A PUNTO DE VOLAR

»Mi Poeta sugerido: Idoia Arbillaga Guerrero

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En el pueblo, éste aquí, donde ahora vivo,
donde a nadie conozco del lugar,
y en que nadie se acerca a saludar,
hoy me siento cual ciervo que está herido,
como el ave sin alas, sin volar.

Rodeado de naranjos al pasear,
es con ellos, sincero, que comento,
olvidando no tienen sentimiento,
pues que a veces dan ganas de abrazar
buscando conmover con mi lamento.

Que hoy me encuentro cual árbol del ahorcado
predispuesto a cumplir mi penitencia
con la soga en el cuello preparado,
intentando saber si es que he pecado
indigente, pidiendo a Dios clemencia.

Esperando que llegue ese aguacero
en que el viento se vuelva contra el viento,
voy cerniendo las penas que hoy yo siento
de mi angustia y tristeza prisionero.
No quisiera morir mas lo presiento.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Idoia Arbillaga

Idoia Arbillaga

EL BAÚL INVISIBLE

Te llevo dentro
como el aullido fiero que prende la noche,
incendios de agua.
Como se filtra el mar en la arena del fondo
y seduce trigales detrás de la playa.
Te llevo dentro,
como un sueño brumoso
que nunca consigues poder recordar;
un sueño de tierra cosido en el alma,
marfiles quemados humean su hechizo.
Como un sendero oscuro perdido en mi sangre,
un tren estancado,
vagones sin leña.
Como el beso-sabor que alivia cicatrices,
carne de injerto que no se desprende.
Como el niño que grita contra el precipicio
o el precipicio mismo
llenando su boca.
Como el líquido mar que no puede enjaularse
o esa luna valiente se enfrenta al día.
Como el fuego en las yemas,
sin que pueda apartarme.
Secreto de rocas
rasgando mi piel:
te llevo dentro.

LAIO

Al lobo del corazón le clavaré pensamientos,
lo pisaré con razones que fustiguen su pelaje.
Escarcha de ahogados y burbuja de titanio
que forja el dolor,
gemelos que han nacido muertos.
Tristeza en tus ojos, con su trocito de infierno,
cuando sumergirse en el otro no es escapatoria.
El eterno amor de sombra se hace hueco en mi desván
pues dejaste un rescoldo encendido en mi mano.
Rudeza de paloma mutilada, yo no cazo mariposas,
hecha soy de su polen.
Hoy es un día extraño, el musgo del fondo del lago
flota dormido, brumoso.
No me rindo.
Como la loba hambrienta que se pierde en el páramo
aullaré ante tu piel.

EL BESO SOLITARIO

Primero señales tiernas en las esquinas del cuerpo,
reconocer las dunas, dorado escurridizo,
con el pulso del agua entre los dedos.
Una inmersión al fondo de mi mundo
con la receta antigua apretada en la mano,
unos acordes suaves
entre el cobre espeso.
Quiero esperar a ciegas muy despacio
y presentir el agua que se crispa,
y remover las brasas que se pierden.
Quiero que rinda al alma el oleaje
mientras me venzo sola,
mientras me pierdo al fondo de mi túnel
con el sabor salado del solitario beso.
(De Pecios sin nombre. Madrid, Amargord, 2012).

LA HIJA DE MIDAS

Tú eres savia y luz, yo soy lamento,
cristal que se hace fe si tu lo tocas.
Tú elevas esta brizna si se apoca;
el viento es tu familia y tu tormento.

Me elevas desde el fango a mi contento
esparces miel sagrada con tu boca.
La vida me entristece, seca y roca;
yo soy pobre lechuza y tú portento.

No niegues tu cobijo, eres mi dueña,
no niegues tu sonrisa a mi pobreza
ni escondas ser la brasa de mi leña.

Reflejo de mil soles tu belleza,
yo soy rastrojo rudo, nula breña,
y tú fundes mi piel y mi corteza

PENTAGRAMA EN CLAVE DE LUNA

Do—Re—Mi—Fa—Sol—La—Si—Do
Los dos mirábamos el gato muerto, pero
tú escondías tres notas musicales apretadas en la mano,
en clave de luna.
Do—Re—Mi—Fa—Sol—La—Si—Do
Las raíces de mi piel estaban secas
pero tu mujer de madera reverdecía pentagramas húmedos,
una red de cuerdas como labios paralelos
te sacaban de mi cuarto,
(Do—Re—Mi—Fa—Sol—La—Si—Do)
de la herida del tiempo por donde sangramos juntos
menta sobre el mar.
En el centro de tu lengua una bola de acero.
Hube de hacerme desván y cambiar mis tejas por escamas.
Do—Re—Mi—Fa—Sol—La—Si—Do
Morir un poco soñando nenúfares y algas
de crecimiento incrustante.
Morir un poco.
En cada inmersión atravieso el pericardio del mar,
buza de su corazón, gastado,
sin neopreno.
Do—Re—Mi—Fa—Sol—La—Si—Do
Sin el hombre verde con música dentro,
morir otro poco,
vertiéndome hasta la arena
del fondo de las aguas
del Mar Mediterráneo.

SEMILLAS DE FUEGO

La mañana me ha llenado de cristales la memoria:
un hombre ungido en barro se desmorona a mis pies,
la mujer hecha de arena que no borra nunca el tiempo,
una cueva femenina que fue origen del mundo,
muerta y clausurada me abandonó a mi suerte.

Has trazado un círculo alrededor de mi cuerpo,

soy un naranjo viejo y torpe, con el alma disecada.
Hitos varios nos circundan:
tres plumas blancas, el seno mustio de una anciana,
tres maldiciones, un peine enfermo de nácar.

Brasas de un amor-cangrejo que aún aprieta con sus pinzas.

Has encendido la hoguera donde me harás arder
en carbones naranja (felicidad, sopor).
Y el tronco me reverdece libre de sombra y cenizas
cuando aprietas mi vida en tus llamas,
fuego y purificación.

ODA A EROS

Si se tratara sólo del latido,
membranoso y fugaz, de la carne y los huesos,
o la azarosa química
que se desata a causa de inciertos referentes
(recuerdos, quién sabe, de un padre o de una madre,
recuerdos pueriles de un niño de la infancia).
Si fueses el instinto que traje de una cueva,
don de hembras inquietas buscando un esposo,
o fueras el residuo de la naturaleza que busca procrear;
si fueras sólo, Amor,
un regalo sin magia que busca nuestras cópulas
para forjar futuros,
si sólo fueras eso y no el almíbar blanco
que se enciende en mis venas cada vez que lo miro.
Aunque eso sólo fueses, Eros,
y no las cien abejas que hormiguean en mi alma
cada vez que él me besa,
yo seguiría en el mundo haciendo sus caminos
con la esperanza cosida en los pliegues de mi falda
yo seguiría bebiendo el agua de las manos
que hicieron de este cuerpo mujer enamorada.

UNIVERSO EN SENDA

Como un velero altivo que se adentra en la mar
con el mástil aún roto tras noche y tempestad,
hacia el sol de los valientes.

Princesa de tormenta y utopía
no pierdas nunca el ansia o la ocasión de navegar.
Hay que llevarse esa luz a la boca,
hasta quemarse o arder con cicatrices.

Mis ojos siempre humean un hechizo
vegetal. No me mires,
si no hay fuerza de antorcha en tus estambres.
Mi piel guarda la dicha de yemas alumbradas,
no la toques,
si eres velero anclado bajo un cielo trivial.

Que no soy agua de mar,
que soy rabiosa luna coronando,
insolente,
un océano oscuro.

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