahora…

Deja que se alargue esta inquietud del ahora.
Que tarde, que tarde tanto
la patria de este
movimiento de la servidumbre del pan.

Yo me acaramelaba encerrada en una urna
pero no enlazaba nunca la miseria de una carencia.

Deja que mane
una prisa lentísima

y que el deseo sea
inmovilización de la urgencia.

LISTEN AND REPEAT: un pájaro, una barba.

Todo el cielo está en cuclillas. Una sed intransitiva.

Hablar en una lengua ajena
se parece a vestir ropa prestada.

Helga confunde los significados de país y paisaje.
(¿Qué clase de persona serías en otro idioma?)

Tú, me haces notar que, a veces,
este instrumento mío de cuerda
vocal
desafina.

En el patio de luces del lenguaje,
se me engancha la prosodia
en el vestido.

Te contaré algo sobre mis problemas con la lengua:
hay cosas que no puedo pronunciar.

Como cuando te veo sentado y sólo veo
una silla –
ceci n’est pas une chaise.
Una cámara oscura proyecta en el hemisferio.

Pronunciar: si el poema es
un exorcismo, un cambio de agregación; algún humor
solidifica para abandonarnos.

Así es la fonación, la entalpía.

Pero tienes toda la razón:
mi vocalismo deja
mucho que desear.

(Si dejo de mirar tus dientes
no voy a entender nada de lo que hables).

El cielo se hace pequeño. Helga sonríe en cursiva.

Y yo aprendo a diferenciar entre una barba y un pájaro
más allá de que levante el vuelo
si trato de cogerla
entre las manos.

Todas las salvaguardas que nos merecemos…

Todas las salvaguardas que nos merecemos.
Tu perfil confidente.
Como todo lo que te digo cuando no puedes oírme
y es tan dura la tarde, y tú tanto me faltas.

Nuestros dáctilos Par a par.
Sueños fértiles Par a par.
Parecía imposible que cupiese tanto aliento, tan madreperla
como ahora nos preña.
Venga, mi bella bestia, ven con tu yolandalatría.

La tarde nos frecuenta alguna vez abandonados,
y tú dices corazón, esa palabra que odio.
Fuiste tú, mi animal, fuiste tú quien esculpió
en mis nalgas un verso que decía para siempre.

Qué pensarán…

Qué pensarán.
Yo toda grácil entre las garras de una negra criatura.
Litros de barbaridades con purpurina,
y mi tiempo se acomoda a tu mandíbula cómplice.

Yo canto para ti todas las posturas escotofílicas
y las vamos reproduciendo con la feroz inocencia del debutante,
frecuentamos los vulcanos y yo te hago de todo;
yo vestal con uve y tú bestal con be.

La suma de las perturbaciones. Nos seducimos distinto.
Los tormentos que preceden a mi incontinencia.
Aprendernos de memoria
la biografía de nuestras piezas
y tus garras de tiniebla que sean horizonte.

Estaba en el enfrentamiento, en el malsano enfrentamiento
de mis años relativos
contra tus uñas de cuatro centímetros y medio.

La noche, calentadora,
y te pronuncio así: mi bella bestia.

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