MIDIENDO EL TIEMPO

»Mi Poeta aquí sugerido: Angelina Gatell

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Midiendo voy el tiempo que me queda
que quiero disfrutar hasta el final.
No sé si al otro lado será igual.
Si allí todo me irá como la seda,
si pues que habita Dios no existe el mal.

Hoy saco a deshilar esa madeja
igual que cuando niño devanaba,
y siento como el hilo ya se acaba.
Y observo que me espera a mi una reja
diciendo ya se dio lo que se daba.

La vida es un proceso que termina,
yo escucho mientra hay vida hay esperanza.
No voy a protestar por su tardanza
ni crean que a la misma tengo inquina
pues que ella mientras dura siempre avanza.

Ochenta metros tengo recorridos
oyendo repicar a las campanas,
abriendo bien sus puertas y ventanas.
Ochenta son los años redimidos.
que llevo recargando mis cananas.

Llevando una chinita en mi zapato,
la muerte ya se sabe que no duele
pues sueñas mientras dura ese telele.
Lo mío es a la siesta echarme un rato
sin venga ni haya un dios que me desvele.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Angelina Gatell

Angelina Gatell

A MI HIJO EDUARDO QUE CUMPLE SUS VEINTE AÑOS EN LA PRISION DE CARABANCHEL

Hoy se cumplen veinte años y aún me dura
el calor de su cuerpo en mis entrañas.
Nadie me dijo entonces qué alimañas
me rondaban golosas mi cintura.
Nadie nombró los yunques del espanto
donde su corazón se forjaría,
ni qué herrero del terror podría
templar sus herramientas con mi llanto.
Nadie nombró tampoco la impotencia
que ataría mi sangre desolada
al pie del alto muro carcelario.
Ni qué cegado grito de inocencia
sería la bandera más airada
en las manos del hijo prisionero.
Madrid, 19 de junio de 1975
Recogido en “Noticia del tiempo”. Bartleby Editores. Madrid. 2004.

Silencio

Pero debo callar y callar tanto…
Blas de Otero

A Sabina de la Cruz

A veces te bastaba con llegar a mi casa
con aquel ángel fieramente humano en las pupilas.
Traías tu silencio y envuelto en él dejabas
que el tiempo transcurriera
igual que una corriente por los valles,
de la amistad que no precisa
de gestos, ni palabras, ni razones, ni méritos.
Ni siquiera de versos.

El agua,
ejercitada en ser cristal o abeja,
pasaba entre nosotros. Se llevaba la tarde
como una sombra trémula,
navegada
por todo lo no dicho.

Después, dejando el sufrimiento de us labios
al borde de una copa
o de una taza de café vacía,
nos tendías la mano,
(a mí solías besarme levemente),
y te ibas despacio hacia la puerta
donde mi madre,
salía también a despedirte.

Sólo quedaba, atestiguando tu presencia en mi casa,
un periódico muy leído
y aquella intensidad que eran tus ojos

De: «La oscura voz del cisne» Bartleby Editores 2015©

Elegía imprescindible

A tu memoria, mi Nuria inolvidable.
A Fabien y a Laurent
Y a Amparo, que te lloró conmigo.

La sombra de tus manos, cedida por la muerte,
prestada a mi corazón,
está en esas orquídeas que cada enero
respiran en mi casa
lo que en ella dejaste: esa herida
que ya no tendrá tiempo de cerrarse
y diariamente sangra.
Ellas, con qué cuidado,
recogen mi tristeza en su blancura
y acercan a mis ojos
la piedra gris,
sabedora de lluvias y de fríos,
desde donde
tu sosiego de estatua me persigue.
Tus manos
entran en mi amargura por los hilos
más frágiles del aire y se deslizan
tranquilas, cariciosas,
hasta posarse en el vacío,
ese foso que siempre me circunda
preservando el verdín de los sillares
con los que, en días tan lejanos,
se edificó la torre que aún resiste.
Las líneas nacaradas de tus dedos,
emborronadas por la ausencia,
denuncian suavemente el atropello
que te llevó a la noche
y dibujan
la soledad que me dejaste,
la esculpen en el friso
en donde se reúne
la hermosa arqueología
de todo
lo que empecé a perder una mañana
del año veintiséis del siglo veinte.

Madrid, 2012 De: “La oscura voz del cisne”

“… Me arroparon con sombra. Me dieron
pan de sombra amasado
por manos de sombra y condena…”
AG

Generación

A mi hermano

Nada está hecho y ya nosotros
abandonamos la tarea.
Más que luchar, hemos soñado.
De nuestros sueños poco queda.

Más que cantar, es el silencio
nuestro destino y nuestra meta.
Más que vivir hemos pasado
sobre el cansancio de la tierra.

Más que sembrar, hemos dejado
henchido el cuerpo de tristeza.
Más que morir, hemos vivido
con tanta oscura muerte a cuestas.

Más que llorar, hemos sufrido
nuestra gran lágrima secreta.
Más que los hierros, es la noche
la interminable cárcel nuestra.

