CONTIGO PAN Y CEBOLLA

»Mi Poeta aquí sugerido: Ángel Luis Luján

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas de HUMOR

 

Cebolla y pan contigo, me decía
la niña que por mi alma suspiraba,
reía y yo inocente la creía,
pues nunca yo pensé me engañaría
que fuera un comodín con que jugaba.

Prometo hasta morir comerte a besos
dejando a tus deseos sin aliento
sorbiendo de tu cuerpo hasta los huesos,
decía, con sus ojos tan aviesos
al tiempo que el decir llevaba el viento.

Hoy supe que ese amor era una treta
que fui solo un humilde subalterno,
igual que para un viaje una maleta,
su amor no llegaría hasta la meta,
y aun menos que ese sueño fuera eterno.

Y a aquel, el que conmigo compartía,
que sepa las ganancias no le arriendo,
tendrá lo que sin duda merecía
tirado irá en la misma cañería,
con otro le engañaba descubriendo.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Ángel Luis Luján

Ángel Luis Luján

POEMA I

Ya sé, me contradigo,
como un hombre sentado ante su propia fotografía:
me mira mi mirada.
Los dos que somos pensamos a la vez
pero ninguno… el tiempo ha dicho las palabras
que cubren el silencio
desde el que sin querer nos contemplamos.
¡Que aventura la de verte yo, recuerdo en carne,
y que aventura la de adivinarme tú, profeta injusto!

POEMA II (fragmento)

SOLO
como otras tantas tardes de mi vida y
batido en una retirada inutil
desnudo los instantes que me cubren
y tejen este dédalo de trajes
que arrastro por las calles.
Detrás de una ventana el mundo es más sincero,
al menos sé que existe y que yo existo
y apenas nos llevamos como malos vecinos
que entre dientes se saludan.
Por eso emprendo un túnel que me lleve a mí mismo
por el pasillo estrecho de otros ojos,
fugados de la carcel de los días,
y tomo el té cuando la tarde invoca
los últimos imanes de sus luces,
bañado en soledad, en una isla.

POEMA V

MI clase de francés.El tiempo atrás
que se llamaba escuela.
Había una muchacha que escribía
cn letra de bordado en el cuaderno,
y estaba en el rincón de la ventana.
Tenía tanta luz que daba pena
mirar el sol una vez más En el recreo
jugábamos a cosas sin ternura.
En el portal, en esas tardes de verano
desnudas como el baño del domingo, las vecinas
tejían ya un invierno anticipado,
y cómo se les iban quedando grandes
los hijos y las decepciones.
A la llegada de la noche, a veces, en un tiempo
que no podría definirse, brotaba la verbena
en nuestro barrio, y a la plaza
venía la muchacha y se quedaba
junto al puesto de dulces,
como una luna en medio de la fiebre.
Porque era su lugar, yo nunca me atreví
a saber cómo bailaba.

Mi clase de francés, si entonces era un poco
de sorpresa y cobardía,
y esperar a que el camino nos juntara,
¿por qué de huida ahora?
¿Acaso para ser féliz no basta una palabra?
Por ella,
recuerdo mi niñez como unos versos
que no voy a escribir indefinidamente.

POEMA VI

MI pequeña voluntad,
esa mano cerrada de ilusiones,
como manojo de un abril sin prados;
mi pequeño afán de pasos,
la leche de sus huellas cuando aun no ha madurado
la dentadura audaz del desconcierto;
mi corta mocedad vertida
en el destierro de las interrogaciones,
¿que pueden contra el mundo,
contra los horarios de los trenes
o el frio elemental de las mañanas de enero
que alimenta, como una amante casta,
la ausencia del deseo?
Mi pequeña voluntad no puede
detener que un año caiga
y que otro caiga encima
y que aún así los días se parezcan,
y que la vida me vaya arrinconando
y que me vuelva caja.
Mi pequeña voluntad ,
¿qué puede contra ti,
que estás también afuera,
donde llueve sobre ciudades sin piedad,
y se aprieta la esperanza en autobuses llenos,
y no hay más luz que la de la rutina
para mirar en la bondad desconocida de otros ojos?

POEMA IX (Puerto)

MILO recuerdo con lluvia que no pone la memoria.
El alba gris a veces difuminio de un crepúsculo de barcos,
y el cielo siempre era un intento de mar que se detiene
a las puertas de hacerse indefinible.
Apenas un paseo, unas palabras
que se rompen al borde de los otros;
y las gaviotas, dibujadas sobre un lienzo
de paso hacia la noche, como la esperanza
de rodar hasta el recuerdo de ahora:
hería su necesidad de ser miradas.
Los de entonces, borrachos de aquel tiempo sin fe,
a la luz de un faro, una lección de intermitencias,
llegábamos al fin de los caminos,
donde empieza de nuevo la jomada
dispuestos a vendernos como frutas
por el amor que entonces parecía.
Acaso ya ni somos la semilla dejada en lejanía
porque otras tardes tristes nos unieron,
otros sitios previstos, tiempo arriba
(distintos de aquel puerto en el ocaso)
y a veces el azar nos emociona
con un gesto de mar en la mirada.

(del libro “Días débiles)

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