BRAVO MURILLO

Poeta sugerido: Manuel José Cortes

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Camino por la ciudad
de Madrid un bello día
mirando con alegría
la gente que viene y va.

Raudo avanzan al pasar
como si tuvieran prisa,
serios, sin una sonrisa,
deseando al fin llegar.

Tengo a varios que driblar
para no darme de bruces,
en un zig-zag sin parar
la recta vuelvo a tomar
y así evitar nuevos cruces.

En este andar tan ligero
todo fluye sin maldad,
veo a varios pordioseros
acercándome el sombrero
mendigando caridad.

De pronto un grupo se para
provocando una obstrucción,
ni una sola exclamación,
el que va atrás no repara,
empuja, y sigue en su dirección.

Ahora es una bicicleta,
una niña pizpireta,
que avanza por la calzada,
primero hace una pirueta,
aceleración, frenada.

Miro a un lado y veo rumanos,
al otro sólo veo chinos,
muchos sudamericanos,
paseo por Bravo Murillo,
aquí caminar no es sencillo.
Estoy en la ONU, hermanos.
©donaciano bueno

Esta calle de Bravo Murillo es hoy en día uno de los centros neurálgicos de Madrid donde se ha instalado la inmigración. Aquí, lo difícil es encontrarte con alguno que tenga rasgos que te suenen muy comunes.

POETA SUGERIDO: Manuel José Cortes

Manuel José Cortes

El justo

Al borde del abismo, el roble erguido,
del huracán resiste al recio embate,
y su lozana copa no se abate
ni aun al golpe del rayo que lo ha herido.

Así, la condición que le ha cabido
sufre el justo, en su vida de combate:
exento de temor su pecho late,
y el dolor no le arranca ni un gemido.

El odio inmerecido no le espanta;
de sus contrarios el ultraje olvida;
el rencor en su pecho nunca impera.

Del deber acatando la ley santa
ve, imperturbable, el drama de la vida,
y el desenlace en otra Vida espera.

El zorro y el perico-ligero (Fábula)

Es necedad de marca
tragarnos el elogio
mentido de algún pillo
que después dice «!tonto!»
y ríe en nuestras barbas:
Vaya al caso un apólogo:

A un perico-ligero
así le dijo un zorro:
«Tu agilidad, perico,
excita grande asombro:
dicen que bien mereces
el epíteto honroso
de LIGERO; que corres
mas que el galgo y el potro;
que saltas mas que el tigre;
que brincas mas que el mono.
Haz que tu ligereza
yo admire, y este arroyo
salva, y en cambio te hago
el mas cumplido encomio».

El pobre animalejo
da un salto, y en el lodo
se mete hasta las cejas.
El pillastrón del zorro
se ríe a carcajadas y le dice «Molondro»,
si ya has vuelto a tu juicio,
sabe que por apodo
se te llama LIGERO:
tu nombre es PEREZOSO.

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