MI SANGRE ES…

»Mi Poeta aquí sugerido: Inmaculada Mengíbar

MI POEMA… de medio pelo Lee otros poemas de HUMOR

 

La sangre que discurre por mi vena
no es sangre humana,
quizás se haya inyectado de una rana
o la ha subido allí la mar serena
de mala gana.

O tal vez haya huido de una pena
una mañana,
se apiadó de ella al verla tan insana
temiendo aparecía una gangrena
y dio en la diana.

Mi sangre siempre haciendo gorgoritos
huele a pimienta,
para un vampiro huele que alimenta
a pétalos de rosa ya marchitos
que trae a cuenta.

Mi sangre sólo es sangre ¡qué carajo!
tiene erre hache,
y aunque ya pasó alguno que otro bache
se mueve con ternura y desparpajo
es de azabache.

Mi sangre no sabe si fría es, caliente,
yo la cogí un día
cuando iba resbalando y se moría
cayendo desde el caño de una fuente
tal cual fluía.

Mi sangre en estos versos de dislate
es disoluta,
mas no piensen por nada es una puta
que simplemente finta es o regate
en la disputa.

Mi sangre aquí no es sangre que es veneno
que plasmo en verso
y lanzo sin pudor al universo
aunque alguien pueda pensar que huele a heno,
que tergiverso.

Mi sangre solamente es una excusa
para yo escribir
sobre una asignatura tan difusa
y sin habla dejar patidifusa
y hacerla sonreír.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Inmaculada Mengíbar

Inmaculada Mengíbar

ERA ESCUCHAR A BACH …

Era escuchar a Bach
el café recién hecho
y las islas moradas del crepúsculo. A veces
salir de clase y cinco mil semáforos
guardias atascos niños
autocares y cláxones
señoras lentas bolsas escaparates coches
corriendo clandestina
un ascensor en vilo esperándome cómplice
y mi uniforme azul. Entonces era
tirar los libros la nostalgia el frío
mirar fotos antiguas léeme
otra vez el poema de la luna
y esa forma tan tuya de callar de decirme
que un día vas a llevarme
al mar cuando oscurezca
para ver las primeras gaviotas de la noche
esa forma
tan tuya de decirme y las islas y el rojo
de la tarde cayendo
y esa desolación de los tejados grises
y de los pantalones tendidos
balanceándose
las camisas sin nadie
sobre la alfombra
quietas y ya sólo las islas y ya sólo tu boca
y ya sólo la noche rompiendo en oleadas
de oscuridad azul. De aquel invierno
conservo sobre todo
el recuerdo de un frío casi irreal de pronto
al salir de tu casa
la sensación inmensa de abandono
que me envolvía en medio
de esas calles extrañas de la vuelta
aquellas calles donde
todo era silencioso casi irreal
el irse cerrando de los bares
algún borracho hablando de amor a las farolas
la gente haciendo cola
en las paradas últimas de autobús
gente triste
cargando con abrigos pesados como ausencias.

Era escuchar a Bach
y el café recién hecho
y las islas moradas del crepúsculo haciéndose
y deshaciéndose eran
bahías inconstantes arias tristes.

Atardeceres malvas sobre las azoteas.
De Los días laborables, Hiperión, 1988

BUENA DISPOSICIÓN

¿Para tres días tantas maletas?
Me pregunta.

Él viene con lo puesto. (No lo puedo creer.
¿Es que no va a cambiar
siquiera de chaqueta?)

Al instante me acuerdo de unos versos de Donne.
(Como un feliz reproche): Ea, pues,
¿qué más ropa necesitas que un hombre?

De Pantalones blancos de franela, Hiperión, 1994

La historia de nuestras vidas

Después de este silencio,
qué nos queda.

Me conmueve mi propia soledad, mientras leo.

¿Así que
ésta era la historia de mi vida?

Me recuesto y te miro
envejecer sin mí.

Karma

En los últimos años,
Ulises y Penélope
han realizado algunas visitas a una bruja:
Siempre salía yo.

Y por más que él negara cualquier cosa,
me dice que Penélope
se ha puesto como loca a restaurar las redes
y a la vez a buscar apartamento.
Y que ahora es el fin.
Que por eso ha venido.

Cuando me lo confiesa,
todo esto me deja no sé cómo, de pronto.

Y sobre aquella especie de amuleto plateado

Y sobre aquella especie de amuleto plateado
prendido en su chaqueta,
que me hizo esconder
?era un regalo de ella? a media noche,
no escribir un poema.

Cosas de mujeres

Pero seamos realistas:
Penélope, cosiéndole,
no es más feliz que yo
ahora mismo rompiéndole
la cremallera.

BUENA DISPOSICIÓN

¿Para tres días tantas maletas?
Me pregunta

Él viene con lo puesto. (No lo puedo creer.
¿Es que no va a cambiar
siquiera de chaqueta?)

Al instante me acuerdo de unos versos de Donne.
(Como un feliz reproche): Ea, pues,
¿qué más ropa necesitas que un hombre?

¿NO SE TE OLVIDA NADA?

Desayunar croissants en hoteles de mil
estrellas.
Despertar
viendo el mar a través de palmeras
inmensas,
buscándonos después de habernos
sumergido
en nuestras propias olas
y volver a la orilla entre risas de sol y zumo de
naranja
empapados de besos. La droga de vivir
pendiente de la droga que era tenerte cerca
(aunque pensar en ti
fue también una forma de tenerte conmigo
durante tantos años),
el terror de los sueños a hacerse realidad
y un miedo inconfesable a no tener excusas,
todo parece hoy tan lejano y tan mío.
Escapar de algo juntos hacia nunca.
Hacia siempre.
O dejar que el azar hiciera de las suyas
y eso nos perdiera.
Escapar de algo juntos.
Tener la vida entera para escondernos
y (¿por qué no me dijiste todo esto,
entonces?)
tener el tiempo justo para meterlo todo
en un poco de tiempo:
la playa, las camisas, los paseos, los libros,
los ratos de silencio, las caricias, las huidas,
las trampas peligrosas donde caemos a
veces,
las palabras que al fin terminan
rescatándonos,
esos vaqueros claros,
la cinta de Iggy Pop que te grabó tu hijo,
los pantalones negros que te sientan tan
bien,
y la cena de anoche,
el postre que pedí de nueces y de fresas,
lo que estuviste a punto de decirme
y callaste.
Desayunar croissants en hoteles de mil
estrellas.
Despertamos
entre un oleaje de coches que se abren
como barcas al mar
–la Gran Vía bebiendo el sol de la mañana–
y un cielo transparente de agua mineral.
La droga de vivir.
Tener el tiempo justo para meterlo todo
en un poco de tiempo:
la chaqueta de cuero que llevabas
el primer día, los planes para volver a vernos,
el colchón en el suelo,
las bebidas de anoche a medio terminar,
una imagen de ti con el pelo mojado
saliendo de la ducha,
el tacto de tu piel todavía en mis dedos,
los vaqueros oscuros,
esa camisa blanca que te sienta tan bien,
las ganas de reír en plena madrugada.
Vámonos. Todo listo.
¿No se te olvida nada?
Ya en el taxi,
Buscábamos palabras para decir adiós
y encontrábamos besos.
Y después, al llegar a la sala de embarque…
Mejor no recordar el aeropuerto
(La realidad no dura mucho tiempo.)

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