LIBERTAD PARA INSULTAR/

Jorge Robledo Ortiz (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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(¡Viva la libertad de expresión!)

Un tiempo hubo en que el hombre, los humanos
soltaban salivazos sin barreras,
no existían ni formas ni maneras,
los pedos se cogían con las manos.
Salir por peteneras,

aquello era molar. Si molestaba
no importa, era lo justo, lo normal,
que hacer era gracioso el carcamal
y a aquel al que la mofa le tocaba
su queja daba igual.

En que insultar al rey era la moda,
al rico, al que ganaba un buen dinero,
lo hacía entre alharacas el rapero,
lo hacía el versolari y el rapsoda,
y más si era al del clero.

Podías insultar al que quisieras
lo mismo si era un zurdo o si era un diestro,
que aquello era gozar como un cabestro,
no había que pensar lo que dijeras,
la mofa era lo nuestro.

¿Reirte del paisano, del vecino,
y hacerle al que quisieras cuchufletas?
Te olvidas de hacer uso de las tretas,
y así ofenda le importas un pepino
mandarle a hacer puñetas.

El tiempo en que insultar era la norma,
lo opuesto a que mis padres me enseñaron.
Hoy dicen que esos tiempos ya pasaron,
conviene de que hagamos ya reforma
a lo que nos dejaron.

¡Oh, aquellos en que aquí se veneraban
de alumnos a los que eran sus maestros,
los médicos sanaban a los nuestros,
la mala educación nos reprochaban
que hoy tildan de siniestros!
©donaciano bueno

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Esa época es hoy, en que hasta es preciso recurrir al fútbol para demandar respeto pero en el que en el nombre sacrosanto de la libertad de expresión, todo vale y en la que las leyes amparan a los que no lo tienen. Siempre tuve en cuenta eso de que tu libertad termina donde empieza la mía. 

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Jorge Robledo Ortiz

YA NO MÁS CORAZÓN

Ya no más, corazón, te he permitido
que la quieras sin tiempo y sin medida,
que bordes tu esperanza inadvertida
al ruedo juguetón de tu vestido.

Ya no más, corazón. ¿No has comprendido
que ella no quiere entrar en nuestra vida?
Si eras tan débil en la despedida,
corazón, no debiste haber querido.

Te advertí, corazón, que era inasible,
que no adoraras tanto un imposible
para que no sufrieras su desdén.

No me creíste, corazón cobarde,
y hoy ya comprendes demasiado tarde
que yo te lo decía por tu bien.

RECUERDO

Te recuerdo en el llanto y en la risa;
en la estrella, en el verso y en la rosa;
en la opulenta copa que rebosa
y en el trozo de pan que se precisa.

En la luz que gastó la mariposa
para ser mariposa y no ser brisa;
en la tranquilidad que se improvisa
y en la diaria inquietud que nos acosa.

En la noche que sube hasta la frente;
en el cielo que alfombra cada fuente
y en el cielo ensatado en la oración;

en la angustia que rige cada paso;
en el rojo cansancio del ocaso,
y en el cansancio de mi corazón.

FATIGA

Ya no te quiero tanto. Poco a poco
mataste la ansiedad de tu cariño,
y el alma atormentada de aquel loco
vuelve otra vez a ser alma de niño.

Presiento el reventar de otra quimera,
describe un semicírculo el poniente,
y la esperanza de otra primavera
promete al corazón otra simiente.

Enflora la ilusión, el alma espiga.
Agonizan la angustia y la fatiga.
En las pupilas se detiene el llanto,

y una voz interior me va diciendo,
que aunque sigo tu imagen bendiciendo,
estoy dejando de quererte tanto.

SIMPLEMENTE

Nos dijimos adiós.
La tarde estaba
llorando nuestra despedida.
Nos dijimos adiós tan simplemente
que pasó nuestra pena inadvertida.

No hubo angustia en tus ojos
ni en mis ojos.
No hubo un gesto en tu boca
ni en la mía.
Y, no obstante, en el cruce de las manos
calladamente te dejé la vida.

Fuiste valiente con tu indiferencia
y fui valiente con mi hipocresía,
nos separamos como dos extraños
cuando toda la sangre nos unía.

Pero tuvo que ser
y fue mi llanto,
sin una escena ni una cobardía.
Tú te fuiste pensando en el olvido
y yo pensando en la melancolía.

Hoy sólo resta de esa vieja tarde
un recuerdo,
una fecha
y una rima.
Así, sencillamente nos jugamos
el corazón en una despedida…

SIEMPRE TÚ

Entre el mínimo incendio de la rosa
y la máxima ausencia del lucero,
se quedó tu recuerdo prisionero
viviendo en cada ser y en cada cosa.

Te recuerdo en la cita milagrosa
que se dan la mañana y el jilguero,
y en el aire, traslúcido tablero
donde escribe en color la mariposa.

Todo me habla de ti. Sobre la brisa
persiste la nostalgia de tu risa
como una dulce música remota.

En los labios tu nombre me florece,
y al saberte lejana, me parece
que me bebo tu ausencia gota a gota.

VÁMONOS CORAZÓN

Vámonos, corazón, hemos perdido,
ya nunca espigarán tus ilusiones.
Recoge tu esperanza y tus canciones
y partamos en busca del olvido.

Vámonos, corazón, ya tu latido
sólo podrá contar renunciaciones.
Guarda su nombre con tus oraciones
y si debes sangrar, sangra escondido.

Vámonos, corazón, tu fe no existe.
Al fin y al cabo tu naciste triste
y triste en cualquier puerto morirás.

Vámonos, corazón, ya no la esperes.
Bendice su recuerdo si así quieres,
pero marchemos sin mirar atrás.

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