Paco José González – Equilibrio que derumba al caso más bello

Concibo la poesía como una obligación, una deuda de mi ser con la existencia, las calles y las noches, los cuerpos que amaré, las dudas y los miedos. Concibo la poesía como el habla de mi alma. Aquí puedes ver más sobre mí: Poesías del tiempo medio – El jardín silente

Del sueño azul, que de eternidad se jacta
sólo algún jirón de tela desteñida
morará en un niño gris a la partida,
son acuerdos que la verdad con dios pacta.

Considerando, pues, a Dios el Demiurgo
que al amor y la materia puso orden,
en el vital caos de ciénagas que absorben,
y creó este equilibrio donde hoy purgo.

No son verdades por sí las evidencias,
y sabido es, que la faz ante el espejo,
de certidumbres devuelve apariencias.

El hombre es gran detractor de su reflejo
Y no busca realidades ni certézas,
por no aceptarse un vulgar animalejo.

“Dedicado a mis compañeros de fatigas”
Destellos de Luz ‘Los Toruños’

Volver a la plenitud
de la crianza, ¡patria absoluta!,
sin las terribles cicatrices de un pasado
irascible, convulso…¡fiero!.
Adentrarme en la arboleda, enamorado
de la suavidad de la vida,
delicado ritmo azul entre lo verde,
que se respira delicioso
al mecido espartano del levante.
Eolo dulcifica , veloz y generoso,
la ansiedad , ya no perpetua, ni constante.
Absorbo , transitando a las sonrisas,
el verdor sublime de la hiniesta,
fuente entre los pinos…alivia.
¡Oh, los caños misteriosos!.
Emocionado caminar
en pos de la marisma,
del río preámbulo, de tan hermoso
hiriente.

Río San Pedro

La noche Casi ni noche es
frente a la inmensidad de este rio,
ya, tan anclado en mis sentidos.
La mar se cuela en su seno,
lo agranda, lo torna inmenso.
Lo preña con sus corrientes
el Atlántico bravío.
Se encienden, en los adentros,
mis entrañas si lo miro,
es tan hermano del Piedras
que me duele de tan mío.
Sequero, Punta Del Pozo…
Marismas de los Toruños,
Lo miro, y se que me miro
caminando por el fango
con la inocencia de un niño,
siento el deseo imparable
de empacharme de su arena,
de perderme entre sus pinos.
Recorro su orilla amada,
Y suena, fuera del tiempo,
rescatada del olvido,
la voz de mi madre Juana
sofocada y dando gritos:
‘¿dónde andará, como siempre
este demonio de crio? 
¡que me se mete en los caños!,
¡que se me atolla en el fango!
¡ya se fue pa la ribera
este maldito chiquillo!
¡que me va a quitá la vida!
¡que disgusto opaito mío!.
Y sigo, la mar …detrás
hacia la esencia primaria,
fuente de fe y de crianza,
origen casi absoluto
de sentir como yo siento, de vivir como yo vivo.

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