UNA CUALQUIERA

Mi Poeta sugerido: »Suso Sudón

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Señor, tú que desnudo a mí me hiciste
mostrando mis vergüenzas sin complejo
hoy ya presto a partir aquí te dejo
la parte de este cuerpo que resiste
y, como es natural, algo más viejo.

Te dejo mi legado en sacrificio
por si acaso sirviera de eximente,
que siempre yo intenté ser consecuente
ajustando principios a mi oficio
sembrando a los que llegan la simiente.

Me iré sin conocerte. Te he buscado.
Jugaste con mi tiempo al escondite
siendo yo el perdedor en este envite.
Espero no pensar que te has vengado.
Que nunca fui invitado a tu convite.

Si un día nada fui y ahora la nada,
-pido no seas cruel- está a la espera
evita, por favor, de pena muera.
Impide mi alma sea condenada
cual fuera una fulana, una cualquiera.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Suso Sudón

Suso Sudón

Valiente

Valiente es aquel que siente miedo.

Valiente es quien enarbola
la verdad más dolorosa
hasta la cumbre final
y la diluye con el viento,
el de los ojos ardientes de libertad
que deforesta de cadenas
las miradas que atraviesa,
es aquel
capaz de reutilizar las lágrimas,
reciclar la rabia
y retomar el mando de la nave.

Valiente
es quien planta enredaderas
a los pies del grueso muro,
riega, observa, espera y trepa
sólo cuando la hora llega.

No se puede no ser valiente

Es valiente
quien se autorretrata sin retoque
para poder sanar las taras,
quien cabalga contra la estampida
de conformismo y parches,
de no conflicto y yugos,
de pusilánimes búfalos embistiendo
a la pureza que no saben alcanzar.

Sólo hay dos opciones.

Ser valiente es simplemente
ser fiel a uno mismo
a pesar de los pesares de quien sea,
atreverse a soltar lastres
que no te pertenezcan.

Ser valiente es movimiento,
acción activa, voluntad, anhelo,
ilusión, principios, horizonte, medios,
velas, remos en las manos, viento.

No se puede ser valiente
si no se tiene nada que perder.

Valiente es quien todo lo pierde,
se agarra a sus propias asas,
aprende que nada tiene
y todo lo gana.

No se puede no ser valiente
si tienes un antes, un después
y sobre todo un durante,
si estás sencillamente vivo.

No se puede no ser valiente:
sólo hay dos opciones.

Valiente es aquel que siente miedo,
no se paraliza y lo utiliza
como combustible del valor.

Valiente es aquel que siente miedo.

Agujeros negros
Me aspiras el aire y la respiración
con los agujeros negros,
me irradias tu color oxidado y crema,
tu olor a cemento natural fermentado con cereza,
me inyectas tu sangre del ártico en la piel
y a la vez,
tu volcán más cálido eyacula en mi retina.

Se me cuelan el alma y la reencarnación
por tus agujeros negros,
me saben a leche tus curvas girando,
a cigüeña tus pilares agitando su quietud inerte.
Me apasiono con la conexión cósmica,
las cosquillas de electrones reencontrándose,
y permito mi estampida de pilotos suicidas enamorados.

Caracoleas en la arena del futuro,
sirenesca, saborida y socarrona,
dibujando mandalas perecederos.
Saboreo el panal lejano alojado en la rama más alta
intento trepar por tu cuello,
y me deslizo en el primer peldaño,
pierdo el tempo,
nos imagino danzando,
le lanzo un anzuelo a la hoguera que seremos
y sólo pica la ceniza que será si tiro.

Me precipito y me desincronizo contigo,
quiero acelerar el ritmo,
articulo palabras elaboradas por la muralla,
quiero acelerar el ritmo,
desprendes un desprecio precioso y ocre,
una catarata hormonal, helada y hogareña,
tu abrazo es seda lavada sin suavizante,
infinito amor amordazado en el vientre,
centrifugando,
y no puedo parar de percibirlo,
sólo eres sonoridad entre mis dedos,
y me precipito y no mido,
solamente quiero acelerar el ritmo
y no dejar escapar el vapor de la locomotora,
quiero apaciguar el fuego con queroseno,
enterrar el hacha de guerra en tus tetas,
sólo sé expresar así lo exacto,
sólo así diseminar mi pensamiento.