Más que el dolor, es la amargura,
el fruto cruel de la impotencia.
Más que trazar nuestro camino
es el camino el que nos lleva.

Desde el principio comprendimos
que era imposible la luz nueva.
Sombras tan solo, se apagaba
nuestra hermosura en la tiniebla.
De: “Las claudicaciones” – 1969
Reedición en 2010 – Editorial Torremozas

Meditación

Que extraño puede ser,
al cabo de los años, el amor,
o la memoria del amor, o el rastro
que deja, al apagarse, la memoria.
Joan Margarit

Amor y desamor como una misma
y ardua asignatura
nunca bien aprendida
Siempre
bordeando peligrosamente
las cifras del suspenso.
Anverso y cruz de una medalla. Filo
donde los sueños sufren
desasistidos. Solos.
Pienso
que sí, que es muy extraño verlo ahora,
sentirlo como a una paloma agónica
pegada a los cristales
en los que la memoria ha puesto sus visillos y todo
es como fue o no fue.
Algunas veces
me adentro en sus espacios
como si fuera el cuadro
de un pintor malogrado.
Recorro sus caminos,
la exaltación de sus paisajes
arrebatados a la sombra,
a los escalofríos, a las dudas
Tiemblan en ellos los colores, las líneas
ensoñadas.
Tal vez aciertas.
Y en misteriosa veladura
se diluyen figuras que tuvieron
la consistencia incólume del mármol.
Palabras, gestos, actos se disuelven
desamparados, imposibles…
Qué extraño, si, qué extraño.
Acaso nunca
supimos comprender del todo.
Y cuando un día, inesperadamente,
necesitamos hablar de ello,
no tenemos más verdad que el dolor,
y la imprecisión de la palabra.
En “Cenizas en los labios” Bartelby Editores 2011©

Tu memoria

Puntual, llegaba a diario la paloma
cruzando el mar, y con tu voz bajaba
a posarse en mis manos.
Me decías:
“Hay nieve en mis ventanas y me ahoga
la soledad. En mi memoria sólo
descansa unos momentos la tristeza
cuando eres tú, sin ti, quien la visita
como evasiva, transparente, sombra”.
Prometías volver cuando el verano
desvelara su flor: “Hemos de vernos
y hablar de tantas cosas…
Aún podemos
regresar a Orihuela…”
Como quema
el cristal irisado del recuerdo…
Yo también estoy sola. En otra nieve.
En “Cenizas en los labios” Bartelby Editores 2011©

“Dime, ¿vendrás conmigo a ver el alma?…”
AG

Tu casa

El pedestal del frío alza la casa
que quiso ser la mía.
Me perturba
ver su fotografía entre las páginas,
tibio regazo, de este libro donde
yace el amor que me tuviste
Nada,
si te fijas, parece haber cambiado
en la casa del maestro ni en la fría
heredad de la nieve.
Sin embargo,
sólo en la residencia del recuerdo
su nitidez respira todavía.
Y en mi respiración,
De lo sufrido
poco pudo salvarse. Quizá el fuego
de unas palabras y entre sus rescoldos
vagos indicios de melancolía.
De: “Cenizas en los labios” Bartelby Editores 2011©

“Mi corazón, mi casa, mi memoria…”
J.L. Georgé

Tu corazón

Tu corazón, como hoja de invierno
debajo de los cedros y esa nieve
confirmando mi ausencia, son imágenes
de aquella soledad por mí dispuesta.
Pero nunca supiste cuanto duele
cada ventana abierta en la ceniza
o en el haz de la duda.
Siempre quise que te llegara dulcemente escrito
para que comprendieras. Y no pude
sino trazar signos borrosos, pautas
de mi propio desorden.
Recorría
calles desiertas, miedos… No encontraba
más paz que mi vacío…
Es la hora
de la verdad y no sé como decirla.
De: “Tres instantáneas” En: “Cenizas en los labios” Bartelby Editores 2011©

“… dejará la lluvia su copo cristalino
inútil ya, en las flores que vinieron…”
AG

Errores

A Pepa y Héctor Vázquez-Azpiri

Sucederá que un día
me habré ido incluso de mí misma
y extraviada preguntaré
por donde se regresa a ser quien fui.
Me asomaré al espejo sin que encuentre
sino un extraño jeroglífico
nunca resuelto.
Me buscaré en mis actos y llegaré a esa roca
a la que sigo atada frente al mar.
Tú, desventurada Andrómeda,
sabedora de mí tal vez me reconozcas
en la manera
de soportar las ataduras
o de orientar el llanto,
Será sólo un momento. Me indagaré en los sueños,
páramo sin huellas,
ni miguitas de pan o luz transfigurada
que me lleve
al punto de partida,
al justo instante del error
y puedas aún corregirlo.
Aunque sé bien que el mundo seguirá girando
y yo con él, ya incluida en otros seres
en los que irremisiblemente
volveré a equivocarme.
De: “La oscura voz del cisne” Bartleby Editores 2015©

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