POLÍTICOS

Poeta sugerido: Alejandra Mendez Bujonok

 

¿Por qué será, amigos míos varios,
que políticos, al menos en España
-si se critican lo tildan de patraña-
y todos son o casi funcionarios?

¡Eso sí, de carrera,
que lo que ellos consiguieron
no se encuentra al alcance de cualquiera!
Pues, dicen, soportar hubieron
las calores
para labrarse un futuro de por vida
y lograr del Estado sus favores
hasta su jubilación, su despedida.
El Estado ¿quién es ese Estado? todos,
tu, yo y el vecino, el madrileño y el canario,
nosotros somos que pagamos su salario
y a veces soportar sus malos modos.
A cambio de ‘irrisorio pagamento’,
-aquí viene otro cuento-
disfrutan de ‘moscosos’, flexibles los horarios,
abriéndoles las puertas, volviendo si desean
y al cabo de un tiempo tranquilamente retornar cuando ellos crean
a su puesto, allí reservado, sin más explicaciones.

Alegan mil razones,
que por haber sacado las oposiciones,
hincando bien los codos
-lo mismo que les ocurre a los beodos-
que tienen un derecho,
y que a lo hecho, pecho.
Ventajas son en tiempo y en doblones
que a los demás ciudadanos se nos niegan,
-a nuestros campos con impuestos nos anegan-
que cubren sus riñones
de por vida. Con su jubilación asegurada,
y en su cuenta puntual al fin de mes.
¿Y aun dicen que es escasa?
¡eso me suena a guasa!

Si en la casta de dirigentes observas, sólo ves
muchos que vienen de la docencia,
¡ojo, no confundir con la decencia!
vacíos de experiencia pero con la excedencia
bajo el brazo. Y hablan, sin rubor, de crear empleo
y yo sólo de oírles me mareo.
Y si preguntas de trabajo cuantos puestos han creado
se salen del guión
para a continuación
¡tratantes disfrazados de ganado!
con demagogia vendernos una burra desdentada
como si de una joven preñada se tratara.

Pues tienen mucha jeta
-alguno incluso hay lleva coleta-
que para gobernar se acompañan de amiguetes,
-haylos que no pasan de mocetes-
que no son los mejores
mas, fieles eso sí, los más aplaudidores.

Amigo mío el mundo está al revés.
Cuando tocan poder
no paran de joder
para sus sucias manos meterte en la bragueta.
Y si no hay dinero, buscan una treta,
pues problema no hay, ellos cobran primero.
Y así, cuando llegan, de ahí no hay quien les eche
argumentando para ello la releche,
que al pueblo sirven, que son muy altruistas,
-aunque para meter la mano en la caja sean artistas-.

Cuando se van y dejan al país hecho un erial
o, valga aquí el símil, hecho unos zorros,
a ellos les da igual
pues ellos son los reyes e los morros.
Y que el que venga atrás que arree
y, si no, se la menee.
Ellos son lapas, POLÍTICOS, viviendo del erario.
Con modos que son propios de un corsario.
©donaciano bueno

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

(Miguel Hernández)

Los políticos, personas que están llamadas a gobernar la mayor empresa del país, España, son personas con vocación de funcionario que nunca, salvo contadas excepciones han trabajado en la iniciativa privada ni creado un puesto de trabajo. Ellos, tienen el presente y el futuro asegurado por el papá Estado, no saben lo que es pagar a los empleados a final de mes y disponen de una herramienta que para una empresa sería un riesgo, Especialistas en gastar, si no les cuadran las cuentas pues A SUBIR LOS IMPUESTOS.

POETA SUGERIDO: Alejandra Mendez

Alejandra Mendez Bujonok

de Tarde Abedul

Caracola

Tenían quietudes azules/sus ojos
cantábrica profundidad/marítima su alma
inaccesa/toda alma todo cielo toda vida/
caracola en movimiento.
Tenían la ductilidad de los vientos/sus vientos.
Me miraba su historia -abuela- como queriendo
salirse de usted.
De niña entendí/solo viéndola mirar/que todo
es un acantilado lejano.

De la manera en que me salvo

No uso reloj en la muñeca
(es triste el mundo de los ajustados)

No uso gafas oscuras de sol
(es triste el mundo de los escondidos)

No uso paraguas de la lluvia
(es triste el mundo de los protegidos)

Me salvo así
(o eso creo)

De pensar el control de los objetos.
De pensar la distancia de los otros.
De pensar que la lluvia es una maldición.

de Charlas con Cuchúa

Y desde el aire pude ver
el lucerío de las favelas,
era tan cierto que parecía cuento.
Tal como lo dijiste:
el mundo es una redondez
con puntitos lumínicos,
algo así como el Isondú
pero en gigante.

