SONETO DE LOS REFRANES

Mi Poeta sugerido: »Carlos Oroza

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No sé si será cierto lo que dicen:
que el hambre con exceso se diluye,
el gato, si escaldado, de agua huye,
o el agua algo tendrá pues la bendicen.

Que a gusto nunca llueve, eso es bien cierto,
y el tiempo no es mejor por ser pasado,
la piedra arroje el libre de pecado,
en país, el de ciegos, rey el tuerto.

Ser franco eso es igual que un libro abierto,
buen puerco es más rollizo con buen huerto,
No esperes que mañana sea tarde.

Con viento el aguacero deja cerco,
o ser mucho más que la mula, terco,
no queda ya más cera que la que arde.
©donaciano bueno.

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Comentario del autor sobre el poema: Los refranes, simpre sabios. Aquí sólo he pretendido apoyarme en esa sabiduría para hacer un simple soneto de humor. El mérito es de ellos.

POETA SUGERIDO: Carlos Oroza

Carlos Oroza

El interior del vértigo

Ni un murmullo ni un ápice ni un atisbo
Solo el silencio -sin embargo el silencio espectante-

Contemplamos ilesos el accidente
Tal vez yo sea el error
El accidente
La estatua
La actividad
Corporativa la moral
En su obviedad lo neutro lo secundario
Los criterios formados en la era del múltiple

Y cuando todo nos falla sólo nos queda la poesía

Iluminada su presencia
Como un río que viniese a besar esta provincia enajenada
Cariñoso salvaje sometido corazón saciado encima de mi sombra
Qué difícil subir a tientas la escalera

Sin embargo la cordura -el estilo-
La austeridad que goza del favor de la concordia

Preciso en lo inesperado
En los límites la lucidez
Una luz puntual donde nace la corriente -la palabra y el número-
La palabra que canta de la mar el amor que profeso
El tanteo el intento la ola
La madre en cuanto a distancia que nos da el origen

El cinco ha quedado atrás
No obstante las mareas se precipitan
El horizonte ase alarga y nos muestra el ocaso
El universo se convierte en vocales
La ascensión del cópul
Su itinerante -el ave- el alma -los reflejos-
Las simpatías de los opuestos y los embarques
Ellos van donde nosotros ya estuvimos
En el propósito de continuar
No cesaré en el empeño hasta convertir el territorio en mi estatura
Difiero de su parecer
No me gustan los adverbios
Sus adyacentes las estatuas
La impresión moral de su geografía restaurada

Pasa el viento lento
Y sus sombras se deslizan con suave complacencia en la corriente
Unívoca la voz
De encendidos tonos de color las mareas
Las maneras y el modo
La intuición
El estilo -el instinto- la gracia
En el lugar -no en la hora-
En el lugar estaré siempre atento
Pero no dejaré nunca que la forma llegue al fondo para que todo siga igual

El narrador divaga
Y se muestra con cautela ante lo inesperado
Preciso en la contemplación

En el sedal de fiebre hay una escalera blanca
Oscurece
Sube la temperatura y en los altibajos crece el fantasma.

“Malú”

Parece entonces como si yo y yo fuésemos dos personas que se persiguen mutuamente.
Es en la evasión donde está el sentido de mi propia seguridad.
Oh eva
évame malú
évame malú

Hoy en ferragosto o julio triste prohibido e inasequible. Solo
Oh eva.
Évame eva.
Évame si me transito.

Era de noche por tus ojos de fiebre – ómnima por tus manos que me acarician.
Era extraño cómo subsistía por la noche cada noche deviniendo por mis pasos
para encontrar dormido el cuerpo enfermo en la otra casa.

Mi cuerpo contra mí – Tu boca caliente y sofocada –
conflúyete
abrázate
no rompas el silencio no toques la pared
me conforto en tu aliento
miro por tus ojos empujo por tus ojos
y me encuentro con las últimas cenizas.

Me dejo en libertad – ómnima mis pasos
y corro – corro por la playa hacia la casa abandonada.

No sé que hacer si estoy detrás de mí
tengo miedo tropezar tu cara
mirar tus ojos y verme divisado
aspirar tu aliento y verme subsistido
tropezar tus manos y verme aderezado
cariño eva évame.

Ómnima si mi pálpito se pierde por los trenes y pulula por los gemidos
mi pálpito pegado al viet dolorosamente ernesto a tu cintura nati
mismo
cuando me dejo en libertad
y corro corro – corro por la playa hacia la casa abandonada
ómnima
ómnima
ómnima
mientras subsisto extraño por la noche deviniendo por mis pasos
para encontrar dormido el cuerpo enfermo en la otra casa.

