LA SOMBRA

Mi Poeta sugerido: »Pablo Dema

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La sombra avanza suave, lentamente,
por un camino lleno de misterio,
no mira hacia ambos lados, va de frente,
pareciera que fuera al cementerio.

Tirado va en un carro con auriga,
demuestra conocer bien el camino,
desnudo ya de sueños y de intriga
pues no ha de precisar de pan ni vino.

La figura no es ya, que fue un fantasma,
la obsesión personada en el dinero,
asmático, creyó no tener asma.

Y aunque él no presumiera de adivino,
un pobre, ahora será, un sepulturero,
quien pondrá punto final a su destino.
©donaciano bueno

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“La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo. Epicuro”.

POETA SUGERIDO: Pablo Dema

Pablo Dema

Los poemas de William Grove

Hell

No es la enfermedad terminal
ni la ruina económica
ni la guerra que se avecina.

Es descubrirte cada noche pensando
que tu vida sería mejor
si alguien que has amado
-y no me refiero a cualquiera:
hablo de tu padre, tu hermano, tu hijo-
estuviera por fin muerto.

Conduciendo en medio de la noche

Ahora que el coche comienza a hacer un ruido raro
y el agua está llegando a la altura de las luces que vacilan
comprendo cuántos errores he cometido en las últimas horas.

No presté atención al alerta que daban en la radio cuando partí por la mañana.
No le hice caso a mi amante
cuando me dijo que no me largara a la ruta con esta tormenta.
(Ella ya no quiere saber nada conmigo,
pero hubiera preferido que pasara la noche en el sofá).
No quiero recibir un llamado a medianoche avisando que te hiciste papilla, dijo.

Pero hasta un cobarde como yo es temerario cuando se siente despechado.
Ahora la lluvia arrecia
y sólo circulan de frente los camiones de gran porte.
Lejos de mejorar, la situación empeora cuando bajo la cuesta
y después de un último parpadeo las luces se apagan.
Alrededor todo es oscuridad y agua que golpea.

Salir fue un error,
volver fue un error,
seguir fue un error.

Me pregunto si esta evaluación
no se aplica también a lo que hice en el día de ayer,
a la última semana,
al mes, al año entero
y al resto
de mi vida.

Colecho

para Virginia

Sin despertar veo surgir el día.
En la cama de al lado
una sombra dormida solloza.

Aprendí una cosa durmiendo
en albergues y pensiones.

Intentamos en vano
que nuestro niño duerma solo.
No puede ser ya un hombre
porque un hombre es un niño
que ha perdido a su madre
y la persigue a ciegas
en sueños
para siempre.

Toneladas de barro había en mi corazón

No te dedico un poema
porque todo lo que sale de mí
está sucio de mí.

Ninguna palabra en la noche,
solo mis manos
edificando la muralla muda
por donde nadie pasa.
Y vos dormida al otro lado,
mitad materna del nido que somos.

No te dedico un poema
porque todo lo que sale de mí
está sucio de mí.
Toneladas de barro había en mi corazón.

Un amigo

No hay flechazo de la amistad, sino más bien
un hacerse paso a paso,
una lenta labor del tiempo.
Éramos amigos y no lo sabíamos.

Maurice Blanchot

1
Hablamos, hablamos,
pasan los días
y no nos hacemos amigos.
La llama del mechero
nos guarda en su círculo de luz,
cuando el sol agrande la cocina
no tendremos ya el mismo centro,
cada uno lo será
de un mundo grande
donde los dos estaremos solos.

2
Aparecen las manchas de humedad
en los altos muros de los diques interiores;
es la amistad que se filtra,
impregna la mampostería, hace olor,
crecen líquenes y hongos,
seres que viven en la felpa de la materia necrosada.

Hablamos, bebemos, reímos
y nos vamos haciendo amigos.