Quisiera hacer del poema supernova
que devorase tus agujeros negros,
pero ya sin aire ni respiración ni ritmo,
ya sin tempo ni cordura,
ni métrica ni rima ni estructura,
sólo alcanzo a esbozar estrellas negras
en el lienzo blanco de tu boca,
se me cuelan el alma y la reencarnación
por la cloaca de mi loca luz de cuásar
y desaparezco con el brillo testarudo y bruto
de nuestra rota sombra astral.

Domadores

“Las palabras no me van a devorar
como un león a un domador”.
Andrés Sudón.

Al final, las palabras
sí que te devorarán si no las domas.

Son un ecosistema dentro,
se retroalimentan entre ellas,
copulan con los verbos
y conciben oraciones que rebotan
en los templos internos eternamente y,
si no caben más,
se pega su eco a los cimientos
y acaban por romper el cielo raso,
el techo y el cielo luego.

Las palabras cazan en manada
domadores únicos rebeldes
que abandonan sus látigos de tinta
en el estante de los grandes clásicos.

Qué más da la melodía,
qué más da la literatura,
qué más da, en todos sus sentidos,
el acto de dar más de sí.

Me da igual el regocijo,
me dan igual los conceptos concretos,
las monedas y los taxis,
me da igual la cantidad de ojos
depositada en estos versos ya.

Las palabras depredadoras
salen a comerte un martes
mientras alimentas a un pez
obeso y luminoso
con tus minutos muertos.
Te rodean entre doce
formando dos versos mediocres
con posibilidades reales.
Y tú, con el cadáver del próximo minuto
colgando de los labios,
no alcanzas a lanzar el látigo
y te mastican las entrañas crudas.

Es por eso que todo.

Nos da igual
el programa de la lavadora,
nos da igual el éxito
en el sentido de salir,
somos domadores de palabras,
coreógrafos de estrofas,
cómo no se nos iban a secar los rostros.

Al final sí que nos devorarán.

Estrenaré un cuaderno tras otro
hasta no dejar hueco para el látigo
ni para los clásicos,
sólo miles de volúmenes
del soliloquio de este chalado
elegante y chabacano
hasta que se acaben los ecos
y saque de mis tímpanos
a las fieras ávidas
de ser vida en celulosa.

Al final sí que me devorarán las palabras
si no las domo.

Me fagocitan la calma,
me engullen el brillo,
digieren lentamente mi ligereza
y la gravedad se agrava.
Sí,
la naturaleza lo es todo,
menos aquello que no es nada.
La naturaleza es sí.
Ésta no puede no tener forma,
peso, altura, astralidad o nombre.

Toma nuestra libertad universal
y dámela.
Lame lento cada verso
sin motivo aparente ni importancia.

Nos deleitaremos
en cada voltereta de león
de las palabras mansas
mientras muere de inanición
el pez repleto de notificaciones.

Dejaré de lado el no y la nada
y dormiré al sueño del todo
para despertar porque sí
el sentido de la vida.

Gritos a un papel

Me veo reflejado en mis ojos
ante el espejo
y me quejo de mí.

Porque soy uno más de esos
que tiñen de azul las estrellas,
de gris las praderas,
y de tristeza las aceras de gente que ya no comparte la mía.

¡Qué ironía la vida!
Te da cien millones de besos
en la mejilla
y luego los tapa de un solo golpe
en la rabadilla.

Me quejo.
Porque tengo en la mano
un regalo valioso
y lo guardo en el bolso
pensando que puedo disfrutarlo
más tarde
sin cuidarlo primero
y llevarlo siempre a mi lado
agarrado de la mano.
¡Qué torpe he besado los labios que me han amado!

Me quejo
y no dejo de odiar las caricias
que le he dado al odio.

Me quejo
de que cada mañana
me quejo de no tener más
al mirar al vacío tras subir la persiana
mientras otros no tienen siquiera ventana.

Me quejo
y me quejaré mañana
de no haber cambiado nada.

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El mundo
ni siquiera
necesita poetas.
El mundo
necesita
poesía.

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Hombre – Blas de Otero
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser ?y no ser? eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

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