JOSÉ ZORRILLA

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José Zorrilla nació en Valladolid 1817 y falleció en Madrid en 1893 y es uno de los principales representantes del romanticismo medievalizante. Trabajó en el periódico El Español, donde publicó algunas de sus poesías. Además fue autor de leyendas, entre las que se encuentran “Cantos del trovador”, “Recuerdos y fantasías” y “A buen juez mejor testigo”.
Pero el registro de José no quedó relegado a esos géneros, también fue un prolífico autor teatral; algunas de las obras de este tipo fueron “Vivir loco y morir más”, “El molino de Guadalajara” y “Sofronia” (una tragedia escrita bajo los esquemas del teatro clásico).
A los 29 años se trasladó a París donde entabló amistad con George Sand, Alexandre Dumas (padre) y Alfred de Musset; todos ellos marcaron un antes y un después en la vida de Zorrilla, colaborando con el desarrollo de su estilo literario de una manera imprescindible. 

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Dueña de la negra toca,
la del morado monjil,
por un beso de tu boca
diera a Granada Boabdil.

Diera la lanza mejor
del Zenete más bizarro,
y con su fresco verdor
toda una orilla del Darro.

Diera la fiesta de toros,
y si fueran en sus manos,
con la zambra de los moros
el valor de los cristianos.

Diera alfombras orientales,
y armaduras y pebetes,
y diera… ¡que tanto vales!,
hasta cuarenta jinetes.

Porque tus ojos son bellos,
porque la luz de la aurora
sube al Oriente desde ellos,
y el mundo su lumbre dora.

Tus labios son un rubí,
partido por gala en dos…
Le arrancaron para ti
de la corona de Dios.

De tus labios, la sonrisa,
la paz de tu lengua mana…
leve, aérea, como brisa
de purpurina mañana.

¡Oh, qué hermosa nazarena
para un harén oriental,
suelta la negra melena
sobre el cuello de cristal,

en lecho de terciopelo,
entre una nube de aroma,
y envuelta en el blanco velo
de las hijas de Mahoma!

Ven a Córdoba, cristiana,
sultana serás allí,
y el sultán será, ¡oh sultana!,
un esclavo para ti.

Te dará tanta riqueza,
tanta gala tunecina,
que ha de juzgar tu belleza
para pagarle, mezquina.

Dueña de la negra toca,
por un beso de tu boca
diera un reino Boabdil;
y yo por ello, cristiana,
te diera de buena gana
mil cielos, si fueran mil.

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