3
Hacer amigos
Hacerse amigos.

Un chico descubre que hay otro en el recinto,
de repente corre mirando al desconocido de soslayo,
el otro lo persigue,
ríen al mirarse de frente por primera vez:
son amigos
y vuelven a correr.

Fácil amistad,
tierna y dulce, pura amistad
que empieza de la nada
y termina sin dolor.

Una amiga

I
Pasé frente a tu edificio esta mañana
y vi la ventana del departamento
en el que solíamos estudiar.

Si vivieras allí todavía,
si te hubieras quedado,
serías una autora
con un par de poemarios buenos;
pasarías frío en el invierno,
trabajarías de cualquier cosa
porque te cuesta dar las últimas materias,
ganarías poco
y no mucho más que eso
sería tu vida.

Pero te fuiste como todas
las estudiantes pueblerinas
para habitar una casa
con calefacción central,
un marido algo recio pero bueno
y unos niños que son
la luz de tus ojos.

Notarás que no abro juicios
ni hablo de chatura.
La aplanadora del tiempo
nos pasa por encima a todos,
a los que somos
y a los que quisimos ser.

II
Querías ser Alejandra
pero el furor lírico
te duró dos cuatrimestres.

Si escribieras todavía
serías
la loca de la familia,
pasarías con tu estampa etérea,
un buzo arratonado demasiado largo
y el pelo cortado a lo garçon.
Serías invisible en la calle
y un par de críticos distantes
te habrían dedicado
una reseña favorable.
Nos veríamos de vez en cuando
comentaríamos con amargura el estado
calamitoso de la nueva poesía
aunque no sabríamos ni por asomo
de qué estamos hablando.

Serías ella,
serías por fin vos misma,
no serías nadie
y estarías sola
con la poesía.

III
Al llegar, un poco de Satie o Leonard Cohen,
un par de tomates, naranjas
y una botella de agua bebida del pico.

Tu flacura blanca
desparramada en la cama,
el cigarrillo y un libro de poemas.

Toda la noche
haciendo la noche,
sólo vos
y tu cuaderno de notas;
a veces
una amante furtiva
despedida al poco tiempo
para producirte una llaga que lamer
en los días siguientes.

Harías
una literatura salvaje
que haría
estallar tu antigua furia
contra los paredones del mundo.
Si fueras así,
fotofóbica y neurótica,
adicta al café y a Emily Dickinson
tendrías tal vez
noticias mías.
“Filos”, una propuesta diferente

En el aire

Nos contaste que en Nantes
una chica te sirvió un crêpe de naranja.
Cuando lo dejó sobre la mesa,
le acercó una chispa con su encendedor
y la golosina ardió un instante ante tus ojos.
Brillaba, comenzando a derramarse, el almíbar tibio.
Fue tan hermoso, dijiste,
que no pude contener las lágrimas.

Estabas solo.
Tu esposa en un continente,
tu madre enferma en otro
y tu padre ya en ninguno.

En los días que compartimos
varias veces hablaste de la soledad.
Al despedirnos nos dimos un abrazo
y dijiste la palabra amigo.

A todo esto lo escribo en el aire,
ese lugar donde las cosas se vuelven
más intensas, más hermosas, más frágiles.

Nacimiento

para Ana y Eva

Dos corazones
del tamaño de una almendra
imitan, en su latido,
el sonido de la nieve
cayendo sobre un lago nocturno.

Lo que acontece en secreto
siempre adquiere el ropaje del milagro,
como un paisaje nevado
descubierto en la mañana
como las dos almendras rosadas
titilando calladas en la noche.

Lo demás,
las cosas, el mundo, nosotros,
¿cómo saldremos del asombro
de sentirnos engendrados por lo que nace?
El universo confluye, de repente,
en esa doble hendija de luz
que son las recién nacidas;
y todo lo que de ellas viene, a su vez,
queda teñido del brillo inaugural
todavía difuso pero esplendoroso
de su mirada.
Poemas (inéditos)

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