SER FELIZ NO ES CUALQUIER COSA

María del Socorro Gómez Estrada (poeta sugerido)

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Ser feliz no es, amable o complaciente,
a este mundo subirle a los altares,
y esconder si es que ves que llueve a mares
tu mirada al pasar, no ver de frente.

Ser feliz no es palparse la chequera
y así hacer de la vida un pasatiempo,
ni es gozar la pitanza, ni el sustento,
pues feliz puede serlo así cualquiera.

Ser feliz no ha lugar si es perseguir
a la suerte cual fuera una alimaña,
ni creer de esta vida esa patraña
que te anima con fuerzas a seguir.

Yo, que admito que un día fui feliz,
a menudo me acuerdo de ese día,
fue tan fuerte el amor que moriría
por hacer de ese sueño hoy su aprendiz.

Y es que entonces vivía yo en Madrid
-ya se sabe que de Madrid al cielo-,
yo me fui, no me sirve de consuelo,
mas compruebo que aun siento su barniz.
©donaciano bueno

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María del Socorro Gómez Estrada

I

Faltan palabras…
Que del centro de la tierra
salgan los dinosaurios
y hablen por nosotros
hartos ya de nutrirse
con tanta sangre derramada.
Que hablen las piedras
a los de corazón de piedra
para que cesen
las erupciones
de hierro y piel.
Que hablen por nosotros
los fósiles
y los ángeles desprevenidos
que no se han dejado
todavía intimidar.
Que no queden más
risas incompletas
ni voces ahogadas
ni cuerpos mutilados…
Faltan palabras.
El verbo también está herido…

II
La paz rompe silencios
y la guerra al asecho
la viste de nuevo
con una mordaza
que celebra la muerte…
Somos tan diestros,
que logramos matar
el silencio
y las balas perdidas
transitan como orates,
en busca de una musa
que las inspire,
mientras encuentran
en dónde descargar su frenesí…
Entre tanto la diana se ofrece
a ejercer el buen oficio
de consoladora de héroes.

III
Para no perturbar
el sueño de los justos
Dios aprendió a caminar
en puntillas
y han sido tantos
los justos inmolados,
que sus pies se asumieron
en alas, para no perturbar
ni siquiera
sus sueños fallidos…
Pasos silentes
como un homenaje al valor,
que la barbarie
vistió de eternidad.

IV
Si en lugar
de balas
dispararan abrazos,
podríamos por fin
dar cuenta
sobre lo que significa
morir de amor…

LA VIDA Y LA PALABRA…
¿Ese aliento que llamamos vida
– bocanada de imaginerías y de vértigo –
no es más que un paréntesis 
entre los silencios que nos habitan?
¿Somos acaso esa raíz que no llega a ver la luz
del árbol que Klimt sembró de color 
y nos quedamos apenas en los ojos 
que miran a hurtadillas a los amantes, 
que beben de la fuente primigenia 
e inventan el amor?
¿Ese aliento que nos posee en espiral
– presagio de abismos y de fuego –
no es más que una estela de humo
entre las ramas de ese tronco que es la vida?

La mano del pintor escarba entre la muerte
y las alegorías.
Con su pincel desnuda las horas y las mitologías
mientras la trementina se desliza serpenteante
como la eternidad que le fue arrebatada a Gilgamesh 
antes de llegar a Uruk.

Así son las cosas: 
somos vida fecunda que camina la muerte
a través de laberintos con los ojos 
puestos en las estrellas, 
soñando como Siddharta alcanzar la Iluminación 
a la sombra de un Bodhi.

Y somos también una quimera,
abandonados a la magia que descubra la palabra 
– esa palabra que nos salve – 
que se esconde en la orilla del Tiempo…

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No soy quien para juzgar,para tus versos, mielero,no existe un buen basureroque los puedan soportar.