YO YA NO SERÉ FELIZ

Mi Poeta sugerido: »Pedro Jorge Vera

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Yo ya no seré feliz. Quizás no importe
si asfixiado me encuentro o tenga frío;
para doblegar los álamos del río
es preciso que sople viento del norte.

Yo ya no seré feliz. Tal vez no importe
al sonámbulo que cruza en mi camino
con su zamarra, migajas y su vino
lo que a este inquisidor el cielo aporte.

Yo ya no seré feliz. Y aunque lo fuera
he de aprender qué es el arte del olvido
lo que he soñado y aquello que he tenido.

Yo ya no seré feliz. Y el que me quiera
se comprometerá a contemplar la herida
desde hoy hasta que acabe la partida.
©donaciano bueno

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¡Ah, la felicidad! Todos buscándola fuera sin darse cuenta que anida en nuestro interior.

MI POETA SUGERIDO: Pedro Jorge Vera

Pedro Jorge Vera

Mujer del mar

Era toda del mar. Desde la honda
raíz del hueso hasta el reluciente
pétalo en que la piel triunfal remata.
Las algas que poblaban su cabello
mecíanse al impulso de la brisa
marina de su aliento. Por su cuello
descendía en raudal la conchaperla
hasta la playa brava de los hombros.

Era toda del mar. Ola en su cuerpo
horizontal, agónico o enhiesto.
Ola en sus labios de molusco. Ola
en sus pechos potentes como proas.
Ola en sus muslos ebrios. En su vientre
donde el coral su orfebrería instalaba.
Ola en su corazón. Ola en sus venas.

Era toda del mar. Sus dos pupilas
eran agua de mar adormecida.
Al puerto de su boca yo arribaba
como un lobo marino presentido.
Me mordían sus dientes insurrectos
con la furia tenaz de los ahogados.
Sus manos eran dos gaviotas ávidas
cayendo heridas en mi arena muerta.
Y sus uñas entraban en mi carne
como arponazos, como anclas nocturnas

Era toda del mar. Mis carabelas,
en su sangre por rayos sacudida,
descubrían los nuevos continentes.
Ciegas, las golondrinas acudían
a inflamarse de mar en su mirada.
Estatua de agua, y sal, y sangre, y viento,
el mar la acompañaba como un perro.

Era toda del mar. Como en las noches
en que el marino crea los siete mares
las estrellas cantaban a su paso.
Los grandes ríos de mi pasión salvaje
morían en su océano tumultuoso.
Ella era el temporal y el arco iris.
Ella era el sur y el norte de mi brújula.

Era toda del mar. Viejos tesoros
dormían en sus regiones submarinas.
Sus islas solitarias amparaban
misteriosas imágenes de niebla.
La rosa de los vientos desbordaba
su verde corazón aventurero.
Y sus palabras truncas me llegaban
como el eco de antiguas caracolas.

Era toda del mar. Ante su embruje
quemé mis naves y rompí mis flechas.
País de libertad, país de muerte,
entregado a tus aguas sin remedio,
escribí en mi diario abandonado:
“¡Marineros, al mar, hasta la muerte!”

Era toda del mar inexorable.
Era toda del mar incontenible.
Y porque era del mar, del mar eterno,
una mañana, con las velas altas
y sin mirar atrás volvió a su reino.

CHE DE AMÉRICA

Solo vino del Plata, caminante
endurecido por el luto humano.
Solo tomó en la palma de la mano
el sur y el norte del dolor errante.

Solo contempló al indio agonizante
en la pradera y en el altiplano.
Solo siguió la ruta del banano
que la Yunai convierte en flor sangrante.

Solo llegó a la playa mexicana
donde Fidel labraba la mañana
para vestir a Cuba, desnudada.

Y ya no estuvo solo. Verde olivo,
miliciano incansable, fuego vivo,
Che de América oscura, despertada.

Recado al Gran viejo

Eloy Alfaro, mi viejo
manabita duro y claro
viento grande montonero
de nuestro Ecuador amargo,
fulgor en Jaramijó
y llamarada en Gatazo,
vuelve para rescatar
la flor, el aire, el arado.

¡Ah estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!
Te han convertido en estatua
para tenerte amarrado.
Te escarnece y ningunea
audaz cualquier pobre diablo.
Te incineran diariamente
llena la boca de Alfaro
y mancillan tus cenizas
payasos de tres al cuarto.

Tu corazón indomable
de guerrillero templado
latina en el vendaval
del color americano
y ofreciste tu palabra
y el empuje de tu brazo
sin vainas ni vuelva luego
al Martí de los cubanos.

En tu alma estaba el pobre
y el pobre sigue de esclavo.
Niños de huesos desfilan,
los pulmones en la mano.
El indio riega la tierra
con sus lágrimas de espanto.
Esta es la patria, mi viejo
que los buitres han dejado.

Montuvio de siete suelas,
eras del indio el hermano.
General de hacha y machete
nunca fuiste derrotado.
Ah mi viejo luchador
costeño como serrano,
ven dáñales el pastel
que los vivos amasaron.

¡Estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!

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