Oh eva
évame eva
évame si me transito

Intento translucirme malú para llevar contigo
Y no hay apoyo vital para afirmarme
Y es como llegar a mí malú contigo
Madre por una sola vez si me transcurres
Mientras subo o me adelantas la luz para llegar arriba
Por una sola vez una vez dos veces tres veces golpeándome en las sienes
Tus brazos retenidos en las sombras
Tu mano y tu latido
Tu voz poderosa desde abajo – contigua hacia el balcón
Para decir que ha muerto alguno en esta casa
Pudo haber muerto alguno en esta casa
Y es como llegar a mí malú contigo
Inmersa
Golpeando fuertemente desde abajo
Golpeando en la escalera
Metiendo tus manos tus codos tus brazos por los huecos
Golpeando la pared
Tremándome en la vértebra
Demorando mis pasos por las sombras.

Una vez me escupiste cenizas en los ojos
Y yo te dije
Sigue sigue sigue
Te me adelantas. Tengo miedo. Estás golpeando al mundo.
Pero tu me das malú – malú – malú
Malú para llegar arriba.

Oh eva – Evame – Eva – Évame si me transito.

Blanquísima su presencia

Blanquísima su presencia,
sus temblorosos dedos
buscaban en las hojas de un libro el femenino del ojo.

Más allá de lo escrito o lo nombrado
no hay más bondad que la que emana de la inteligencia
lo que tomó fuerza en nosotros cuando la incertidumbre
cuando en la incertidumbre
en la enumeración caótica
reunidas las palabras que componen el discurso
los caracteres se van formando.

Del Universo es el mar una sombra,
una luz temblorosa en la piel
una línea que sueña
la unidad febril premonitoria
en el espacio creado para la música.

En el cambio de súbito el lugar se convierte
de su materia indemne la luz
un territorio transgredido por la poesía
un poema abierto in situ en la memoria
como la voz que disfruta en el proceso elaborada
en el calor humano
en el ánima
en todo lo habitable
como el amor embriagado de proximidad
el valor de su acción transmitid que aflora en lo que está oculto.

Del placer concertado
nosotros
los que somos cómplices
no amamos porque tengamos el hábito de vivir
sino porque estamos habituados a amar.

Anda – ven – bendice – canta –
cuéntame – haz tú de mí –

Si celebrado el concierto me identifico
aprenderé a saber
seré suave y sensible
traslúcido en el color
en el placer acaso
tembloroso y lírico en la visión.

Cuando se habla de ti
un sentimiento ingrávido recorre el ambiente
escrupulosamente delicada la belleza crece por intuición
liberada de sí – de su yo impreciso –
el sujeto extrañado de su territorio canta y deduce
que de un conjunto de sonidos se forma el arpegio
la memoria ante el blanco acude con presteza y corrige el compás
en la orilla de la línea divisoria.

Del azul febril que proyecta
del ojo que me persigue imagino la flauta
la llama prestada
los reflejos
la cadencia en la acción
el ritmo
en la visión creciente la belleza actuando silábica
haciendo lo que hice yo tantas veces en tanto papel concluso
¿Es el verbo tal vez la tristeza?
En la luz la materia también se envilece.

El misterio es el número
del proceso advertido su presencia en su actitud sin tregua
sucinto en el periplo de la lucidez en el ambiente unánime se seguir.

Las palabras que cantan como el número exacto que nos habla
las palabras que cantan
cuando a la vez en el espacio ausente sonámbulo
que al despertar el fenómeno de un deseo expresado
en el inicio como en el desarrollo
restaurando el alma en su estado original.

Sólo somos nosotros entonces
presuntos en la hora
en el inicio de un ciclo liberal
de un pensamiento que mora en la tristeza
que se ensancha en la fuga
convicto en el placer
en su ansiedad el otro.

Correr sin levantarme

Quiero encajar el círculo al volante
correr sin levantarme
salir de los retratos a la noche
e ir al encuentro de una guirnalda
a un tiempo luminoso y cegador que borre para siempre estas lluvias
y abra el lugar para los pájaros y la carrera de los animales.

La noche en la novena montaña.

Pero hay cuerpos que se cruzan y se confunden
sitios sin sombras
lugares luces y aguas sin paredes
y vemos presencias
la agonía
contactos con los dedos
latidos
voces de fondo,
formas y respiraciones en las huellas detrás de cada muro.

Y cada uno en sus noches se ilumina en una cara distinta
y se abraza y escucha sus pasos afuera.

Todo ha sonado mal esta noche
todo entró antes de tiempo por detrás del poema
¿En qué regresión rendirse entonces o atravesar con los ojos los dedos?

Lo he pedido demasiadas veces con unción por detrás del poema
Me he abrazado a su expresión.

