AÑORANZA

»Mi Poeta sugerido: Rafael López

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Aquí estoy yo, de pinos rodeado
-de jara, de romero y matorrales-
en una piedra firme aposentado
gozando de fragancias otoñales.

Voy plácido oteando el horizonte,
por vides que en ladera se atenaza,
la loma algo escarpada de ese monte
que oriundos denominan “Calabaza”.

Mis más de los setenta años cumplidos
-mas otros por mi ausencia y de añoranza-
de amores que he dejado en los caminos
cabello, antaño denso, y hoy ya calva.

Momentos de mi infancia que ilumina
mi ajado rostro. ¿A qué tan largo viaje?
Miro hacia el sol y el sol me recrimina
e impide disfrutar de su paisaje.

Recuerdo aquellas tardes otoñales,
las hojas de los chopos junto al río,
los sueños que fluían a raudales
en joven e impetuoso desvarío!

El ruido la tamuja me despierta.
La tarde cae. El sol se está ocultando.
Cogiendo mi cachava, doy la vuelta
camino a cada paso desandando.
©donaciano bueno

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El monte La Calabaza, es un pequeño montículo que se encuentra a un kilómetro de pueblo, Zazuar, en dirección a Vadocondes en la provincia de Burgos.

MI POETA SUGERIDO: Rafael López

Rafael López

Índice de poemas de este poeta

La alameda

En los veranos rojos, cuando a los mediodías
desata los bozales de sus perros el sol,
¿quién no gozó tu abrigo, quién ignoró las pías
frescuras que derrama tu inmenso parasol?

¿Quién, en el sueño rosa del minuto romántico,
no, tembloroso y pálido, se detuvo al pasar
bajo tu fronda amiga, para esparcir el cántico
del beso en el propicio sortilegio lunar?

¿Qué anhelo, mozo y fuerte, no se prendió a una falda
errante por tus claros senderos de esmeralda?
¿O qué infantiles pasos no fueron por tu alfombra

tras el fugaz insecto de alas de rosicler?
El grande y el pequeño ven brillar en tu sombra
la mentira dorada, mariposa o mujer.

Nocturno

Seda oscura sobre tus piernas,
qué paradójico ataúd;
veo surgir de hondas cisternas
los mástiles de la inquietud.

Rueda en el lánguido sulfato
de sus miradas de candor,
el puñal del asesinato
entre los juegos del amor.

Cuando los labios sitibundos
beben en su boca feliz,
se le adelgaza la nariz
como la de los moribundos.

En el ritmo de su cadera
palpitan los flancos del mar,
la sangre de la primavera
y el dulce veneno lunar.

Aunque limpia de desengaños
la joven frente alza marchita;
parece que tiene mil años
como nuestra madre Afrodita.

Venus supensa

Tu presencia en mi sombra se divulga
como el vuelo de un pájaro escarlata
con el que un pardo atardecer comulga.

Y tu alegría matinal desata
un sonoro esplendor sobre mi vida;
es una esquila de cristal y plata

que, en silencio de muerte sacudida,
me lleva del pavor del Viernes Santo
al júbilo de la Pascua florida.

Absuelto el corazón de su quebranto,
con el hechizo de tu primavera,
se agita en rosicler y en amaranto.

Así pinta la nube —pasajera
en el navio ardiente de la aurora—
la habitual palidez de su bandera.

El instante de nuevo se avalora
con la esperanza nómada, que el día
pugna en fijar el ancla de la hora.

Vuelve el halago de la melodía
que la ilusión maravillada canta
en un crepuscular violín de Hungría.

Un conjuro se gesta en la garganta
a las pupilas de inquietud de onda
que abrió el Maligno en tu perfil de santa.

A la audacia le grito que se esconda
y a la emoción que siga en su retiro,
pues sólo tengo en tu belleza blonda

un sepulcro de oro a mi suspiro
y un sudario de nieve a mi deseo
—roto avión en escollos de zafiro.

En un milagro estoy: cuando te veo,
se deshace la hora en su segundo,
como el relámpago en su centelleo.

Me da la vida su ritmo profundo,
la pavesa interior sustenta llama
y un insólito abril me embruja el mundo.

Juventud, gracia, amor, es tu anagrama
claro, pero insoluble a mis delirios;
quisiera, para descifrar su trama,

ser jardinero, entre dulces martirios,
tras cómplice cortina de sonrojos
en tu regazo de rosas y lirios,

sobre tu boca de jacintos rojos,
y tardo sol de veraniego alarde,
demorado en las hiedras de tus ojos.

Y en un palmo de azul, sola tu huella,
alivia mi crepúsculo cobarde,
cual la paloma de Venus la bella,
suspensa en las cornisas de la tarde.

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