Todavía creo estar en una niebla.
A veces pienso que eso es el corazón del hombre,
un espacio húmedo, mecánico, que perdura lo justo.
A cada quien su estela oscilante,
a cada quien su pulsación matinal,
a cada quien su niebla, corazón.

Los nietos corretean poráhi
con un elástico tumulto infantil.
Los tempranos en el mundo
son alegres como los picaflores,
hiperbólicos con su zunzún,
sobre todo en el celo, y esa especie
de U universal.
Pobres bichos, tanta tala,
tanta tonta mano humana.

Te pregunto por la memoria
¡qué extraño gato zigzagueante!
Decime cómo veías vos nuestras cosas,
pequeñas o grandes cosas, eso depende.
¿Recordás la tarde que matamos al bayo
por pura picardía nomás? Me persigue todavía.
Pienso al trote en su caída, su pelaje, su temple,
el porte, el pecho de ancho río.
Ahí su centro, su gravedad, su brillo extremo.
Yo amaba acariciarle el anca.
Dicen que para cinchar un ancla del Titanic
llevaron veinte shire. ¡Qué animalidad
esa fuerza delantera y esa cosa sobre el mar!

Veo las nubes venir hacia mí,
cuelgan de la soga del aire como criaturas de lo eterno,
son chivitos, torres, ojos de víboras, malvones,
espuelas, jirafas, canarios o calles, según se necesite.
Y están lejos, lejos como aquella isla de vacas
que forma casi un cuadro. Paraísos
que bajan a la tierra
con la lluvia que tiene mi corazón. Hacia ahí vuelo.

El ramaje inaugural

Era de Francia
el ramaje inaugural del padre.

Ese adentro quebrar
de voces como
quien traga la tierra.

Las manos fascinadas por el arte
se mecían al sol,
irrisorias.

Hutspot en la mesa servida
Del domingo.

Mudanza de los ríos
en los ojos
que ya no ven.

rara procesión de tormentos
de la guerra.

“Para que vivir en blanco,
cuando la vida es roja” – decías –
olvidando el desparpajo
de la muerte.

Vuela la triada
de san Juan de Luz
inundada de verdor (hayas, brezos, robles,
tejos, castaños, abedules)

Yo encarno los secretos
toscos y huesudos
de los rasgos.

Y aún los veo reunirse
adecuos al temor o a la virtud.

En el patio trasero
del recuerdo – sustraídos –
hablando de sus hijos.

Algesia

Juego
y devastación
de campo enemigo.

Púrpura lágrima
o polvo de almáciga.

(Un viejo rosal).

Mi tropa
que embiste algarrobo
y cae

Como el gigante
que tumbarán mañana.

Con paciencia de alondra
rozas carnoso acíbar
de aloe
por mi carne.

Cárcel gallinero
o lentisco alpiste
para los presos.

Nosotros bebemos té
del alpamato.

Mi soldado más valiente
solloza. Observa el altivar
sobre el ras de la tierra.

Esqueleto sacro (del Eucalyptus)
que cabalgamos
o convertimos en amantes.

Soñamos sobre su cadáver.

Ahora comprendo
el principio de algesia
que bulle en la tarde.

Acracia

Punzan las palabras.
(“Mar/pesan”) los troyanos.

Sólo hasta recorrer caminos
y crepúsculos/ culpamos al destino.

Todo es un secreto desvelado.

Repetir/ manzanas y naufragios.

Acracia del otoño/ el mejor sueño
del hombre.

De la manera en que me salvo:

No uso reloj en la muñeca
(es triste el mundo de los ajustados)

No uso gafas oscuras de sol
(es triste el mundo de los escondidos)

No uso paraguas de la lluvia
(es triste el mundo de los protegidos)

Me salvo así (o eso creo)

de pensar el control de los objetos,
de pensar la distancia de los otros,
de pensar que la lluvia es una maldición.

Lenguaje

No es esto
lo que voy a decir.

Sólo cerillas
tras lo oculto.

Así como el amor
o la poesía.

Apenas escarbas

y aparece.
Alejandra Méndez (San Cristóbal, prov. de Santa Fe, 1979). Reside en Rosario. Poeta, Guionista, Gestora Cultural. Tarde Abedul (editorial La pulga renga, 2014)

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