¿Cómo va?
¿Por qué gigante circula?
¿Cuántas veces?
¿Por qué promiscuidad
¿En qué surco de la intuición va a venir?
¿Por qué la punta se va a encender la llama y comunicar la sensación?

Extiendo las manos
abro las pupilas
huyo
me ocupo en mi dimensión
estiro las puntas
doy salida a mi sed
me edificio
aparezco en tu orilla y surge un extranjero gozoso entre los dos.

Debí permanecer y no aceptar otro punto de vista
pero tenía necesidad de levantarme y flagelé fuerte el aire con un látigo
prisa y al tiempo indiferencia de saber lo que ocurría
demasiada calma por enterarme y llegar
y me asombraba en cada división
en cada parcela que miraba me sentía inquieto
me daba pena llegar
mis ansias iban directamente a la inmensa embestida del nacimiento del agua y de la música
a su animal transparente que invocaba con sus alas sin movimiento dispuestas a desprenderse

su cabeza de pez
atravesada por inagotables respiraciones
formaba una palmera
y hacía sombras y superficies
horizontes y orillas profundas

su invasión era perfecta
silenciosa
y su cabeza indeclinable y fuerte ocupaba un espacio considerable en el aire

su aparición culminaba por encima del orden
alargándose en crisis para formar una abstracción
y aparecer de nuevo y suceder al temblor

vi atravesar una cara y abrazar su expresión
y había diferentes puntos de vista
visiones que comparecían compactas
y se sucedían en incontenible prisa

los músicos olvidados por el silencio buscando el inmenso cordón de la última nota
el instrumento roto alargando sus pautas
agitándose
levantando las teclas
buscando su invisible realidad
gotas de luz que no caían y que daban cada una su dulzura y un sabor diferente
gotas de color de espejos que emanaban ruletas sin parar
cristales con dibujos de cúpulas
un sembrado transparente en la altura
la cima redonda en la cumbre
la plaza para tocar el aire por donde paso extendido en mis brazos
y veo abajo la violencia arrastrándose

rozando por sus fatigas
dando gritos saltos dislocados
y arañazos por el suelo
la usura
sus ojos escarbados
la peste que cae por primera vez y como víctima
y aúlla en los sótanos y en los bajos de los muros.

El que oficia el poema

Ni el aval
ni el poder sintáctico
ni el verbo sin crédito
no es el orden ni es el tiempo el que nos da el placer
su pureza
la blancura o el negro que proyecta en el mar las vocales sin contenido lírico

un valor sin destino de infinitos pies de universos que convergen en una vuelta fluvial
la parodia es la nube
de su haber es el brazo extendido una mano dirigida al infierno

un ave en vías de extinción.

Tal vez sea yo el error

Ni un murmullo ni un ápice ni un atisbo
sólo el silencio -sin embargo el silencio expectante-

Contemplamos ilesos el accidente
tal vez sea yo el error,
el accidente,
la estatua
corporativa la moral
en su obviedad lo neutro lo secundario
los criterios formados en la era del múltiple.

Y cuando todo nos falla nos queda la poesía
iluminada su presencia
como un río que viniese a besar esta provincia enajenada
cariñoso salvaje sometido corazón saciado encima de mi sombra
qué difícil subir a tientas la escalera.

Sin embargo la cordura -el estilo-
La austeridad que goza del favor de la concordia.

Preciso en lo inesperado
en los límites la lucidez.

Una luz puntual donde nace la corriente -la palabra y el número-
la palabra que canta de la mar el amor que profeso
el tanteo el intento la ola
la madre en cuanto a distancia que nos da el origen.

El cinco ha quedado atrás
no obstante las mareas se precipitan
el horizonte se alarga y nos muestra el ocaso
el universo se convierte en vocales
la ascensión del cópul
su itinerante -el ave- el alma -los reflejos-
las simpatías de los opuestos y los embarques
ellos van a donde nosotros ya estuvimos
en el propósito de continuar
no cesaré en el empeño hasta convertir el territorio en mi estatura.

Difiero de su parecer
no me gustan los adverbios
sus adyacentes estatuas
la impresión moral de su geografía restaurada.

Pasa el viento lento
y sus sombras se deslizan con suave complacencia en la corriente
unívoca la voz
de encendidos tonos de color las mareas
las maneras y el modo
la intuición
el estilo -el instinto- la gracia
en el lugar -no en la hora-
en el lugar estaré siempre atento
pero no dejaré nunca que la forma llegue al fondo para que todo siga igual.

El narrador divaga
y se muestra con cautela ante lo inesperados
preciso en la contemplación.

En el sedal de la fiebre hay una escalera blanca
Oscurece
Sube la temperatura y en los altibajos crece el fantasma.

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